¿A qué sabe la limonada de Díaz-Canel?

Miguel Díaz-Canel, Cuba, Limonada
Miguel Díaz-Canel (Foto: Granma)

LA HABANA, Cuba. – El pasado lunes, el presidente no electo de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en una importante reunión de “mayimbes”, se preguntó por qué en esta Isla, otrora “azucarera del mundo”, no es posible conseguir guarapo (o sea, jugo de caña). Otra frase que lanzó en la misma peroración (y que alcanzó un éxito todavía mayor) fue: “La limonada es la base de todo”.

Esas ocurrencias presidenciales han despertado un explicable interés en las redes sociales. No ha importado que esté vigente el infame Decreto-Ley 370. Tampoco han interesado las constantes amenazas castristas de aplicar las draconianas multas que ese engendro legal contempla para cualquiera que formule críticas al régimen y sus personeros. Los memes y los comentarios jocosos de todo tipo no han cesado. Tantos son que supongo que, al menos por esta vez, los ciber-represores tendrán que aguantarse las ganas.

Quizás, si el presidente por el que sólo votaron 605 cubanos hubiese sido más explícito… Una buena opción habría sido completar la idea aclarando que la limonada es la base de toda la coctelería. Confieso que, en ese caso, habría podido contar con mi más decidido respaldo. En ese punto, yo, sin sombra de duda, habría salido al paso de sus detractores. ¡Señores, sólo hay que ver las maravillas que, en un mojito o un Tom Collins, obran un poco de azúcar y limón!

Los planteamientos absurdos de todo tipo han sido una constante durante estos sesenta años de dictadura castrista. No puede ser de otro modo cuando los comunistas, a lo largo de decenios, gozaron de absoluta impunidad para decir lo que les viniera en ganas, sin temor a ser rebatidos o desautorizados. (Así pasó mientras no surgió el “potro salvaje del internet”, tan deplorado por Ramiro Valdés).

El papel más destacado en todo eso le correspondió —y de lejos— al fundador de la dinastía. El denodado opositor José Daniel Ferrer, en un material de Facebook, acaba de recordarnos muchos de los dislates más icónicos del “Máximo Líder” extraídos de sus interminables peroraciones.

Pero si a los fallos de ese tipo que pueda haber cometido el difunto dictador sumamos los de los miles y miles de jefes grandes, medianos y pequeños, entonces resulta ineludible una conclusión. La sola aplicación del cálculo de probabilidades, nos conduce a una certeza: El conjunto de los disparates, tonterías o francas estupideces dichas por los castristas en los millones de reuniones celebradas durante este más de medio siglo tiene que ser anonadante.

Y, sin embargo, las que conocemos no se acercan siquiera a todo ese conjunto. Y es que una cosa es un pronunciamiento de uno de los líderes hecho en vivo por radio y televisión, y otra bastante distinta es cualquier soberana tontería que pueda ocurrírsele a un jefecillo en el círculo íntimo de una reunión de los burócratas a él subordinados.

Todas estas realidades me fuerzan a referirme, una vez más, a los burócratas del tenebroso Departamento Ideológico. Se supone que este aparato, perteneciente al Comité Central del único partido, vele por la pureza del mensaje que los órganos masivos (que esa misma oficina controla) transmiten a los ciudadanos de a pie.

Como mismo los eficientes filtros de un moderno sistema de alcantarillado extraen de sus aguas negras lo defecado por millones y las purifican en lo posible, se supone que los burócratas del citado Departamento procesen todo lo que se dice en los montones de reuniones oficialistas que cada día se celebran en Cuba y eliminen lo “políticamente incorrecto”.

El concepto es que todo lo que se publique haga un aporte a la edificante papilla que (como si ellos fuesen minusválidos mentales) se suministra a los ciudadanos de a pie. A ésos a quienes se les magnifica todo lo que de malo pueda ocurrir en tierras del “Enemigo” y se les oculta con el máximo cuidado las situaciones similares que surgen en Cuba. A ésos de quienes se espera —¡eso sí!— que no cesen de aplaudir bajo pretexto alguno.

Entonces yo afirmo que el gran problema no es que el señor Díaz-Canel haya tenido la peregrina idea de exaltar las supuestas bondades de la limonada. Lo realmente escandaloso es que esa frase tan poco feliz haya sido transmitida por radio y televisión, para beneficio de todos los cubanos que, de otro modo, no nos hubiésemos enterado de su existencia.

Y, por supuesto, el mencionado aparato, que en Cuba ejerce las funciones del “Ministerio de la Verdad” denunciado por Orwell, es el indicado para purgar de manera escrupulosa cualquier lapsus linguae en el que pueda incurrir alguno de los grandes jefes. ¿Entonces por qué no lo hicieron en este caso! ¿Es que su estulticia e incapacidad llegan a tales extremos? ¿O es que los “ideólogos” del régimen están “serruchándole el piso” al actual Presidente y aparente sucesor de Raúl Castro?

Si yo fuese Díaz-Canel, me preocuparía muchísimo por esa pifia. No por haberla dicho (en definitiva, ¿no dice el refrán que “al mejor escribano se le va un borrón”?); ¡sino por la publicidad que le dieron los burócratas del Departamento Ideológico!

Para terminar, le daré al Presidente de la República una respuesta veraz, que con certeza no deberá esperar de ninguno de los apparatchiks presentes en la reunión de marras. ¿Por qué los cubanos no podemos consumir guarapo en abundancia? Porque el sistema socialista, mantenido a sangre y fuego durante sesenta años, es un desastre.

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