Transporte público en Cuba: prueba irrefutable de la ineficiencia del sistema

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LA HABANA, Cuba.- Durante la mayor parte de las seis décadas de gobierno castrista el transporte público estatal se ha mantenido como uno de los peores servicios en Cuba, si no el peor. En el marco de la cacareada Tarea Ordenamiento, a partir del 1º de enero de 2021, el precio del pasaje de ómnibus urbanos subió de 40 centavos a 2 pesos. Sin embargo, continúa tan deficiente como siempre, sin que se vislumbre verdadera intención gubernamental de mejorar el estado y disponibilidad del parque ni de los viales.

Pero este no es el primer aumento que experimenta ese servicio durante la presente dictadura. En la década de los ochentas el pasaje costaba 5 centavos. Cuando decidió aumentarlo a 10, Fidel Castro le dedicó un discurso al tema para intentar convencernos de que viajar seguía siendo más barato en Cuba que en otros países. Para los posteriores aumentos, en cambio, no hubo discursos ni explicaciones. En su lugar, nos aplicaron la estratagema de subir los precios según el tipo de vehículo. Después de un tiempo iban desapareciendo los más baratos y quedaban los más caros. Con ese simple ardid nos hicieron pagar 40 centavos durante un par de décadas, hasta que finalmente esos 40 centavos se transformaron extraoficialmente en 1 peso y aun más, pues muchas personas no tienen menudo y eliminar la figura del cobrador acabó con la posibilidad de devolver el cambio.

Entretanto los medios, eco constante de los dirigentes, no cesan de repetir que el transporte público es muy costoso. Contradictoriamente, en estos 62 años no ha habido muchas evidencias de inversiones considerables en el sector. Los carros están en bastante mal estado, y ni hablemos de reparar las calles. Rara vez se compran nuevos vehículos. El parque disponible prácticamente solo se renueva cuando algún país se digna a hacer una donación de carros usados, donación que el gobierno anuncia con bombo y platillo en los medios. Excepcionalmente se hace una adquisición (recordemos aquellos 8000 ómnibus Yutong que Fidel Castro anunciara tan orondo en febrero del 2006 y de los cuales solo vimos una parte), pero al incumplir con los pagos se terminan los convenios y nos quedamos sin el necesario suministro constante de piezas de repuesto. Y en otras provincias la situación es peor. En Cienfuegos, por ejemplo, las guaguas fueron sustituidas por carretones de caballos a medida que les iban dando baja.

La frecuencia de los carros tampoco ha mejorado pese al aumento de precios, especialmente en el horario pico, pues no ponen refuerzos. Frank, un joven mensajero, tiene que levantarse a las 6:00 a.m., ya que vive en Santos Suárez y trabaja en Centro Habana. A pesar de que a las 6:30 ya está en la calle, la mayoría de las veces le dan las 9 de la mañana en la parada.

Para justificar su ineficiencia, las autoridades alegan “falta de organización en la base”, “atrasos en los suministros de piezas y agregados”, “éxodo de personal calificado” y las consabidas “indisciplinas sociales”. Pero el encarecimiento del transporte podría ser otra artimaña gubernamental para mitigar o disimular un poco la falta de guaguas. Y no sería la primera vez que la emplean. Cuando Fidel Castro duplicó el precio del pasaje, el transporte urbano atravesaba por su peor momento hasta entonces: demoras, paradas congestionadas, gente corriendo para alcanzar los ómnibus fuera de parada, pasajeros colgados de las puertas. El mismo panorama del 2018, al punto que tuvieron que apoyarse en la Policía para hacer que los choferes de autos estatales recogieran pasajeros en algunas de las paradas más concurridas.

De cara al nuevo encarecimiento es natural que disminuya la demanda. María Julia, por ejemplo, trabaja en Marianao. Todos los días coge la 69 hasta 41 y 42 y luego algo que la acerque a la Ceguera. Desde el 1º de enero se ha visto obligada a completar el trayecto a pie para no pagar otros 2 pesos. “No puedo pagar 8 pesos diarios en transporte. Así como retomaron el trasbordo para cuando hay roturas”, opina, “deberían volver a dar tickets de transferencia para los que tenemos que coger varias guaguas”.

Otra falacia –que no por repetida en los medios llegará a ser verdad– es la de que el transporte público estatal en Cuba es subsidiado. Lo que ocurre en realidad es que los dirigentes (de todos los sectores y de todos los niveles) disponen de los carros estatales para sus asuntos personales, para lo cual derrochan el combustible que debería estar a disposición del pueblo.

En 1957 la población de La Habana no superaba el millón de habitantes. En aquella fecha, entre varias empresas privadas sumaban un total de 2028 ómnibus. Actualmente viven en la capital cubana más de 2 millones de personas, sin contar a la población flotante (estimada en un millón). La cantidad de ómnibus disponibles diariamente no supera los 1 000.

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