Die Linke y el régimen semántico

Die Linke, Cuba
Katja Kipping, co-presidenta de Die Linke (Foto: DPA)

GUANTÁNAMO, Cuba. – El pasado 3 de febrero, el portal digital Diario de Cuba informó que Die Linke denunció la represión ejercida por la dictadura cubana en contra de los artistas, periodistas independientes y opositores pacíficos.

En la resolución aprobada por dicha fuerza política de la izquierda alemana se afirmaba en el punto cinco: “Los derechos humanos son universales, se aplican a todas y todos, ¡en todas partes! Abogamos por la continuación del diálogo en Cuba con artistas, críticos y activistas por la democratización de la sociedad cubana”.

La prensa alemana y otros medios consideraron este pronunciamiento como algo histórico pues fue la primera muestra de solidaridad de ese partido con los críticos del régimen cubano.

El inusual pronunciamiento se debió a la desmesurada represión policíaca, jurídica, social y mediática ejercida contra los valerosos jóvenes del Movimiento San Isidro (MSI) y del Movimiento 27 de Noviembre (27-N). Fue tal su magnitud que quizás a Die Linke no le quedó más alternativa que hacer ese pronunciamiento ante la presión de algunos de sus militantes, un acto decente que todo político que haya conocido los sucesos del 27 de enero de este año frente al Ministerio de Cultura (MINCULT) debería imitar. Imagino los rostros de los alemanes al ver las imágenes del ministro de Cultura, señor Alpidio Alonso Grau, agrediendo a uno de los jóvenes para arrebatarle el teléfono celular con la misma violencia e impunidad con que actúa la Seguridad del Estado. ¡Y dicen que es poeta! ¡Y dicen los autócratas cubanos que nuestro país es un Estado de derecho!

Sin embargo la decencia duró poco pues la dictadura movió las piezas de su entramado político más significativo de lo que muchos piensany once días después de su pronunciamiento Die Linke ha vuelto a reafirmar su apoyo y compromiso con los déspotas, quizás asumiendo como cierto que esos jóvenes no son artistas, sino personas pagadas por el imperialismo y que tienen el objetivo de destruir a la revolución cubana, de la cual, dicho sea de paso, queda poquísimo. Quienes la han colocado en su actual estado calamitoso son los mismos que la edificaron, así que no hay que culpar a esos jóvenes por lo que es una realidad inobjetable, algo que al parecer también desconoce el partido alemán.

Quien haya seguido de cerca la conducta de la izquierda internacional y específicamente de la europea con respecto a los desmanes de la dictadura cubana, no debe sorprenderse de esta actitud. Es lo mismo que siempre han hecho otras fuerzas políticas similares y reconocidos artistas e intelectuales de presuntas posiciones libertarias.

Empecinados en criticar todo lo que procede del capitalismo, esas fuerzas políticas no dudan en apoyar dictaduras autocalificadas como socialistas o de beneficio popular, pues creen que representan una loable alternativa para los pueblos. En realidad, son regímenes corruptos donde una persona, un grupo familiar o de acólitos se afianza en el poder y luego desangra el caudal de sus naciones. Regímenes semánticos, porque sus presuntos logros solo existen en el falso universo de un lenguaje vacío de contenidos, como el que reiteran los mandantes cubanos.

Si algo ha demostrado la historia contemporánea es la pérdida de valores y decencia en numerosas  agrupaciones políticas y sus representantes.

Las fuerzas políticas de la derecha critican los crímenes de dictaduras como la cubana, nicaragüense y venezolana, pero algunas de ellas no dejan de medrar a costa de los pueblos de esos países, invirtiendo en ellos para obtener pingües ganancias. Esas mismas fuerzas callan ante las cotidianas escenas de violencia que vive Colombia o hacen como el avestruz ante la espiral de la carrera armamentista y ante  crímenes atroces como el de Ayotzinapa.

La izquierda cada vez más cínica y corruptaafirma que un mundo mejor es posible. Pienso lo mismo, pero la historia demuestra desde Lenin hasta Correa y Maduro, pasando por Fidel Castro y sus adláteres que en cuanto esa izquierda obtiene el poder, la libertad, la paz y la prosperidad, que siempre han llegado menguadas al pueblo, se reducen significativamente o dejan de existir.

Con un lenguaje manipulador, esa izquierda nos habla de libertad y una vez empoderada se encarga de fortalecer el aparato represivo y constreñir todas las libertades para someter a sus adversarios políticos y terminar convirtiendo al Estado en su posesión. En esa labor de zapa de fundamentales derechos y libertades cuenta con la aquiescencia de sus conmilitones de la guerra mediática, tan adictos a ver la paja en el ojo ajeno y esquivos para sacar la viga del suyo.

Por eso lo ocurrido con Die Linke es más de lo mismo que hemos estado recibiendo los cubanos de las fuerzas de izquierda de la culta Europa.

En política parece ser muy difícil hallar el centro. Y cuando menciono a esa posición equidistante de los extremos, más que referirme a la corriente política pongo mi colimador en valores de inequívoca trascendencia, insoslayables si no queremos terminar convirtiendo la injusticia y la irracionalidad en prácticas habituales. Un político de centro sería entonces aquél que más allá de su ideología o intereses políticos no flaquea en la defensa de la verdad y la justicia, valores de Dios que jamás podrá torcer el hombre. Vaya, algo así como una especie de rara avis en este mundo descreído y postmoderno que nos ha tocado vivir.

Donde la verdad se oculta para quedar bien con los intereses de un partido o una posición ideológica podrá haber fidelidad a intereses comunes pero jamás decencia.

Se requiere mucha fortaleza moral y altura cívica para reconocer que Cuba es una dictadura,  no una cualquiera, sino la peor que ha sufrido el hemisferio occidental. Pero Die Linke prefiere no darse por enterado, o hacerlo sólo por once días para luego retomar la posición que ha sostenido por años.

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