Canal Habana: De errores, nepotismo y oportunismo (I)

Camila Acosta, la autora de esta nota, durante una cobertura del Canal Habana, hace varios años (Foto: Cortesía)

LA HABANA, Cuba. – El lunes 4 de enero, en la emisión de Habana Noticiario, del Canal Habana, fue publicado un lema o eslogan que promovía el sistema político al que se contrapone el Gobierno cubano. “Cuba Petróleo, por un Capitalismo mejor”: ese es el texto que apareció escrito sobre la imagen publicada en un reporte de la sección “Económicas” sobre las afectaciones en la distribución de gas licuado en la capital cubana.

La imagen aparece dos ocasiones en un material de menos de un minuto de duración. Al parecer, ese logo fue buscado en Internet y encontrado en una cuenta parodia en Twitter, algo de lo que no se percató el editor ni la periodista. Menos de 24 horas después, el video de Habana Noticiario de ese día fue borrado de las redes.

Según fuentes consultadas ―que prefirieron el anonimato―, el incidente fue analizado por los directivos del canal. La medida aplicada a los responsables (Raúl, editor, y Vanessa López Hidalgo, reportera) fue la separación del área de reportajes informativos. De esta manera, sin explicaciones públicas y bajo un estricto secretismo, las autoridades de Canal Habana pasaron página al asunto.

Los “errores” en la prensa oficial cubana

Incidentes de este tipo han ocurrido en diferentes momentos en la prensa oficial cubana.

En 2003, el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), publicó como portada una foto en la que Fidel Castro lucía como el dictador de la Alemania nazi, Adolf Hitler. El caso fue memorable dentro y fuera de la Isla, pero se desconoce el escarmiento aplicado al infortunado responsable. 

En ese entonces, funcionarios del PCC trataron de recuperar las copias del periódico que ya circulaba por las calles de todo el país.

También a inicios de los 2000, el periodista y conductor de la Televisión Cubana (TVC) Julio Acanda cometió una nefasta equivocación pues, hastiado y desconociendo que se mantenía en vivo, preguntó: “¿Hasta cuándo con lo de Elián González?”. 

El lapsus casi le cuesta la carrera en los medios de comunicación a Acanda; se comenta que el castigo fue la separación de la TVC por alrededor de cinco años. 

Otro de estos percances ocurrió en 2017 en Radio Reloj. La emisora publicó una nota referida al Simposio Internacional sobre la Revolución Cubana y la foto que acompañaba al texto era una en la que salía Fidel Castro junto a Camilo Cienfuegos y Huber Matos.

Matos, un excomandante del Ejército Rebelde, fue sancionado a 20 años de prisión, en 1959, por oponerse al comunismo.

Hasta el momento, se desconoce la sanción aplicada a los autores de este desliz.

Hace alrededor de siete años, en el periódico Juventud Rebelde, órgano oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en el apartado dedicado a la cartelera se cometió una falla similar a las anteriores. En la sección se debía ubicar “El que debe vivir”, un programa de televisión que aludía a Fidel Castro con la frase de Abel Santamaría que le daba título. En cambio, lo que salió publicado en la versión dominical fue: “El que debe morir”.

Según una fuente consultada para este trabajo ―que solicitó el anonimato para evitar represalias―, “se generó un alboroto tremendo: la Seguridad (del Estado) en el periódico y todo lo que te puedas imaginar. Creo que nunca llegaron a descubrir culpable alguno”. 

De nepotismos y oportunismos

Vanessa López Hidalgo no es periodista, es decir, no estudió la carrera ni siquiera en un curso rápido de formación de reporteros. Al no ser periodista o haber estudiado algo mínimamente relacionado con los medios de comunicación, a cualquier simple mortal se le dificultaría trabajar en un medio de este tipo. Cuando más, comenzaría en trabajos menores, hasta ir escalando a base de estudios de superación y esfuerzo.

Pero Vanessa no es una simple mortal. Es hija de Venia Hidalgo, productora general de Habana Noticiario, y nieta de Caridad Bermúdez, guionista y directora general del mismo programa.

Vanessa López Hidalgo (extremo izquierdo) y su madre, Venia Hidalgo (extremo derecho) (Foto: Cortesía)

Cuando yo comenzaba a cumplir mi servicio social en Canal Habana, en septiembre de 2016, ya Vanessa, una joven de apenas 17 años, trabajaba allí y conducía incluso su propio programa musical: “Todo Pop”.

Antes de pedir la baja laboral del telecentro, en abril de 2018, supe que la muchacha apenas había aprobado las pruebas de ingreso a la Universidad, y que tendría que escoger una de las “carreras del montón”, aquellas a las que pocos aspiran. En su caso, tuvo que conformarse con estudiar en la Universidad Pedagógica.

No obstante, ahora mi fuente también asegura que Vanessa “ni es periodista ni está estudiando”.

En Canal Habana estuve trabajando apenas un año y seis meses. Después de eso, perdí casi todo contacto con los colegas y el resto de los trabajadores. Realmente creo que nunca encajé allí.

No supe de Vanessa hasta que salió a relucir el incidente con el logo de CUPET hace unos días. Fue entonces que me informaron que la joven, ahora con unos 21 años, trabaja como reportera de Habana Noticiario, el programa que dirigen y orientan su madre y abuela.

Vanessa y su abuela Caridad Bermúdez, guionista y directora en Canal Habana (Foto: Cortesía)

La sección “Económicas”, donde apareció el error, sale diariamente en el programa. Esa y otra llamada “Actualidad” están a cargo de periodistas a los que les dan la responsabilidad semanalmente, es decir, se rotan. Recuerdo que esas secciones eran rechazadas por la mayoría. Lo bueno era que te tocaba una vez cada uno o dos meses. 

Al ser las secciones del montón, cuya función primordial era cubrir espacio en el programa, la mayoría de las veces los periodistas, luego de redactarlas, le legaban “el paquete” al editor. Los editores buscaban imágenes tanto en Internet como en el archivo del canal, por lo que muchas veces las imágenes con las que se graficaba tenían más de cinco años. 

Por mi experiencia de entonces conozco que las dinámicas de un noticiario diario a veces obligan a hacer los trabajos de “corre-corre” y más en un lugar en el que mayormente esas rutinas productivas no funcionan. Por ejemplo, las computadoras de edición se rompían o bloqueaban con facilidad, lo cual alargaba o interrumpía el trabajo y, a su vez, imposibilitaba su correcta revisión antes de salir al aire.

Como parte de su trabajo, Vanessa ha cubierto sucesos como la Feria Internacional de la Habana (FIHAV), un evento que se realiza anualmente como espacio para la promoción y realización del comercio y las inversiones en Cuba. Lo icónico de FIHAV y otros acontecimientos de similar magnitud es que la cobertura noticiosa en Canal Habana la realizan reporteros, técnicos y camarógrafos del “team de la guara”.

Este team lo conforman, generalmente, los reporteros, técnicos y camarógrafos de más confianza para Vania Hidalgo, quien, como productora general de Habana Noticiario, es la encargada de elaborar diariamente el plan de trabajo: los horarios, lugares y equipo encargado de las diferentes coberturas.

Con este tipo de asignaciones, el “team de la guara” se mantiene como el grupo de los privilegiados. ¿Por qué? Porque hacen el tipo de trabajos donde más se “resuelve”.

“Resolver”, en Cuba, tiene una connotación singular. En FIHAV y otras ferias similares se resolvía, por ejemplo: comida, prendas, tabaco, ron, ropa, artículos varios para el hogar… Eran especies de regalos que se “resolvían” como parte de la “atención a la prensa”.

También se “resolvía” mediante el establecimiento de conexiones. Los buenos contactos garantizan buena posición y el poder “resolver” cuando haga falta. Ese tráfico de influencias posibilitó, por ejemplo, que Vania Hidalgo y Gleydis Mediaceja Oduardo, entonces jefa de Redacción de Habana Noticiario, fueran invitadas y viajaran a España. 

El resto, los que no pertenecíamos al “team de la guara” y la guataconería, debíamos conformarnos con coberturas donde no se podía resolver o se resolvía a medias (una merienda al menos). 

A los miembros de este team, por ejemplo, pocas veces les tocaba ensuciarse cuando se trataba, por ejemplo, de coberturas relacionadas con roturas y arreglos de la Empresa Aguas de La Habana. 

Recuerdo que existían colegas, de los más añejos, que ya tenían ciertas conexiones e influencias y ya sabían a quiénes y qué pedirles. Había alguno que otro que llegaba a los lugares y pedía “a la cara”: “qué hambre tengo”, “hoy no he tomado ni café”, “en el estómago apenas tengo tres pastillitas de Polivit que, si me muevo, suenan como una maraca”.

Yo nunca pedí nada, pero me vi beneficiada, en algún que otro momento, de esta “atención a la prensa”. Después me enteraba de que ya el camarógrafo o algún técnico había garantizado la entrega de esas prebendas. Así, en una ocasión me regalaron una caja de cerveza y, en otra, varios productos del agro.

Esas “amistades” o el ganarse la confianza de los cuadros del PCC podía contribuir, además, a ganarse una vivienda, algo codiciado por la mayoría de los que provenían de provincias del interior del país.

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