Terapia de choque a la cubana

Peso cubano, CUC y dólares estadounidenses (Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – Es sabido que el régimen de La Habana tiene una inmensa efectividad en la represión y el uso de la fuerza. También —un poco— en la propaganda, pero haciendo trampa, pues su versión de las cosas es la única que se difunde. Lo anterior, a su vez, ha desembocado en su verdadero logro: el mantenimiento del poder a toda costa. Para desgracia de los cubanos, en todo lo demás exhibe un impresionante muestrario —muy difícil de superar— de fallas y fracasos.

Esa afirmación, que posee una validez general, tiene especial vigencia cuando entramos al terreno de la economía. Es ahí donde el gran desastre que representa el sistema socialista se manifiesta en todos sus detalles. ¡Con decir que en Cuba ya ni azúcar se produce a derechas! En Venezuela, el petróleo va por el mismo camino. ¡Y todavía hay quienes nos consideran exagerados porque pronosticamos que, si algún día ese sistema antinatural logra instaurarse en España, se acabarán el vino y el aceite de oliva!

Estas consideraciones abstractas vienen al caso porque el gobierno de La Habana se apresta a abandonar la dualidad monetaria nacional, eliminando el CUC o peso convertible, y dejando en circulación sólo a su “pariente pobre” (el CUP).

Ese proceso -que, según algunos afirman, se iniciará el próximo primero de diciembre- producirá una tremenda conmoción en la economía cubana. El mismo régimen ya ha anunciado que, en medio de la gran sacudida, se elevarán precios y salarios, y habrá una devaluación del peso. En un trabajo periodístico anterior, publicado por este mismo diario digital, pronostiqué que todo se traducirá en un gran despojo, que sufrirá el ciudadano de a pie.

O para decirlo con más claridad: La baja en la cotización del peso representará una reducción drástica de los ahorros (salvo los atesorados en divisas extranjeras, claro). A su vez, los incrementos en sueldos y precios se traducirán en una reducción de los ingresos reales de los cubanos, pues sólo cabe esperar que los últimos crezcan bastante más rápido que los primeros.

Toda esta gran rebambaramba servirá a los castristas para resolver, al menos en parte, uno de los grandes desajustes de la economía nacional: el de las inmensas colas diarias para conseguir cualquier artículo de primera necesidad. Se trata de otra calamidad que han introducido ellos mismos, con su dirigismo estatista y sus políticas erradas.

De paso, el régimen perderá una de sus coartadas ideológicas. Siempre valoré el surgimiento mismo del peso convertible como una treta. Gracias a ella, el fundador de la dinastía pudo enmascarar en parte la esencia expoliadora del sistema por él entronizado. Los supuestos “dictadores” del nuevo orden (los proletarios) continuaban cobrando sus escuálidos salarios en los depreciados CUP.

Se suponía que las tiendas en divisas estaban destinadas a diplomáticos, turistas y otros extranjeros. Con la dolarización, también se admitió a quienes recibían remesas de sus “parientes gusanos” emigrados. Pero, en ese cuadro tan edificante, ¿dónde quedaba el obrero que tenía que conseguir un par de dólares para comprar un pomo de aceite? ¿O la viejita jubilada que realizaba esfuerzos no menores para adquirir un jabón?

Por supuesto que, a los efectos divulgativos, la propaganda comunista se mostraba coherente: los súbditos de a pie recibían sus suministros (verdad que en cantidades siempre insuficientes y a veces francamente ridículas) a precios subsidiados, en los mismos pesos cubanos en que cobraban sus sueldos. Por su parte, el jaboncito de —digamos— cuarenta centavos (al cambio de CUC a CUP, en realidad casi diez pesos) era para los receptores de remesas.

Fue gracias a esa treta que el encarecimiento brutal de productos de primerísima necesidad (como los recién mencionados, el picadillo, el pollo y otros) pudo ser enmascarado por el castrismo. Ahora, para salir del desastre entronizado por ellos mismos con la doble moneda, se ven obligados a reconocer que tienen que vender esa clase de artículos a precios que no están al alcance de los miserables salarios que pagan.

En todo ese contexto, las realidades de la actual eliminación de la dualidad monetaria me hacen discrepar del encabezamiento algo alarmista que acaba de publicar Diario de Cuba: Reforma salarial en Cuba: preparémonos para colas que lleguen a Miami. Se trata de un argumentado texto de Rafaela Cruz. En él, la colega, con datos concretos, documenta la inflación de los precios minoristas, que ya comenzó.

Pero la credibilidad que la autora le otorga al zar económico Marino Murillo cuando este alude al supuesto propósito del régimen (“que los precios no crezcan por encima de la subida de los salarios”) parece injustificada. También —pienso— lo es la conclusión que refleja el titular antes citado.

Rafaela Cruz hace una descripción impactante y original del proceso de eliminación de la actual dualidad, al calificarlo de “maremoto monetario”. Por mi parte, yo insisto en que, a fin de cuentas, todo ese inmenso alboroto significará un despojo inicuo del cubano de a pie.

En Cuba abundan la retórica socialista y las críticas que el Departamento Ideológico del régimen dirige a lo que ellos mismos llaman “políticas neoliberales”. Pese a esto, el castrismo se apresta a llevar a cabo, ni más ni menos, lo que tanto critica cuando son gobiernos de ideología opuesta los que lo realizan: una terapia de choque.

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