La “nueva normalidad”: habaneros se preparan para la llegada de turistas

LA HABANA, Cuba. – La buena nueva de que el aeropuerto de La Habana reiniciaría sus operaciones el 15 de noviembre devolvió la esperanza a los trabajadores del sector privado en la capital, que luego de ocho meses de paro laboral estaban a punto de agotar los últimos centavos de sus ahorros. La pandemia de COVID-19 puso freno al turismo de ciudad, mientras la crisis de abastecimiento y los dos cierres que sufrió La Habana terminaron por darle el golpe de gracia a muchos negocios que no lograron sobrevivir a la difícil situación, a pesar de la moratoria en los impuestos decretada por el régimen.

Los negocios que comúnmente ofrecían sus servicios a turistas extranjeros se vieron obligados a repensar su estrategia para no sucumbir. Choferes de taxis de lujo pusieron sus coches al servicio de los nacionales para dar carreras directas por un precio fijo, o “botear” durante los períodos en que se flexibilizaron las medidas restrictivas y se autorizó la circulación del transporte público y privado. 

Las diseñadoras y costureras de prendas artesanales han incluido el nasobuco (mascarilla) como parte de sus ajuares; algunos transportistas se han aliado con guías de turismo para organizar excursiones con clientes del patio; y los dueños de negocios de renta a turistas extranjeros se han visto precisados a alquilar por horas habitaciones de alto estándar, para continuar pagando las cuentas. 

Los restaurantes se acogieron a la opción de “comida para llevar”, modificando los precios y el menú con tal de no cerrar ni verse significativamente afectados por el desabastecimiento de bienes que se esfumaron incluso del mercado informal. El turismo de casa se ha convertido en la tabla de salvación durante ocho duros meses, en los que el confinamiento y la drástica disminución de las importaciones han obligado a muchos propietarios a reducir plantilla y ser creativos con lo poco que consiguen, procurando no afectar la calidad del servicio o el producto final.

Tras la reapertura del aeropuerto, el sector privado se preparó para el arribo de los primeros turistas. CubaNet conversó con propietarios y empleados de dichos negocios para conocer cómo se las ingeniaron durante la cuarentena y qué preparativos tuvieron en cuenta con miras al arribo de visitantes foráneos, una actividad que entraña un riesgo epidemiológico enorme, pero que, aun así, luce menos amenazante que la perspectiva de quedarse sin dinero en medio de un escenario doméstico que tiende a agravarse. 

Todos los entrevistados coincidieron en que el efecto del aislamiento fue devastador, debido en gran medida al incremento desproporcionado de los precios, la desigualdad en la distribución de los productos de primera necesidad por municipios y las largas colas en las que se hacía necesario invertir gran parte del día, tiempo que no se dedicaba a la búsqueda de fuentes alternativas de ingresos. Algunos estiraron los ahorros hasta el último día, pero muchos otros tuvieron que inventar. Era, y es, una cuestión de supervivencia.

Para el régimen reabrir el Aeropuerto Internacional José Martí constituía un imperativo. La nueva normalidad en La Habana se ha implementado de forma apresurada no solo para que regresen los cubanos varados en el exterior con su volumen de mercancía importada, que en algo habrá de aliviar la demanda de productos de aseo, ropa y calzado. Varias aerolíneas ya comenzaron a viajar a la Isla, garantizando así un modesto flujo de turistas para los hoteles controlados por los militares, pues las casas de renta no podrán reanudar sus servicios hasta tanto no se declare la Fase 3 de la “nueva normalidad” y el Ministerio del Trabajo expida el permiso requerido. 

Por el momento, los negocios de renta se mantienen exonerados del pago de impuestos, y tomando en consideración que el turismo se proyecta a la baja para el venidero 2021, la tarifa fiscal a abonar una vez que el Ministerio del Trabajo notifique la Fase 3, será de 840 CUP (alrededor de 35 dólares) mensuales por cada habitación declarada; un monto inferior al que existía antes de la crisis sanitaria causada por el COVID-19, cuando el pago era de 1.200 CUP (50 dólares aproximadamente).

Si bien es un alivio saber que dentro de poco la economía doméstica y local comenzará a dar señales de vida, los trabajadores del sector privado que dependen del turismo saben que toda precaución es poca. A la espera de los clientes están la botella de hipoclorito, el gel desinfectante y las mascarillas de repuesto, pero no por ello se achica el miedo a contraer el virus y contagiar a los seres queridos. 

La convicción parece ser que hay que arriesgarse porque los cambios que asoman en el escenario económico de la Isla no son nada alentadores. Unificación monetaria, desaparición de subsidios, improductividad acentuada, devaluación del peso cubano, señorío del dólar… son cuestiones que harán muy difícil escoger entre recibir a turistas probablemente infectados por coronavirus, o a ninguno. La hora cero se acerca, y los trabajadores del sector privado, duramente golpeados por la pandemia y los rigores de un esquema económico obsoleto, se disponen a remontar la peor crisis económica desde el llamado Periodo Especial, obligados a elegir entre aliviar la economía o preservar su salud.

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