¿Alguien le pidió libertad a San Lázaro?

Cubanos frente al Santuario Nacional de San Lázaro, en La Habana (Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba. – A la víspera de San Lázaro (Azojuano, Babalú Ayé, Cobayende) los cubanos han llegado cansados, dando las gracias. “Si lo estamos velando, es que llegamos vivos”, dicen algunos que se reunieron para esperar el 17 de diciembre.

“Este año hay que agradecer porque no todos lo sobrevivimos”, dice Odalys, que no habla solo de las muertes por COVID que se han registrado en Cuba. “Este año uno se puede morir de cualquier cosa”, insiste la mujer.

Odalys hace referencia a la violencia que se ha desatado en la Isla, de los suicidios, los feminicidios, de las muertes por puñaladas, de las personas desaparecidas y que después “aparecieron como aparecieron”. También de las niñas abusadas, sobre todo de las que “tuvieron el valor de denunciar”.

“¿Te imaginas con este encierro cuántas más no pudieron haber sido?”, cuestiona.

Odalys dice además que “ha sido un año de terror porque hemos vivido todos nuestros obsorbos”. Y sabe que no hay nadie en el panteón yoruba que “nos pueda librar mejor” que San Lázaro.

La mujer llama al santo como le llaman lo mismo católicos, paleros que santeros. “Él, que es tan misericordioso, es el único que nos puede librar de la miseria humana que hemos vivido y de la que estamos por vivir”, dice Odalys, que sabe que solo un milagro la podrá salvar de la crisis que se le viene encima.

Con San Lázaro da la sensación de que mientras más humilde la celebración, más alto puede llegar la petición. Pero este año todo el que pudo lo esperó. El nuevo rico desde su mansión, con su bafle a toda bocina,  y la familia religiosa reunida alrededor de un altar.

Sobre todo lo que se ha vivido este 2020, Mayra tuvo hubo algunas premoniciones.

“El año pasado fui a un tambor a Yemayá y dijo algo que no logramos entender hasta que empezó todo. Luego, en otro bembé, Obatalá dijo algo así como que había demasiados espíritus encarnados y que las muertes que habrían, vendrían de la mano de Olodumare, o sea, por mandato divino”, cuenta la mujer.

En ambas celebraciones religiosas  las recomendaciones de los orishas fueron limpiarse con “maíz tostado, jutía y pescado ahumados, ser disciplinados en la religión, como si la fe fuera lo único que nos pudiera salvar”.

Mayra hace un intento de análisis, aunque hay cosas inexplicables como “el odio que ha querido revivir el gobierno entre nosotros mismos y cómo hay gente que se ha dejado llevar”.

La velada en algunas casas también se convirtió en un resumen de las penurias, como si el año para algunos cubanos se acabara el 17 y no el 31 de diciembre. Pero… ¿qué milagro le pidieron?

Alejandra Marques recuerda una vez que sus plegarias la libraron de una infección en la nariz, así que su pedido sigue siendo de “salud”, porque lo demás lo puede resolver ella misma. Eso mismo ha hecho Yusy, que esta víspera se dedicó a enseñarle a su hija más pequeña cómo pedirle al santo, por si un día ella no está.

La devoción de Ondina Fraga es de toda la vida. Tradicionalmente, ella le pide salud, pero este año le ha agregado protección para sus nietos, “que son muy bocones y no se callan si van a criticar al gobierno”.

Zuleyka es santera y quiere “recibirlo” este año, así que, aunque al viejo Lázaro no se le pide dinero, ella le suplica un impulso para poder comprar lo que necesita.

“Imagínate que solo el chivo con barba se ha llegado a montar en 5 000 pesos cubanos. En el 2021 voy a necesitar un milagro realmente para poder reunir el dinero que necesito”.

Aunque no todos tengan que llegar a “recibir” San Lázaro, para los iniciados en la Regla de Osha, esta es una de las ceremonias más importantes de su vida religiosa.

“Es un baluarte en nuestras vidas, pero no viene solo con Azojuano recibimos Naná Burucú, una orisha guerrera y Eshu Afra, pero el dinero para santear, también es salud” y justifica su pedido.

A las casas que aguardaban la víspera llegó el espíritu que se vivía en la calle. “Bendiciones y salud”, decían los nazarenos que uno se tropezaba. Ninguno se atrevía a pedir dinero directamente, como ha ocurrido otros años. ¿Alguien habrá pedido libertad? Seguro. Algunas súplicas se hacen en silencio para que lleguen alto, pero las miradas de los que no se atrevieron a responder la pregunta hablaban, más que de miedo y desespero, de anhelos.

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