Colaboración médica cubana: facturando en nombre del altruismo

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Aunque en 1960 salió rumbo a Chile la primera misión médica cubana para ayudar a paliar los efectos de un terremoto, la colaboración médica internacional se inició oficialmente el 23 de mayo de 1963, cuando una brigada formada por 55 galenos fue a Argelia por iniciativa de Fidel Castro, quien de esta forma anunció el inicio del envío de brigadas médicas a los países recién liberados del colonialismo.

Entonces, las colaboraciones médicas eran calificadas como  “misiones internacionalistas” y los galenos no cobraban por participar en ellas, aunque se desconoce si la dictadura recibía alguna compensación económica. Los médicos cubanos no recibían  más que su salario y un estipendio para sobrevivir en esos países. A su regreso podían comprar un automóvil o una vivienda, lo que indica que desde el principio ha existido una motivación económica para salir de Cuba a cumplir tales misiones.

Las misiones internacionalistas se mantuvieron hasta la desaparición de la Unión Soviética (URSS), pues  la crisis económica que comenzó a azotar a nuestro país obligó a cambiar su naturaleza.

Desde los años sesenta y con el objetivo de hacer campaña política entre los países del Tercer Mundo, Cuba estuvo formando una cantidad de profesionales de la salud muy por encima de sus necesidades, lo cual pudo hacer gracias al enorme envío de recursos financieros y materiales de la URSS. Al truncarse ese suministro  el país no podía mantener a una fuerza médica que rebasaba en mucho las necesidades del país.

La asistencia Técnica Compensada o Contrato Directo

A partir de 1990, la exportación de servicios médicos comenzó a estructurarse como una fuente de ingresos económicos, dejando atrás el presunto altruismo de las misiones internacionalistas.

La nueva modalidad de colaboración se denominó “Asistencia Técnica Compensada o Contrato Directo”. Consiste en el establecimiento de un acuerdo entre Cuba y el país receptor de sus servicios médicos. Entre ambos se acuerda un salario mensual para cada profesional de la salud pero estos solo reciben, si acaso, 1/3 del mismo, pues el resto se lo apropia el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Para colmo, cuando el profesional llega a Cuba no puede recibir el dinero en divisa porque la dictadura afirma que no tiene liquidez, por tanto se trata de un dinero cautivo.

La explicación que se ha ofrecido para justificar esa expoliación es que el dinero pagado por esos países se destinaría al mantenimiento de los recursos humanos del sector e invertirlo en el mejoramiento de la infraestructura.

Entonces, comenzó a cobrarse la prestación de esos servicios médicos que Cuba continúa afirmando ofrece desinteresadamente. Aumentaron la construcción de Facultades de Medicina en Cuba y en el extranjero, estas últimas atendidas por profesionales cubanos ─otra fuente de ingresos─, y  las becas a estudiantes extranjeros ─también cobradas─; se aceleró el desarrollo de la biotecnología y la producción de vacunas; y se afianzó la colaboración con terceros países a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para erradicar enfermedades transmisibles. Estas acciones convirtieron a la exportación de servicios médicos desde la década de los años noventa en una de las áreas más lucrativas de la dictadura, unida a las remesas, el turismo, la biotecnología y el níquel.

El surgimiento del PIS

A finales de la década de los noventa, los huracanes George y Mitch  provocaron numerosas pérdidas en Centroamérica y el Caribe e impactaron las acciones que hasta entonces estaban realizando las brigadas médicas cubanas en esas zonas, disminuyendo el alcance de las misiones internacionalistas y las de Asistencia Técnica Compensada.

El 3 de noviembre de 1998  fue concebido el PIS (Programa Integral de Salud), consistente en el envío de médicos cubanos hacia lugares de difícil acceso, una decisión que también se tomó debido al creciente rechazo que estaba provocando en los colegios médicos de esos países la presencia de  médicos cubanos.

Esta nueva modalidad de la cooperación médica cubana se extendió rápidamente por Centroamérica, el Caribe y África.

Especial significación política han tenido las colaboraciones médicas en Venezuela y  Bolivia, sobre todo debido a la Misión Milagro, que ha devuelto la visión a miles de personas.

La presencia de médicos en Venezuela ha alcanzado cifras extraordinarias, aunque algunos afirman que ello sirve para camuflar a miles de agentes de la Seguridad del Estado encargados de reprimir a los opositores venezolanos. Se rumora que los cubanos también son usados como votantes a favor del dictador Nicolás Maduro.

La Misión Barrio Adentro ha tenido un impacto significativo dentro de la población venezolana de menos recursos, pues los médicos cubanos visitan a los enfermos en sus domicilios, algo que jamás han hecho en Cuba.

El 25 de agosto del 2005 se creó el Contingente Henry Reeve por iniciativa de Fidel Castro y con el marcado propósito de ir a hacer política en los EE.UU., que entonces había sufrido los embates del huracán Katrina.

Las sombras de la colaboración médica cubana

Desde hace algunos años ha comenzado a hacerse públicos los testimonios de los médicos cubanos que han abandonado esas misiones médicas y han relatado las difíciles condiciones en que trabajaron, las humillaciones y controles a los que fueron sometidos y cómo la dictadura los privaba de recibir el dinero que paga el gobierno receptor de sus servicios, situaciones que se mantienen.

Cuba ha sido acusada ante la Corte Penal Internacional de Justicia por practicar la Trata de Personas debido a que roba gran parte del dinero que les corresponde cobrar a los médicos, convirtiéndolos así en una fuerza que trabaja en condiciones de esclavitud.

Así, el presunto altruismo de las primeras misiones médicas ─en realidad buscadoras de capital político a favor de la revolución cubana─ ha desaparecido para ceder ante un inequívoco interés económico. De ahí que continúe la formación acelerada de profesionales de la salud en cantidades muy por encima de las necesarias y en promociones con resultados cada vez más mediocres. No importa la calidad sino la cantidad.

El aumento de esos fabulosos ingresos no ha representado una mejoría palpable en la calidad de los servicios médicos. Los cubanos recibimos el impacto negativo que representa la ausencia de profesionales de calidad por salir a cumplir misiones en el extranjero. Para sustituirlos el gobierno asigna médicos que aún no han terminado su especialidad y hasta estudiantes de los últimos años de la carrera para que realicen guardias en los hospitales.

El dinero que la dictadura recibe por concepto de esa colaboración médica, unido al de las áreas mencionadas anteriormente, no acaba de tener una incidencia real en el mejoramiento de la vida de los ciudadanos, pues continuamos sufriendo la carencia de medicamentos imprescindibles, demoramos meses y hasta años para ser atendidos en las consultas externas de los hospitales y no contamos con un servicio eficaz de ambulancias, por solo citar algunas de las deficiencias del sistema nacional de salud.

La poca higiene de los hospitales asignados para la atención al pueblo, el deterioro de sus equipos e instalaciones, los dilatados trámites para ser tratado en una simple consulta para dar seguimiento a una enfermedad y la deficiente atención estomatológica ─Cuba continúa usando amalgama de color oscuro para hacer obturaciones, no realiza implantes dentales ni garantiza suficiente cantidad de prótesis─ son características que reflejan cuánto ha sufrido la calidad de los servicios médicos que se brindan a la población.

Quien asista hoy al hospital provincial Dr. Agostinho Neto, de Guantánamo, podrá apreciar el deprimente espectáculo de pacientes agolpados en los pasillos, frente a las consultas, tocando en las puertas de los consultorios e interrumpiendo a los galenos en plena consulta y hasta le habrá tocado la humillante experiencia de verse en total desnudez y tratado como conejillo de indias ante grupos de estudiantes, una falta de ética imperdonable, mucho más cuando ni siquiera se le pide autorización al paciente.

Muchos se preguntan a dónde van a parar esos fabulosos recursos financieros obtenidos por la cooperación médica cubana. La Asamblea Nacional del Poder Popular ─que dice ser la máxima representante del pueblo─ omite ofrecer en sus sesiones una información transparente acerca del monto y destino de esos recursos, la mayoría destinados a la represión.

Ese obstinado silencio levanta muchas suspicacias teniendo en cuenta que mientras el pueblo sufre innumerables penurias los jerarcas del país y sus familias viven como la alta burguesía de cualquier país. ¡Y luego afirman que trabajan por y para el pueblo mientras sus hijitos y familiares gastan fabulosas cifras en fiestas, viajes al extranjero y en paseos en automóviles que solo pueden ser adquiridos por millonarios! Esa es la verdadera ejemplaridad de la alta jerarquía de la dictadura.

 

Nota: Para la redacción de este artículo hemos tomado información de los siguientes artículos:

“Evolución de la colaboración médica cubana en 100 años del MINSAP”, publicado por Néstor Marimón Torres y Evelyn Martínez Cruz en la Revista Cubana de Salud Pública (v 36 no.3), Ciudad de La Habana (julio-sept 2010)

“Colaboración médica cubana desde hace 57 años: Un corazón fraternal para todos los pueblos”, publicado por la Licenciada Yeni Ortega Betancourt en Cubadebate (23 de mayo del 2020).

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