San Valentín en Cuba: entre la pandemia y el Ordenamiento

LA HABANA, Cuba. – Cada fecha especial trae consigo una cuota de anticipación. El día de las madres o los padres, cumpleaños, feriados, navidades y, por supuesto, el 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad. Para cada una de estas jornadas la gente procura sorprender, ser atenta, creativa. A menudo recurren a los mismos rituales con alguna que otra variación, pero siempre se hace algo porque la fecha lo amerita.

Cuba no está exenta de tales clichés sociológicos; aunque de un tiempo hacia acá la ordinariez de la vida y los inconvenientes que se deben sortear para imprimirle a cualquier iniciativa una pizca de originalidad, hacen que los cubanos asuman estas celebraciones con estoicismo revolucionario, resolviendo con lo que haya, a la espera de tiempos mejores que nunca llegan.

Para este 14 de febrero las opciones se han reducido drásticamente por culpa de la pandemia y la Tarea Ordenamiento, sendos sabotajes a la vida social y la planificación pecuniaria, respectivamente. CubaNet salió en busca de opiniones y ambientes acordes al Día de San Valentín, y para sorpresa nuestra encontramos que muchos cubanos ni siquiera habían notado que la popular fecha estaba próxima. Otros la habían descartado de antemano, convencidos de que este año cualquier gasto fuera de lo estrictamente programado es un disparate.

El aislamiento social, la crisis económica y la mengua en los ingresos personales se han conjugado con un alza de precios tan brutal que la flor más sencilla, estrujada dentro de un trozo de nailon y con olor a gruta mortuoria, cuesta 50 pesos. El intenso ajetreo no ha concedido tiempo a los preparativos para esperar el Día del Amor. Los restaurantes han diseñado ofertas a domicilio que pocos podrán permitirse dadas las circunstancias. Vendedoras ambulantes de flores, peluches y otras baratijas lamentan la indiferencia de los transeúntes, resueltos a invertir su dinero en cosas necesarias y duraderas.

Atribulados, los cubanos husmean en pequeños negocios que marcan alguna diferencia con artículos imposibles de adquirir en la red estatal (tarjetas, bolsas de papel, souvenirs personalizados), y precios de llanto. Las limitadas ofertas se han caracterizado por la heteronormatividad, excluyendo a parejas del mismo sexo, un segmento importante del mercado que a las dificultades generales para encontrar un obsequio adecuado, debe sumar el handicap cultural de los prejuicios.

La idea del amor, como todo lo demás, se ha puesto viejo en la Isla. El espíritu inherente al día de San Valentín ha desaparecido casi por completo, sujeto a estereotipos y convencionalismos que lo hacen aburrido, incluso demodé. Pese a algún que otro discurso edificante sobre el amor en tiempos de escasez y aislamiento, la realidad demuestra que las parejas cubanas desgranan sus días en el epicentro coyuntural de la existencia: las colas.

Resulta difícil identificar a los amantes porque van llenos de bultos y no pueden tomarse de la mano. Hay que observarlos con insistencia para detectar un gesto, una sonrisa o una mirada que descubra ese vínculo que en tiempos duros se torna aún más invaluable.

Numerosas parejas regresarán hoy a las colas para tratar de comprar lo que ayer no alcanzaron. Entre la pandemia y el Ordenamiento, este 14 de febrero no será para holgar, sino un día más de lucha contra todo: la fatiga, el virus, la devaluación del peso cubano frente al dólar, la represión, la miseria, el discurseo vano, Humbertico & Lazarito, el derrumbe de la esperanza.

Queda siempre el premio de consolación, el estar acompañado, el que nada es eterno; la filosofía de la resistencia que ya no se sabe si es consecuencia de la matraca político-ideológica o un mantra al que se aferran los cubanos para no desfallecer. La ruda certeza de que una vez vencida la pandemia persistirá el mal de fondo, provoca que la actitud positiva se esfume y el optimismo parezca forzado, una pantalla, un ejercicio de autoconvencimiento.

Los opiómanos del igualitarismo recalcan que el mundo entero está pasando por lo mismo y es cierto; pero no de la misma manera. La ausencia de libertades civiles en Cuba hace que cualquier descalabro económico o sanitario sea más ingrato de sobrellevar. Es triste escuchar a la gente responder con ilusiones como si fueran verdades; o admitir que en medio de tantas vicisitudes regalar un pomo de champú es un despilfarro, que el salario no alcanza para homenajes de ningún tipo.

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Amar y apoyar es, al cabo, lo único que importa; pero no debería ser tan difícil dejar constancia material del amor, poner en pausa la rutina, honrar y darle gusto al ser amado. Eso también es parte esencial de la vida, solo que en Cuba lo esencial ha sido avasallado por la urgencia. Sentir, en profundidad y con detenimiento, es algo demasiado humano para la jauría en que nos hemos convertido.

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