El “Lele”, un olvidado de la música popular cubana

Miguel Ángel Rasalp, “Lele”, junto a Juan Formell
Miguel Ángel Rasalp, “Lele”, junto a Juan Formell (Foto: Twitter)

LA HABANA, Cuba. – Este 25 de enero se cumplen cinco años de la muerte de Miguel Ángel Rasalp, “Lele”, uno de los fundadores de Los Van Van, la más importante orquesta cubana de las últimas cinco décadas.

Un cantante con las dotes musicales de “Lele”, quien además fuera muy popular, debió tener un mayor reconocimiento en la Isla. Sin embargo, no fue así.

“Lele”, que como Juan Formell procedía de la Orquesta Revé, fue el mejor cantante  de las muchas que han pasado por Los Van Van. Su voz fue más emblemática que la del mismísimo Pedrito Calvo.

Fue  “Lele”  quien cantó los primeros éxitos del grupo (Marilú, Pero a mi manera, La compota de palo, Yuya Martínez, Laura Chancleta) en aquel primer disco de Los Van Van, de 1970,  que con el innovador songo, influido por el rock y el jazz, revolucionó la música cubana  y ayudó a los jóvenes de mi generación, con su ritmo contagioso, ideal para el baile y la gozadera, a aliviar los rigores de la soporífera y prohibitiva sociedad comunista.

“Lele” cantó también, en la segunda mitad de los 70, en Los Reyes 73. Cuando ese grupo se desintegró porque casi todos sus integrantes se fueron de Cuba en el verano de 1980, durante el éxodo de Mariel, volvió a estar brevemente en Los Van Van, hasta 1981.

En 1987 fue condecorado con la Medalla de la Cultura Nacional, pero cuando se retiró, unos años después, recibió una jubilación de 200 pesos, entonces equivalentes a apenas ocho dólares.

Como esa pensión no le alcanzaba ni para comer malamente durante una semana, se vio obligado a irse a trabajar en un contingente agrícola, donde permaneció por más de tres años, en pleno Periodo Especial.

Cuentan los que lo conocieron que en aquellos tiempos solían verlo por Luyanó, El Cerro, La Víbora y otros barrios habaneros, muy flaco, la piel ennegrecida por el sol, la ropa sucia de tierra, aferrando en sus manos callosas una jaba con una botella de ron peleón y algunas viandas que conseguía forrajear en el campo.

Su suerte mejoró en 1998, cuando  se fue a Chile, donde vivió varios años y logró grabar un disco. Pero ya era tarde para “Lele”. Viejo y enfermo, se vio forzado a  regresar a Cuba, donde murió, a los 71 años.

Más allá del cariño de los que no olvidaron sus canciones, la mayor satisfacción que se llevó el “Lele” de este mundo fue, en sus últimos años,  haber visto a su hijo Abdel  convertido en cantante de Los Van Van, la orquesta que, más de medio siglo después de creada y a pesar del fallecimiento de su director, Juan Formell, sigue siendo  considerada “el tren de la música cubana”.

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