¿De dónde viene la libertad?

MONTANA, Estados Unidos. ─ Guerreamos y luchamos en defensa de la libertad. Exponemos con orgullo los documentos fundacionales que formulan nuestras libertades como derechos inalienables, pero ¿de dónde viene la libertad?

Una respuesta fácil es que nuestras libertades provienen de Dios. Pero es insatisfactoria porque lleva a preguntas como ¿por qué un Dios amoroso  no ha permitido que florezca la libertad en la mayor parte de su mundo? Según el informe Freedom in the World (Freedom House, 2019), en este mundo de 7 600 millones de habitantes, solo el 39 por ciento es libre, 24 por ciento es parcialmente libre y el 37 por ciento restante no lo es. Es decir, 4 600 millones de personas no son libres o solo parcialmente libres.

Creemos que la libertad es una aspiración de todos los seres humanos. Sin embargo, la libertad ha sido históricamente rara y sigue siendo escasa. Como señalaron Daron Acemoğlu y James Robinson en su último libro El pasillo estrecho, “…no hay nada espontáneo en el surgimiento de la libertad, ni ha sido fácil de lograr en la historia humana”.

La mayoría de las sociedades no han logrado desarrollar un Estado con capacidad para hacer cumplir las leyes, proporcionar servicios públicos y a la vez permanecer bajo el control de una sociedad enérgica y bien organizada. Abundan los estados poderosos, pero muchos de ellos usan el poder para la represión y el dominio, y no para promover las libertades individuales.

Un tema central en la tesis de Acemoğlu y Robinson es que la libertad necesita del Estado y sus leyes, pero la sociedad necesita controlar al Estado para que proteja y promueva las libertades individuales. “La libertad necesita una sociedad movilizada que participe en la política, proteste, y vote… Para que la libertad surja y florezca deben ser fuertes tanto el Estado como la sociedad”.

La libertad no viene del gobierno. Pero como se hace necesario tener un gobierno que haga cumplir las leyes, la libertad debe surgir del equilibrio de poder entre el gobierno y la sociedad. La libertad depende críticamente de este balance. Si la sociedad no puede influir en las políticas del Estado, se desarrollará el despotismo.

Pero ¿por qué hay tantas sociedades sometidas, incapaces de hacer valer sus derechos y de cambiar el rumbo hacia la libertad? Otra respuesta fácil sería culpar al poder represivo que tienen los regímenes. Sin embargo, una explicación más incisiva es apelar a lo que científicos sociales llaman “dependencia del camino”. En esencia, la dependencia del camino explica cómo las decisiones que enfrentamos en cualquier circunstancia dada están limitadas y enmarcadas por las decisiones que hemos tomado en el pasado, o por los eventos que hemos experimentado, aunque las circunstancias pasadas ya no sean relevantes. Es una forma técnica de decir “la historia importa”.

Considere este ejemplo práctico de dependencia del camino. Si usted piensa actualizar su software de procesamiento de texto o contabilidad, el nuevo software debe ser capaz de leer sus viejos archivos. Si no puede hacerlo, no le servirá. La compra del nuevo software depende del camino anterior.

La historia importa, pero la historia no es destino, como pensaba Marx. La historia es el resultado de nuestras acciones, y la dependencia del camino no impide que las sociedades hagan transición de un camino a otro. Pero tal transición requiera la movilización de la sociedad. Es por eso que los gobiernos despóticos buscan mantener sus sociedades fragmentadas y enfocadas en asuntos triviales.

La libertad no garantiza que tomemos las mejores decisiones para nuestras vidas, solo nos asegura que nadie decidirá por nosotros. Aunque la evidencia muestra que la libertad individual es la condición necesaria para el bienestar de la sociedad, no existe la tendencia natural de que los gobiernos protejan las libertades individuales. Como enseñó el teórico político Juan Bautista Alberdi (1810-1884): “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”.

La libertad está íntimamente asociada a nuestra noción de derechos, y necesita de una sociedad civil organizada en torno a la idea de los derechos individuales. Otra forma de decirlo es que la libertad emana de nosotros.

El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”.

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