“Canelismo” itinerante y soberanía alimentaria

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Miguel Díaz-Canel con trabajadores de la agricultura (Foto: Cubaencuentro)

LAS TUNAS, Cuba. – El jueves de la semana pasada concluyó en el municipio especial Isla de la Juventud -otrora Isla de Pinos- la enésima visita de Miguel Díaz-Canel a los gobiernos provinciales. Para variar, el delfín del castrismo se hizo acompañar de una profusa comitiva compuesta por ministros y comisarios. Según medios oficiales, el objetivo del recorrido fue “palpar temas fundamentales del contexto actual del país”.

Amén de la improductividad sistémica de los regímenes con economía estatizada -enmascarada en Cuba bajo una aparente descentralización gubernamental y flexibilización del trabajo por cuenta propia-, la depreciación del peso cubano, aunado al desabastecimiento alimentario, está causando angustias entre la población, particularmente en territorios con características demográficas, climatológicas y de suelos adversas para la producción agropecuaria, como es el caso de la provincia de Las Tunas.

Desde que fuera designado Presidente por el general Raúl Castro y el Partido Comunista (PCC), y aun antes de ocupar ese cargo, Díaz-Canel ha realizado varias visitas gubernamentales por toda Cuba. En el caso específico de Las Tunas, el actual mandatario visitó el territorio por primera vez en funciones de gobierno el martes 7 de marzo de 2017, cuando todavía era primer vicepresidente del Consejo de Estado. Entonces, los turistas estadounidenses se gastaban miles de dólares en Cuba. Conviene recordar que, como parte de su recorrido por el municipio de Puerto Padre, Díaz-Canel llegó a la Escuela Pedagógica Rigoberto Batista Chapman. Allí, en el laboratorio de inglés, dijo a los estudiantes que debían usar ese idioma “como parte de su vida”.

Durante este arranque de 2021, La Habana ha retomado los mensajes conciliadores hacia Washington. Sin embargo, durante esta nueva visita a suelo tunero no se habló del idioma inglés, sino del “concepto de soberanía alimentaria”, el nuevo slogan del régimen continuista.

Pero “la soberanía alimentaria” y los suelos tuneros suelen ser incongruentes: en Los suelos de Cuba (Bennett y Allison), redactado en los años 20 del pasado siglo, los investigadores concluyeron que al menos un tercio del área total de la Isla tiene insuficiente drenaje, así como suelos impenetrables para el agua y las raíces de los árboles. Por tal razón, son proclives a inundaciones periódicas.

El Atlas nacional de Cuba (1970) cataloga los suelos de las regiones naturales donde se ubica Las Tunas en dos categorías: fértiles y mal drenados y medianamente fértiles, arenosos y erosionables. Un reportaje del Noticiero de la Televisión Cubana emitido el 24 de junio de 2017 informó que el 80% de los suelos de la provincia están catalogados como “poco productivos, o muy poco productivos”.

Así y todo, cuando el sábado 30 de enero Díaz-Canel y su gobierno itinerante estuvieron en Las Tunas, refiriéndose a la producción agrícola, el primer ministro Manuel Marrero sugirió “llevar el concepto de soberanía alimentaria hasta niveles de comunidad”.

Vamos a ver. La primera información escrita de la que se tenga noticia en relación a la “soberanía alimentaria” en la Isla, que hoy tanto repite la burocracia política y gubernamental dirigida por el Partido Comunista de Cuba (PCC), data del llamado Diario de abordo de Colón, un texto de autor desconocido, pero atribuido a un conocedor de la Cuba de su tiempo, Fray Bartolomé de las Casas.

La crónica colombina refiere que el 27 de noviembre de 1492 Colón observó en las montañas de Baracoa “grandes humos y grandes poblaciones y las tierras muy labradas”. El 3 de diciembre, el folleto registra la vista del Almirante sobre una zona “toda llana y sembrada de muchas cosas de la tierra… en medio de una gran población”.

Dicho de otro modo: lo que no poseemos los cubanos hoy, en pleno siglo XXI, abundaba junto a las casas de nuestros aborígenes en 1492: la comida.

Más cercano en el tiempo, en 1856, el abogado y escritor Antonio Bachiller y Morales publicó Prontuario de agricultura general, haciendo ver la necesidad de generalizar el cultivo de huertos y otras plantaciones en pequeñas áreas -entonces llamadas “estancias”- alrededor de las ciudades, concretamente en torno a La Habana, para su autoabastecimiento.

Hace ya 162 años que Bachiller y Morales nos hizo ver el atraso cultural existente en Cuba respecto al cultivo de hortalizas, viandas, granos y la cría de ganado mayor y menor de forma intensiva en espacios reducidos. El abogado estanciero -Bachiller poseía una “estancia”- hacía énfasis en el escaso uso de abonos orgánicos en el mejoramiento de los suelos. “Entre nosotros no hay horticultura”, refería.

Muy temprano en el siglo XIX, Bachiller sugirió la diversificación agrícola como vía segura para conseguir el reciclaje de nutrientes, incrementar los rendimientos en pequeñas extensiones de terreno y satisfacer las necesidades alimentarias de la población cubana, erradicando, o disminuyendo sustancialmente, su dependencia de las importaciones.

Reacomodadas las prácticas agrícolas de nuestros ilustres ancestros a nuestra época y a la ideología del PCC -partido único regente en Cuba-, el gobierno itinerante de Díaz-Canel, gastando toneladas de combustibles en viajes por todo el archipiélago -que mayor utilidad darían regenerando suelos improductivos- hace de la “soberanía alimentaria” y de la “sustitución de importaciones” una suerte de discurso novedoso. Los cubanos, por su parte, hacen oídos sordos a las nulidades obvias, aunque duelan los calderos vacíos.

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