Otra negligencia en Cuba, la gran potencia médica

Hospital Oncológico de Santiago de Cuba (Foto: MINSAP)

GUANTÁNAMO, Cuba. – La dictadura cubana enarbola como una de sus conquistas haber llevado la asistencia médica hasta lugares muy apartados.

Tiene razón, aunque le falta proclama que Cuba presta servicios de excelencia. Cuando afirma eso generaliza como cierto lo que es excepción, porque es común que un cubano tenga que esperar meses para ser atendido en una consulta médica o para ser intervenido quirúrgicamente, una situación que persiste debido a que la prestación de servicios de salud se ha convertido en un muy lucrativo negocio gracias a la injustificada explotación económica de los cooperantes. En nuestros hospitales faltan los especialistas y los medicamentos que Cuba exporta para obtener dinero y hacer política.

Se podría haber hecho mucho más y haber generalizado de verdad esa excelencia si los dirigentes cubanos se hubieran centrado en eliminar todas las situaciones que lo impiden, porque no en todas las provincias tenemos instalaciones de salud de primer nivel, higiénicas o dotadas con tecnología de avanzada. A ello se une la persistente escasez de medicamentos, que se ha vuelto tan endémica como las razones alegadas para justificarla.

A fuerza de ser sinceros, es cierto que las dificultades objetivas son las causantes de muchas de las deficiencias que en ocasiones apreciamos en las instalaciones hospitalarias, pero no de todas. Otras deficiencias, errores, malos tratos y negligencias tienen su origen en decisiones y actitudes que dejan mucho que desear. El caso que vuelvo a presentar es un claro ejemplo de ello.

El miércoles 19 de diciembre del 2018 CubaNet publicó un artículo titulado “Denuncian nuevo caso de negligencia médica en Guantánamo”. En él, abordamos lo ocurrido a Manuel Castro Berdión, campesino guantanamero de 84 años de edad, residente en el poblado de San José, municipio El Salvador, provincia de Guantánamo.

Manuel notó que se le estaba formando una protuberancia en una mejilla. Es cierto que entonces no le prestó demasiada atención, y cuando acudió a la consulta de los especialistas en el municipio El Salvador la protuberancia ya era un tumor. Por esa razón fue remitido al hospital provincial de Guantánamo.

En dicha institución de salud estuvo ingresado 37 días y fue sometido a varios estudios hasta que los médicos decidieron que no podía ser operado aquí y lo remitieron para el hospital Oncológico de Santiago de Cuba, a la conocida como “consulta de cuello y cabeza”.

Los familiares de Manuel tuvieron que trasladarlo por su cuenta porque no había ambulancia para hacerlo. Luego de varias dificultades en el Oncológico de Santiago de Cuba ―y hasta de varios maltratos, lo cual consta en el artículo mencionado―, fue ingresado el 6 de noviembre. Un especialista de prestigio de dicho hospital dictaminó que el paciente podía ser operado pero no allí, sino en otro hospital que tuviera mejores condiciones debido a que Manuel padecía del corazón.

Un mes después de permanecer ingresado en el Oncológico, otros médicos dispusieron que regresara a su casa, que evaluarían su caso nuevamente y lo citarían. Desde entonces han transcurrido casi dos años y esos médicos no han contactado jamás con el paciente, quizás porque pensaron que le quedaba poco tiempo de vida.

Pero por mucho que les cueste aceptarlo a esos médicos, es Dios quien nos da la vida y quien nos la quita. Manuel sigue vivo, sufriendo agudos dolores y aplicándose “curas de caballo”, como decimos aquí, sin entender por qué ha sido tratado de esa forma.

Porque esa negligencia médica es aborrecible, mucho más en un país donde tanto se habla de la magnificencia de los servicios médicos y de que es el ser humano lo que más importa. 

Manuel se va a morir como vamos a morirnos todos, pero hay algo que se llama respeto a la dignidad inherente de cada persona, que es de lo más sagrado que se incorpora a nuestra existencia.

Al parecer los médicos del hospital Oncológico de Santiago de Cuba que actuaron de forma tan negligente olvidaron ese presupuesto ético.

Ojalá algún funcionario del Ministerio de Salud Pública se entere de la existencia de este caso y haga algo para que los días de vida que le quedan a Manuel pueda superarlos con más sosiego y olvide el maltrato de que ha sido víctima.

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