Repite y pon camarones: Brigadas de Respuesta Rápida

 

Brigadas de Respuesta Rápida
Foto periódico Ahora.

LA HABANA, Cuba.- En Cuba, antes de la debacle, los hombres de la casa se reunían con los del barrio a tomar un traguito en la bodega, que siempre el bodeguero acompañaba de algún saladito para picar, de ahí el dicho: “Repite y pon camarones”.

Es algo para recordar, aunque no es aplicable al caso del que vamos a hablar, porque la repetición se hace sin nada que comer, y ¡camarones! es casi una mala palabra, porque las personas ni los mencionan ni se acuerdan como son.

Quizás parezca un anagrama, pero cuando se dice que la historia se repite no debe entenderse lo mismo que repetir la historia. En el primer caso hay un componente de casualidad, involuntariedad, eventualidad, etc.; en el segundo hay encerrado un mandato que implica volver a hacer lo mismo.

Este es el tema de las Brigadas de Respuesta Rápida, que salen a la luz a cada rato por órdenes de la dictadura. Y en estos momentos de difícil situación social las volvieron a activar, como siempre, acompañadas de mítines de repudio en los que sobresale la chabacanería que tanto critica Díaz-Canel, y el lenguaje soez. Hay que quererse muy poco, tener muy baja la autoestima, para participar de este circo, en el que casi siempre hay mujeres, y ya maduritas, aunque no se descarta la presencia de algunos hombres, a los que no se les puede llamar –ni por casualidad– caballeros.

Estar presente donde estén actuando los miembros de estas Brigadas, y mirar las bajezas que hacen, es asqueante. Y siempre que se despliegan frente a la casa de cualquier disidente queda en el aire la pregunta: ¿por qué lo hacen?

De forma general son personas sucias, mal vestidas y muy vulgares, y habría que valorar en cada caso qué obtienen con ello. En fin, son el reflejo del régimen oprobioso que ha creado individuos miserables y sin escrúpulos. El hombre nuevo que quería el “Che” Guevara, ése que defiende lo indefendible. Y lo más increíble es que la mayoría de ellos se incorporan —o son llevados— a los actos de repudio con el estómago vacío, porque no han tomado ni café y algunos no han tenido qué almorzar.

¡Y eso que en estos momentos estamos en la versión del virus chino! Estos actos no dejan de ser métodos fascistas, usados para frenar cualquier avance democrático en el país y mantener la cúpula gobernante en el poder, dejando la preocupación de reprimir a los Órganos de la Seguridad del Estado.

Conscientes de toda esta situación de hostigamiento hacia los disidentes y el pueblo, el régimen cubano acaba de ganar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que se supone que su composición, de 47 Estados, sea responsabilizarse por la promoción y protección de los derechos humanos en el mundo.

Debemos decir que si algún mérito hay que reconocerle a la dictadura cubana es su capacidad –casi sin límites– de inventar formas de hostigamiento y explicarlas luego a las fuentes diplomáticas que se interesan por ello. Con excepción de los Estados Unidos, ningún otro país ha denunciado a Cuba por utilizar las Brigadas de Respuesta Rápida; por imponer regulaciones migratorias a la salida del territorio nacional; por multar a las personas por decir lo que piensan en internet; y mucho menos por sitiar a los miembros de la sociedad en sus viviendas y darles a escoger: mantenerse dentro o ir detenido.

Si cualquier gobierno lo ha hecho de forma particular, en conversaciones bilaterales, no ha tenido efecto alguno, porque a la dictadura se puede decir que le importa un bledo.

Pero de todo lo antes expuesto lo más importante es tener claro que quienes se prestan a las Brigadas de Respuesta Rápida son personas manipuladas por la policía política, en muchos casos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior vestidos de civil; mujeres presas a las que ofrecen pases; miembros del ejecutivo de los Comités de Defensa de la Revolución; en fin, personas manipuladas a las que el régimen quiere hacer pasar por el “pueblo aguerrido” que sale a la calle.

Ya nadie cree en esta maniobra, la realidad es otra y se ha hecho presente, después de repetir una y otra vez la misma historia.

Algunas organizaciones disidentes tienen mucho que contar al respecto, pero en estos momentos los que más le molestan al gobierno son los artistas vinculados al Movimiento San Isidro.

En redes sociales se ha podido apreciar, de forma reciente, todo lo que se refiere a las Brigadas de Respuesta Rápida. A los que allí llevan ni siquiera saben  a que clase de persona están insultando, solo oyen lo que les dice el oficial de la Seguridad del Estado de turno.

En estos momentos están protegidos todos por el nasobuco; y seguro que a más de uno no le conviene mostrar la cara porque tiene familia en el exterior que le manda de vez en cuando su remesa, y con la situación que se está viviendo en el país, no querría llegar a la dolarización de la economía sin tener alguna divisa en su poder.

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