Cubanas: hoy es tu día. ¡Basta ya!

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Foto archivo

MIAMI, Estados Unidos.- Un agente de la raza blanca de la Policía Nacional Revolucionaria le suena una bofetada a una mujer de la raza negra en medio de la calle, en una cola en Inquisidor y Luz –una imagen contradictoria– rodeados de gente con teléfonos –léase cámaras móviles–. Los segurosos la agreden, un joven sale en su defensa, se arma el escándalo, a la golpeada negra se la llevan detenida; al policía blanco no le pasa nada.

Si eres una mujer negra cubana, en Cuba, te tratan como si fueras ciudadano de tercera categoría. Te golpean, te empujan, te agarran por el pelo y te arrastran, te dejan sin techo, te amenazan con la potestad de tus hijos, te ultrajan. Demos por sentado que eso mismo le pasa a cualquier cubana o cubano, sea negro, mulato, chino o blanco. Pero si eres una mujer afrodescendiente cubana, ni Ochún, ni Yemayá, ni Oyá, que también son afrodescendientes, pueden resolverte nada en ese calvario de orates.

En este día no quiero hablar de nuestros logros y adelantos, de nuestra diversa y valiente historia como suelo hacer. No quiero hablar de los últimos 100 años, sino de los próximos 100, o 50… me conformo con los próximos 10. Aunque, para enfocar el futuro tendré que dar un pasito atrás para refrescar la memoria de aquello que, en general, no se tiene muy en cuenta: los feminicidios en Cuba.

La cifra de mujeres cubanas víctimas de feminicidio entre 2013 y 2019 en nuestro país fue de 129, 18.4 casos por año. En 2020, según la plataforma YoSíTeCreoEnCuba, la cifra fue de 32: 29 mujeres adultas y tres menores de edad. Esta mortalidad femenina no la tienen en cuenta ni la Federación de Mujeres Cubanas, ni el CENESEX –que hasta el otro día negaba que en Cuba hubiera feminicidios–, ni la Asamblea Nacional del Poder Popular, ni la Comisión Permanente de Atención a la Niñez, la Juventud y los Derechos de Igualdad de la Mujer (de la propia Asamblea), ni el Ministerio de Salud Pública, ni el Ministerio de Justicia.

Eso, a pesar de que Naciones Unidas alega que las incitaciones más comunes de los hombres violentos implican sentimiento de posesión de la mujer, el control sobre su cuerpo, deseo y autonomía, limitación de su emancipación (profesional, económica, social o intelectual) y desprecio por su condición de género. Además, llevamos más de un año hablando, y todas las agencias internacionales, la prensa y los centros de estudios de género denunciando, que la pandemia y el confinamiento han aumentado la violencia de género específicamente contra las mujeres en todos los países del mundo.

Estas instancias del gobierno cubano son cómplices indolentes de la prórroga dada –hasta el 2028– a la adopción de una Ley Integral contra la Violencia de Género, solicitada por escrito a la Asamblea por 40 feministas cubanas afiliadas a algunas de las entidades feministas que han surgido en los últimos años, como la Red Femenina de Cuba, Alas Tensas, Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTC), la Alianza Cubana por la Inclusión, la Red Defensora de los Asuntos de la Mujer (Redamu), y el recientemente fundado Observatorio de Feminicidios en Cuba.

Y ahora, vayamos al futuro. ¿Qué harán las mujeres cubanas para protegerse a sí mismas y a sus hijas e hijos en los ocho años que faltan para que su gobierno –su desgobierno– tome cartas en el asunto y apruebe esa ley integral? ¿Cuántas cubanas más tendrán que morir asesinadas por sus ex maridos o ex parejas? ¿Cuántas niñas y niños tendrán que ser tasajeados junto a sus progenitoras? ¿Cuántas barrigas más han de malograrse cuando la víctima de feminicidio sea otra mujer embarazada? ¿Cuántos y cuántas menores de edad más quedarán huérfanos, traumados y vulnerables por los crímenes de género?

Cuando el pasado 3 de febrero Vertrudiz Juez Acosta, de 48 años, fue asesinada por su pareja, dejó atrás a una hija y a una nieta; ellas quedan traumadas para toda la vida, porque de esa violencia no hay sobreviviente que se recupere. Cuando el 13 de enero Virgen Leyva Espinoza, de 23 años, fue asesinada por su pareja en Holguín, dejó atrás a una niña de dos años. Cuando el 3 de mayo de 2020 la embarazada Yineidy Alcántara Romo fue asesinada en Güira de Melena, su bebé de cinco meses de gestación también murió. Cuando el 16 de abril de 2020 fue asesinada por su pareja Yamika Guerra Espinosa en su hogar, en Las Tunas, sus dos niñas, de dos y cinco años, también fueron asesinadas.

¿Y qué decir de las dos niñas de Gisel Iznaga Graberán, heridas durante el asesinato de su madre a manos de su pareja el 18 de junio de 2020 en Artemisa? ¿Cómo se recupera una hija o un hijo en cuya presencia se ha asesinado a la autora de sus días? “Mi papá mató a mi mamá en casa”. “Mi padrastro asesinó a mi mamá a cuchilladas delante de mí y de mi hermana”. ¿Cómo se sosiega la mente de una criatura que ha presenciado el feminicidio de su madre o de su abuela?

A razón de 32 cubanas víctimas de feminicidio que hubo en 2020, en los ocho años entre 2021 y 2028 pueden morir asesinadas, como mínimo, 256 mujeres. ¿Cuántos niñas y niños quedarán huérfanos? ¿También sin padre o padrastro cuando ellos se suiciden o vayan a la cárcel? ¿Traumados y enajenados? ¿Desvalidos, quizás solos en el mundo, o pasando trabajos con una abuela o una tía, y hasta quizás separados? ¿Creciendo mental y físicamente mutilados?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “el maltrato emocional [de un menor] se produce cuando un cuidador no brinda las condiciones apropiadas y propicias e incluye actos que tienen efectos adversos sobre la salud emocional y el desarrollo del niño”. Ser testigo del asesinato de una madre por el padre o padrastro del menor, algo que dinamita totalmente la integridad y estabilidad del hogar, ciertamente califica como “acto con efectos adversos sobre la salud emocional y el desarrollo del niño”.

Un estudio realizado en 2016 por la Universidad de México indica que “El abuso psicológico/emocional del niño consiste en actos no accidentales, (…) realizados por un progenitor o un cuidador (…), que provoquen o generen una probabilidad razonable de causar un daño psicológico en el menor (no incluidos el maltrato físico, ni los abusos sexuales).(…) Esta forma de abuso también puede ser definida como el conjunto de actos que obstaculizan el desarrollo de las necesidades emocionales básicas del menor…”.

¿Cuántos centros psiquiátricos de ayuda a los menores de edad existen en Cuba? Según el Informe sobre el Sistema de Salud Mental de la República de Cuba realizado en 2011 por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, de los 421 centros ambulatorios de salud mental, solo el 3.5% (14) eran para niños y adolescentes; 20 de los 286 hospitales cubanos son pediátricos (el 7%), y el 32% de los pacientes que se atienden en ellos son niñas y adolescentes del sexo femenino.

No queda claro cómo y dónde se trata el conjunto de traumas que resultan de la violencia de género y los feminicidios. Me gustaría pensar que se atienden en los hospitales pediátricos, o en los centros ambulatorios de salud mental. Me pregunto si al niño Elián González, que vio ahogarse a su madre en altamar, le hicieron tratamientos psiquiátricos al regresar a Cuba. La muerte de Elizabeth Brotons no habrá sido un feminicidio, pero para un niño de cinco años semejante imagen y realidad impactan para toda la vida.

Entre tanto, si el gobierno cubano no se concientiza, no habrá ley integral hasta 2028 o 2029. Las cosas en la isla siguen empeorando en todo sentido. La vida de las cubanas, de cualquier edad también.

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