Ojalá lloviera café a cántaros

Café tostado (Foto: Flickr)

MIAMI, Estados Unidos. – Al leer la columna de Ana León del día 17 sobre las declaraciones del dirigente de la empresa estatal Cuba-Café, Antonio Alemán Blanco, donde el inepto burócrata comunista echa la culpa de la ausencia de café en los fogones cubanos al propio pueblo de la Isla y se lo achaca al exceso de consumo durante la pandemia de coronavirus, confieso que me dio un ataque de ira, indignación e indefensión, todo mezclado.

Casi 62 años de fracaso tras fracaso, en todos los renglones de la producción y de la economía, no hay azúcar, ni frutas autóctonas del país, ni pollo, ni pescado o mariscos, ni leche… nada. Y ahora tampoco hay café.

Hace falta un tsunami que arrastre hacia las profundidades del océano a la cúpula responsable de tanta miseria, corrupción, opresión y oprobio. Tengo un amigo que opina que lo que hace falta es la 82a División Aerotransportada de los Estados Unidos, para que pueda reconstruirse la nación como se hizo entre 1898 y 1902 durante la ocupación estadounidense que siguió al fin de la Guerra del 95. 

Yo me conformaría, por ahora, con un diluvio. Un enorme, imparable e implacable aguacero que durara 40 días y 40 noches ―como el diluvio bíblico―, que arrasara con todo lo malo e inhumano que oprime a nuestro pueblo.

Pensando en esto, me vino a la mente la hermosa canción del dominicano Juan Luis Guerra, “Ojalá que llueva café”. Café y mucho más. Busqué la letra de la canción y me tomé la libertad de adaptarla a la realidad cubana con intención de brindar un alivio y una esperanza en el futuro. Aquí les va:

Ojalá que llueva café en el campo
que caiga un aguacero de yuca y té
del cielo la guayaba y queso blanco
y al sur una montaña e’ calabaza y miel

Ohh ohh 
Ojalá que llueva café

Ojalá que llueva café en el campo
peinar un alto cerro de piña y mamey
bajar por la colina de arroz graneado
y continuar el arado con tu querer

Ohh ohhh
Ojalá el otoño en vez de hojas secas
vista mi cosecha de rico guagüí
siembre una llanura de boniato y mango
Ojalá que llueva café

Pa’ que en el bohío no se sufra tanto
Ojalá que llueva café en el campo
Pa’ que en el Turquino oigan este canto
Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva, ojalá que llueva
Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva café

Ojalá que llueva café en el campo
peinar un alto cerro de piña y mamey

bajar por la colina de arroz graneado
y continuar el arado con tu querer

Ohh ohh
Ojalá el otoño en vez de hojas secas
vista mi cosecha de rico guagüí

siembre una llanura de boniato y mango
Ojalá que llueva café

Pa’ que en cada barrio no se sufra tanto
Ojalá que llueva café en el campo

Pa’ que en Villa Clara oigan este canto

Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva, ojalá que llueva

Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva café 

Pa’ que todos los niños canten este canto
Ojalá que llueva café en el campo

Pa’ que en la Asamblea oigan este llanto

Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva, ojalá que llueva
Ojalá que llueva café en el campo
Ojalá que llueva café

Diluvio de café pa’ mi pueblo. Diluvio de guayaba y mango, de fruta bomba y guanábana, de anón y plátano, de malanga y ñame, de frijol y chícharo, de calabaza y yuca, de ajo y cebolla, de berro y tomate, de miel y azúcar, de mamoncillo y tamarindo, de chirimolla y aguacate, de naranja y toronja. Un diluvio natural cual milagro de los cielos. Y oleadas, marejadas, vendavales y aguaceros de café. 

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