El dólar aumenta su valor, pero muy lentamente

En estos momentos el promedio de la tasa de cambio del dólar en el mercado informal es de 1 x 47 CUP (Foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – El valor del dólar en el mercado negro sube y parece que tal tendencia continuará así al menos durante los primeros meses de 2021, aunque no tan rápido como algunos pensaron a finales de 2020. 

A juzgar por el empeoramiento de la situación económica en Cuba, se pudiera decir que los valores del billete verde en la calle se han comportado “asombrosamente bien”, téngase en cuenta, además, que los precios de los servicios y de absolutamente todos los productos en las tiendas estatales, incluso de los “topados”, se han multiplicado por entre tres y cientos de veces su precio antes del inicio de la llamada “Tarea Ordenamiento”.

De modo que, habiendo estado siempre su valor de cambio oficial rondando los 24 pesos cubanos (CUP) —valor que evidentemente es artificial—, el dólar estadounidense a estas horas debería sobrepasar los 70 pesos pero, ¿milagro del socialismo?, su máximo apenas supera los 50 CUP.

A mediados de diciembre, algunas iniciativas individuales en redes sociales, dedicadas a monitorear el canje de la moneda en el mercado informal, mencionaban un valor de cambio medio de 1 x 40. Igualmente registraban que, apenas a finales del mismo mes, se había incrementado a 1 x 42. A inicios de enero subió a 1 x 45, y en estos momentos se encuentra a 1 x 47. Insisto, es un valor promediado, porque hay lugares en la Isla, más hacia las provincias orientales, donde se está pagando el dólar sobre los 50 CUP.

Hay que reconocer que el ascenso lento ha sido raro y, en consecuencia, ha conducido a que algunos especulen sobre la posibilidad de que el propio Gobierno haya estado influyendo en este extraño comportamiento del mercado negro, intentando mantener el canje clandestino en un valor cercano a lo que debiera ser la tasa de equilibrio, en tanto el cambio oficial es, como algunos lo han calificado, apenas un “florero”, pues aún el Banco Central de Cuba no ha vendido a la población el primer dólar más allá de los recanjes que por obligación ha realizado en las CADECA (casas de cambio) de los aeropuertos, donde se ha fijado un límite máximo de 300 dólares per capita solo para quienes viajan ese día.

Se habla de la “mano negra” del régimen en tales asuntos porque, a pesar de que públicamente y con insistencia se ha amenazado con arremeter contra los especuladores, en realidad poco o nada se ha hecho, aun cuando en redes sociales el revendedor está “a pululu”, publicando a diario “pelos y señales” de su negocio.

Por lo aparecido en la prensa oficialista, a lo sumo se ha sabido de dos o tres sujetos que han sido detenidos, pero la cifra es tan baja y las cantidades decomisadas tan poco significativas frente a las gigantescas proporciones que alcanza hoy el fenómeno del tráfico de dólares, que es inevitable pensar que las redadas policiales no son más que reajustes internos del propio mercado negro, en donde el que haga sombra, definitivamente se va. Porque, en la lógica del régimen, se trata de que suba, ok, pero solo lo justo hasta donde les conviene. 

No se necesita de muchos conocimientos de economía para descubrir que la tasa oficial de 1 x 24 parece una maniobra dirigida, primero, a aplacar los ánimos de quienes pensaron que el canje estaría por debajo de esa cifra —más cuando Marino Murillo apareció en televisión usando una tasa de 1 x 20 para ejemplificar lo que sucedería a partir del 1 de enero de 2021— y, segundo, para calmarse los nervios ellos mismos con una estafa, perdón, quise decir una “tasa artificial”, muy por debajo de la real, que les ha estado sirviendo para que tanto los ahorros en los bancos como el circulante no se incrementen demasiado, lo cual obligaría a imprimir más pesos cubanos sin respaldo. 

Pero sin dudas, pasados los seis meses de gracia, a partir de julio, ya veremos cómo la tasa oficial tendrá que subir sobre los 30 CUP por unidad, incluso sobre los 40, para ir acercándose poco a poco a la dura realidad en que nos movemos hoy, es decir, en el contexto de una economía cuyas exportaciones han decrecido en un 30 por ciento, en un país donde la productividad es casi nula y donde el producto interno bruto continuará decreciendo hacia el 2022 después de haber caído en un 11 por ciento en 2020.

Quizás ese incremento que indiscutiblemente sufrirá la tasa oficial a partir del segundo semestre de 2021 sea el motivo por el cual el Banco Central de Cuba haya insistido en que las personas se queden tranquilas en sus casas y no se acerquen a las sucursales bancarias para trocar de manera presencial sus cuentas de CUC a CUP, puesto que será un proceso automático a partir de junio, incluso con posibilidad de hacerse desde una aplicación telefónica.

Al mismo tiempo, llama la atención que el Banco Central de Cuba haya evitado explicar lo suficiente y no haya promovido la posibilidad de que los usuarios con depósitos en CUC puedan optar por los “certificados de depósitos”, que a pesar del alto riesgo que implican, serían la opción más prometedora en tanto el dinero gana intereses significativos y, en caso de que la persona decida anular el acuerdo antes de su término, el monto pasaría a CUP pero según la tasa cambiaria del momento. Una tasa que obligatoriamente tendrá que ser reajustada, es decir, aproximada a la realidad, si no se quisieran tener de vuelta las mismas distorsiones creadas con el CUC. Pero, a diferencia de los otros, este trámite debe ser presencial y, a pesar de su simplicidad, no puede gestionarse desde las mismas apk de gestión bancaria. Muy “llamativo” el detalle.

En cuanto a la posible participación de, digamos —para no generalizar como he visto hacer en redes sociales— “personas con determinada relación con el Gobierno” en el mercado negro, están quienes opinan que se pudiera estar estimulando la subida del valor del dólar para evitar la fuga de ese dinero como resultado del negocio de las “mulas”, así como obligar a los “cuentapropistas” a acudir a las empresas importadoras estatales para la adquisición de insumos. 

Una estrategia que, de salirse de control —y lo más probable es que suceda así—, pudiera perjudicar al propio Gobierno pero que, a pesar del malestar que provoca en las personas a las que cada día se les hace más difícil acceder al dólar, sin dudas evitaría o al menos contendría momentáneamente la fuga de capital. Pero eso del “malestar” popular nunca les ha importado y saben que con un poco de miedo todo vuelve a la “normalidad”.

Sin embargo, la suposición comentada en los últimos días en redes sociales no es demasiado “infundada”. Es lógico que, si sube el valor del dólar, menos rentable será para las mulas el comprarlo en la calle para sus negocios de contrabando. Les resulta más económico comprar televisores, refrigeradores, lavadoras, aires acondicionados y hasta café y champú en las tiendas en MLC y más tarde revenderlos, que adquirir el dólar en 45 o 50 pesos para viajar a Panamá, hospedarse en un hotel, pagar la carga marítima o aérea, liquidar los aranceles en Aduana, sin garantía alguna de recuperar esa inversión.

Hay muchas cosas en esto del “ordenamiento” que, de tan “turbulentas” —por no decir “turbias”—, nos llevan a pensar que nos estarían rodeando las malas intenciones. Tanto es así que ya por ahí van los millones de perjudicados renombrando el proceso con algo que mejor define la trampa financiera en que nos han hecho caer: “ordena” y “miento”. 

Un ardid mucho más cruel por el momento en que ha sido dispuesto, es decir, durante la peor crisis que atraviesa el mundo debido a la COVID-19.

Expertos como el economista Carmelo Mesa-Lago coinciden en que el mejor momento para la unificación monetaria hubiese sido entre los años 2012 y 2016, cuando la relación económica con Venezuela equivalía al 22 por ciento del PIB cubano, la venta de servicios médicos y demás sobrepasó los 8.000 millones de dólares, las remesas externas fueron de 3.445 millones, y se daba inicio al proceso de normalización con Estados Unidos que se tradujo en un aumento del turismo con ingresos brutos de 3.185 millones de dólares (Carmelo Mesa-Lago y Jan Svejnar, The Cuban Economic Crisis: Its Causes and Possible Policies for a Transition, Miami, Vaclav Havel Program for Human Right and Diplomacy, Florida International University, 2020).

En 2015, el PIB había crecido sobre el 4 por ciento, se registró una deflación de -2,9 por ciento y, ¡ALELUYA!, el Club de París condonó la deuda de 42.000 millones del régimen cubano, además de extender su pago hasta 2033.

Sin embargo, el escenario escogido por el Gobierno ha sido el peor de todos, con un déficit fiscal sobre el 23 por ciento, una caída del ingreso bruto por turismo del 80 por ciento con respecto a 2017 y una multa del 9 por ciento sobre el saldo de la deuda con el Club de París, más otros problemas que incluyen sanciones desde los Estados Unidos, cancelaciones de contratos con aliados económicos tradicionales, desempleo creciente, rebrotes del coronavirus y un largo etcétera de calamidades. 

Argumentos más que suficientes para dar crédito no solo a lo que he dicho líneas atrás, basado en la lectura de los comentarios de las personas en las redes sociales, sino, además, a los pronósticos de que las cosas se pondrán peor para el cubano de a pie y que el dólar escalará posiblemente hasta el infinito.

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