Cuba: Un cañonazo oficialista contra la prensa independiente

Ceremonia del tradicional cañonazo de las 9:00 de la noche en La Habana (Foto: Onlinetours)

LA HABANA, Cuba. – No sé qué está pasando en La Habana: en esta ciudad en la que vivo se está perdiendo la cordura y ya nadie guarda compostura. Yo mismo escribo cordura y, de inmediato, compostura, sin que me importe mucho la asonancia, y para colmo el cañonazo no sonó hoy a las 9:00, lo que es sin dudas otra “asonancia” o quizá una “sonancia” retardada. Y no sé, no tengo idea de cuáles fueron las causas del retardo… por más de una hora. Desconozco si se extravió la pólvora, si alguno de esos soldados que disparan enfermó de pronto y el resto no estaba preparado.

No puedo creer que una vieja usanza se frustre así de pronto y que deje a los habaneros sin consuelo; y no creo que se atreva alguien a negar la importancia del disparo. El cañonazo es, sin dudas, una “querida costumbre” para los habaneros y de una utilidad enorme para quien no tiene reloj en la casa, que no deben ser pocos, porque el reloj es un objeto tan caro como valioso y su compra compite con la comida, con la crema dental, con el aceite y los jabones, con un etcétera muy largo y quejumbroso. Yo mismo no recuerdo alguna de las ausencias del cañonazo, aunque las hubo.

El cañonazo, ese que advertía desde hace ya mucho que se cerraban las murallas que rodeaban la ciudad, dejó de sonar muy pocas veces. Todavía hay quien recuerda que en 1902, el 18 de septiembre, el sonido demoró 30 minutos y se armó un revuelo enorme en la ciudad; y después y durante unos años, aquellos de la segunda guerra mundial, también hicieron desaparecer el retumbar que advertía a los capitalinos que el reloj marcaba las 9:00. Y más tarde hasta existieron quienes usaron el sonido, la advertencia, para sintonizar en la radio aquel programa musical al que llamaron “Nocturno”.

Y no sabremos, en este país de tantos misterios, las razones del retardo en La Cabaña, no sabremos la verdad, solo podremos suponer que al soldado designado para hacer sonar el cañonazo lo acosaron unos muy fuertes retortijones de estómago, y se armó la “embarradera”, el mal olor, las risas y el nerviosismo que pusieron en jaque la ceremonia y la advertencia que esperamos todos en La Habana o que, al menos, reconocemos. El cañonazo no sonó en su hora, ni siquiera para esos que pagaron ocho CUC para ver la formación uniformada y su despliegue, el fogonazo, el sonido que retumba y que la ciudad entera aguarda.

Hoy se retardó el sonido y no supimos el por qué, todo quedó en el terreno de las suposiciones, y no supimos si algún “hombre importante” murió en la Isla y no quisieron molestar el comienzo de un sueño eterno, no supimos nada, no sabremos nada; así sucede siempre en esa Isla de mentirillas y mentirotas. Nadie supo, y es posible que no se sepa nunca la verdad de tal retardo. Y quizá fue culpa de Humberto López, ese triste palabrero trasnochado que habló hoy del periodismo independiente en Cuba y de quienes lo ejercen. Será que Humberto pidió que silenciaran La Habana, que hicieran desaparecer el disparo, porque un disparo es cosa tremendamente seria y podría robarle la atención que precisaba para denigrar él solito, y sin interrupciones, al periodismo independiente.

Él pudo sugerir el silencio para hablar de pagos, de dineros “espurios”, de periodistas “fraudulentos”, de “escribidores sin alma”, de “mercenarios”. Él quería silencio para denigrar a Camila Acosta, a Iliana Hernández, a Carlos Manuel Álvarez, a Yoani Sánchez, para que se escuchara la voz de Maykel González Vivero hablando de su encuentro con Priscila, para escuchar a José Jasán Nieves mencionando a Pablo Eppelin y a Tanya Tjzer de USAID. Humberto quería hablar de millones y millones de dólares, tantos como 500, para subvertir, para traicionar a la patria; esa “patria”, y su gobierno, ese gobierno que nos traicionó hace ya muchos años y que ahora nos vuelve locos con desapariciones de monedas que legitimaron ellos hace ya tiempo, y que ahora nos arrancan de las manos para financiar sabrá Dios qué cosa… para financiarse ellos mismos, sabrá Lucifer qué perversiones. Un cañón, muchos tanques…

Es tan curioso que se aparezcan hoy con esta “nueva” tan vieja, tan enferma y desquiciada. Y quizá todo es más simple de lo que pensamos, quizá no buscan otra cosa que crear estados de opinión que legitimen represiones a supuestas traiciones, quizá pretenden simular estados extremos, tan extremos que parezca que se avecina una invasión, una guerra, una hecatombe a la que se puede enfrentar con una conga callejera, y con denuestos, con encierros, con larguísimas prisiones a quienes se opongan, a quienes se enfrenten.

Hoy el cañonazo fue más tarde, mucho más, y mañana “Mala Fe” podría cantar a la prensa independiente alguna letra desquiciada de Virulo el virulento. Mañana alguien podría hablar de cerditos, de carneritos que cuida cada día como si fueran sus hijos y que luego los come, como come el poder, como despedaza el poder a quien se le opone, a quien lo denuncia, a quien lo pone en evidencia, en medio de un gran “peligro”. 

Mañana, pasado, un día de estos, el poder podría hablar de “estado de excepción” y sacar los cañones a la calle y disparar a quien se atreva a contradecirlo, a enfrentarlo. La prensa independiente puede ser solo el inicio. La prensa independiente los enfrenta y por eso es una afrenta. Mañana las cosas pueden ser peores, y la gente está muy preocupada por salarios y precios, por la carne de cerdo para el fin de año, lo que no le permitirá prestar más atención a unos cuantos periodistas traidores que “ponen la cosa mala”. Mañana, pasado, un día de estos, el cañonazo podría sonar a las 9:00, a la 10:00, para indicar el encierro, el toque de queda tan conocido en nuestra América, esa que es más que un programa televisivo para el cine regional. Mañana podría ocurrir cualquier cosa, y quizá los cañones salgan a la calle a intimidar, a callar a periodistas, a cualquiera. 

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