La dignidad encarnada en el barrio de San Isidro

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Bandera cubana colgada frente a la sede del Movimiento San Isidro (foto: Facebook Anamely Ramos)

LA HABANA, Cuba. – Los sucesos de días recientes me han hecho rememorar los años ochenta del pasado siglo, en que comencé a actuar en abierta discrepancia con el castrismo. En aquella época y los lustros siguientes, cuando el tiempo —“el implacable”— aún no me había forzado a entrar en los predios de lo que suele denominarse con el eufemismo “Tercera Edad”, todavía podía realizar actividades más adecuadas para la juventud o la madurez.

Recuerdo, en particular, las reuniones que realizaba con mis tres hermanos de La Patria es de Todos, cuando aún se encontraba en vida el profesor Félix Bonne Carcassés. Imposible olvidar la conferencia de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil —el más concurrido encuentro de opositores y disidentes realizado en Cuba—, la cual tuvo lugar en mayo de 2005, precisamente en el patio del que entonces era el domicilio del brillante profesor titular, expulsado de su universidad en castigo a su postura vertical.

Mientras se desarrollaba la conferencia de dos días, ignorábamos los preparativos hechos por el régimen para aplastar el desafío. Una escuela ubicada a menos de 200 metros de la casa fue transformada en cuartel. Allí, al igual que en el cercano aeropuerto, se habían instalado batallones de represores que, para actuar, sólo aguardaban la orden proveniente de arriba. Felizmente, el único que podía darla —el dictador—decidió a última hora pecar por defecto, y la histórica reunión pudo tener lugar.

Algo parecido sucede ahora con el valiente reto planteado por el Movimiento San Isidro, que ha alcanzado, con toda justicia, los primeros planos de la actualidad informativa. Según Diario de Cuba, “dos camiones de tropas especiales antimotines se han acantonado cerca de la sede” del referido grupo, en la zona antigua de la capital de la Isla. Entonces nada ha cambiado, sólo que, como el número de los opositores es menor, también es más reducida la cantidad de represores acuartelados.

Pero no quedan ahí las similitudes, con lo cual se pone en evidencia la nula creatividad de los castristas: En Río Verde, enviaron un carro fumigador, que lanzó sus productos nocivos contra los centenares de congregados en la antigua casa de Bonne. En La Habana Vieja, introdujeron un líquido que se supone venenoso y poseía un intenso olor nauseabundo.

El nuevo desafío al régimen surge del arresto de uno de los más jóvenes y recientes adherentes al Movimiento: el músico Denis Solís. “Pueblo de Cuba, decide tu futuro”, era el texto del cartel que enarbolaba al momento de ser detenido; “Cambio Cuba libre”, el texto que se hizo tatuar en el pecho.

Para privarlo de libertad, las autoridades esgrimen las palabras dirigidas por el joven activista a un policía: “Usted es un penco envuelto en uniforme”. Aquí viene al caso un breve comentario sobre cuan conveniente resulta que opositores y disidentes eviten hacer cualquier cosa que pueda ser utilizada como pretexto para tratar de justificar la represión. El agente irrumpió en el domicilio del activista e hizo caso omiso de las comedidas exhortaciones que este le hizo para que saliera del lugar; pero, ante el descaro oficialista, conviene armarse de paciencia.

Sentado esto, hay que reconocer que la postura asumida por los castristas en ese caso ha sido de una brutalidad francamente feroz. Aunque el hecho sea calificado como un delito de desacato, la pena impuesta, muy cercana al límite máximo de un año previsto en el artículo 144, apartado primero, del Código Penal, es, más que excesiva, francamente atroz.

Los jueces municipales no tuvieron en cuenta que todo se derivó de una verdadera violación de domicilio perpetrada por el gendarme (quien no fue juzgado). Además, el procedimiento utilizado por ellos violó todos los principios del debido proceso. A los familiares de Solís y sus amigos de San Isidro no se les permitió contactarlo, ni se les informó de la situación legal que enfrentaba el activista. Sólo después de presentar una solicitud de hábeas corpus, sus hermanos de ideales supieron que el joven rapero estaba ya ejecutoriamente sancionado a los consabidos ocho meses.

Sobrada razón tienen el subsecretario de Estado norteamericano Michael Kozak y el encargado de negocios en La Habana, Timothy Zúñiga-Brown, al expresar su identificación con el Movimiento San Isidro y el propio Denis. Con esto se pone de manifiesto una vez más la solidaridad de la gran república norteña con los demócratas cubanos, algo que contrasta con la indiferencia mostrada por otros países libres.

Ante la represión desatada, los activistas de La Habana Vieja han optado por declarar una huelga de hambre. Asumen así la forma de lucha en la que ha fijado un listón difícilmente alcanzable el psicólogo Guillermo (Coco) Fariñas, quien ha establecido un verdadero récord mundial en ese difícil género de protesta.

Se trata de un método que despierta fundada inquietud por la salud de quienes lo emplean, pero que sólo debe despertar solidaridad, nunca crítica. En definitiva, también a él recurrimos mis hermanos de causa y el que esto escribe (junto a otros activistas entre los que descollaba el después fallecido Orlando Zapata Tamayo), unos días antes de la Primavera Negra de 2003, al escenificar un ayuno por la libertad del doctor Oscar Elías Biscet y los restantes presos políticos cubanos de entonces.

Ahora, los represores, temerosos de las consecuencias de un ataque directo contra los huelguistas, rebasan todos los límites fijados por la decencia, y reprimen a sus familiares. Han llovido las amenazas sobre varios seres queridos. La mamá de la periodista Iliana Hernández, una anciana casi septuagenaria, fue detenida; ¿Su delito? Ir a interesarse por su hija en huelga de hambre. También fueron interceptadas unas niñas, hijas de activistas. ¿Hasta qué extremo serán capaces de llegar!

Este sábado, el Movimiento San Isidro denunció que un porrista, armado con un martillo y botellas, atacó al líder Luis Manuel Otero, y ocasionó destrozos en la puerta de la casa en que se encuentran los artistas contestatarios. Y esto a ciencia y paciencia de la policía, apostada de modo ostensible en las dos esquinas inmediatas a la vivienda… La desfachatez de los represores —pues— no tiene límites.

Ahora los huelguistas del Movimiento San Isidro han convocado a la ciudadanía a tomar las plazas de Cuba este domingo. ¡Ojalá ese llamado reciba una buena acogida de sus compatriotas, algo que bien merece el puñado de valientes de uno y otro sexo que encarnan ahora mismo la dignidad de los anticomunistas de la Isla!

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