¿Sepultureros o cómplices del régimen cubano?

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Reinaldo Escobar

Fue en el Manifiesto Comunista donde se esbozó la idea de que el proletariado estaba destinado a ser el sepulturero del capitalismo. El principio que respaldaba esta afirmación era que los capitalistas no podían vivir sin los obreros pero que los obreros sí podían vivir sin los capitalistas.

En la Cuba de principios del siglo XXI, 52 años después de que quedaran abolidas por decreto las últimas manifestaciones de propiedad privada, el mismo Gobierno que desmanteló hasta los sillones de limpiabotas anuncia que permitirá las pequeñas y medianas empresas (pymes). La conclusión lógica es que el sistema socialista no puede vivir sin los emprendedores, como aquellos que en 1968 fueron calificados de especuladores y de ser los últimos reductos del capitalismo.

[[QUOTE:En la Cuba de principios del siglo XXI, el mismo Gobierno que desmanteló hasta los sillones de limpiabotas anuncia que permitirá las pequeñas y medianas empresas]]El meollo del asunto gira alrededor de la propiedad. Especialmente la propiedad sobre los medios de producción que, usados por obreros asalariados, provee al propietario de un valor adicional denominado plusvalía. Esta explotación del trabajo ajeno no solo fue vista por los comunistas como un crimen, desde el punto de vista moral, sino que introducía una contradicción en las ciencias económicas que se suponía terminaría por hacer inoperante el modo de producción capitalista. En consecuencia había que implantar el socialismo.

Algo estaba equivocado en aquel razonamiento. Los pocos que lo defienden todavía argumentan la comisión de errores humanos en la aplicación de la teoría, olvidando otro axioma marxista según el cual «la práctica es el criterio evaluativo de la verdad».

El regreso a la realidad económica cubana de la figura del propietario de los medios de producción, dígase cuentapropista o emprendedor, abre una discusión en la que los polos se posicionan entre acusarlos de cómplices del régimen (el sistema, la dictadura, el castrismo, el Gobierno, esta gente, o como quiera llamárseles) o elevarlos a la condición del factor más dinámico para el cambio.

Los que acusan de complicidad a los emprendedores sustentan su denuncia en que estos se someten a pagar injustos impuestos con tal de enriquecerse, además de aceptar mansamente la expoliación de una jauría de inspectores y arreglarse con el entramado de corrupción de las empresas estatales, sin percatarse de que le dan al Gobierno la oportunidad de exhibirlos como una muestra de que se están realizando cambios en la dirección correcta. Se añade la docilidad política que asumen, expresada en el silencio ante la represión o en el aplauso acrítico que implica marchar el primero de mayo por la Plaza de la Revolución para mantener con vida sus negocios.

Aquellos que ven en los emprendedores al futuro sepulturero del sistema piensan a largo plazo. Creen que la aceptación de su contradictoria existencia llevará algún día, de forma gradual, a la aprobación de la economía de mercado por encima de la planificación centralizada. Suponen que en la medida en que haya más personas optando por «el trabajo particular» en lugar de ser un asalariado de la empresa estatal socialista habrá que legislar en la dirección de empoderar a los emprendedores, reconociéndoles personalidad jurídica y los derechos que demandan, para así lograr el sostenimiento de la economía. Con el tiempo, se supone, tendrán derechos más elevados, incluyendo, por qué no, derechos políticos.

[[QUOTE:Suponen que en la medida en que haya más personas optando por «el trabajo particular» en lugar de ser un asalariado de la empresa estatal socialista habrá que legislar en la dirección de empoderar a los emprendedores]]A estas alturas ya casi nadie puede afirmar que el proletariado constituye hoy la clase más revolucionaria. En la mayor parte de los países desarrollados la clase obrera es partidaria de los grupos nacionalistas que se oponen a la emigración y no suelen apoyar los reclamos ecologistas tendientes a disminuir la contaminación de las industrias. ¿Será que el proletariado se ha vuelto cómplice del capitalismo y ha renunciado a ser su enterrador?

En Cuba, ya se sabe, los obreros no tienen un sindicato que los represente frente a los abusos del Estado, y los emprendedores ni siquiera cuentan con una organización. Ahora mismo, mientras se anuncia que vendrán las pymes se hacen operativos policiales contra campesinos que siembran cebollas o producen quesos como si ya fueran una pequeña o mediana empresa.

Tal vez, haya que empezar a pensarlo todo de otra manera, renunciando a esquemas superados por la práctica.

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