Cuadros del Partido: los peones de la corte castrista

LA HABANA, Cuba. ─ La formación de disciplinados peones ideológicos ─eso que el régimen castrista llama “política de cuadros”─ fue uno de los temas tratados en el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Miguel Díaz-Canel ─que ahora, además de gobernante, es también Primer Secretario del partido único─ dijo en su acostumbrado regodeo de palabrería vana que en los análisis de los problemas que hagan los cuadros “debe primar un enfoque ideológico, político y social”. Y la puso difícil, casi imposible, cuando sostuvo que los cuadros que se buscan “deben tener la capacidad de dirigir sin esperar por indicaciones”.

“El que está esperando que le digan qué hacer no es líder ni cuadro, es un cumpletareas”, sentenció el mandatario.

Exactamente eso son los cuadros del castrismo: cumpletareas. ¿Cómo se les va a pedir que sean capaces de tener iniciativas propias a seres domesticados formados en el más rígido verticalismo, la más absoluta obediencia y el acatamiento a pie juntillas de “las orientaciones de arriba”?

El propio Díaz-Canel, con una trayectoria que le permitió ─por encargo de Raúl Castro, cumpliendo sin chistar los requisitos de la continuidad inmovilista─ llegar adonde ha llegado, es el mejor ejemplo de un cuadro político del castrismo. Si hubiese sido diferente, seguramente se habría quedado en el camino, como ocurrió con otros que en algún momento se inflaron y creyeron ser los delfines de Fidel Castro.

No hay por qué esperar que los cuadros, los futuros apparatchiks, dejen de ser como siempre fueron: celosos ejecutores de las políticas oficiales, con el piloto automático permanentemente activado. Hablar de cuadros que no tengan que esperar las orientaciones provenientes “de arriba” para tomar decisiones es otro chistecito más del costumbrismo castrista.

Con tanto esfuerzo para captarlos en empresas, universidades y unidades militares; con tanta preparación política que recibieron en la “Ñico López” y demás escuelas del Partido; con tanto empeño que demostraron en el cumplimiento de las tareas asignadas, con tantos buches amargos que tuvieron que tragar… y ¡miren que los cubanos, chotas como somos, nos hemos reído de los cuadros en estos 62 años!

¡Son tan ridículos y predecibles! Con sus gestos, sus poses y la jerga que hablan, estos cuadros parecieran fabricados en serie, luego de ser vaciados en moldes concebidos en la antigua Unión Soviética.

Pero no se puede negar que han ido cambiando. Ya los cuadros no son como los de las primeras décadas del régimen: aquellos que trataban de imitar la voz de Fidel, se mostraban malhablados y rudos, vestían de milicianos o con camisas mugrientas y botas militares para que no los tomaran por burgueses, y trataban de meterse en sus cabezotas los manuales de marxismo-leninismo de la Academia de Ciencias Soviética. Tampoco se parecen a los que vinieron luego: los de portafolio, mostacho y camisa de cuadros. Ojo: las guayaberas y los safaris, acompañados de relojes Rolex y gafas Ray Ban estaban reservados para la elite a la que aspiraban a ingresar, adulaciones y chivatería mediante.

A los de hoy, más gordos y mejor vestidos, solo les va quedando en común con aquellos cuadros, además de la obediencia, la retórica, la muela, el paripé.

Díaz-Canel, tanto como el nonagenario José Ramón Machado Ventura, que aunque deja vacante el cargo de segundo secretario del partido único no acaba de retirarse del todo y sigue pendiente de la política de cuadros, saben que en estos momentos de desmadre es muy poco lo que pueden hacer los cuadros. Solo ayudar a sostener la palangana… y dar teque, mucho teque. No importa que a muy pocos logren convencer a estas alturas del juego. Basta con que se muestren preocupados y ocupados con los problemas de la población.

Ya lo dijo el nuevo Primer Secretario: “Aunque a veces no tengamos solución, al menos podemos argumentar y dirigir el trabajo político a explicar por qué estamos en esa situación”. Ya ustedes saben: el bloqueo, la pandemia, los coleros y revendedores, el cambio climático, el injusto orden económico mundial, los problemas objetivos y subjetivos.

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