Declaración: Principios y valores de la revista El Estornudo

Sabemos algo. El periodista es un atleta y el periodismo es tanto un sprint, intuitivo y transparente, como una carrera de fondo, narrativa y reflexiva.

Estamos convencidos de que las oficinas y los mandamientos derivan en artrosis, de ahí que vayamos en busca de la gente, del ciudadano, en cualquier punto de Cuba, Latinoamérica, el mundo.

Todo poder es en principio controvertible, y por ello se hacen necesarios la vigilancia, la fiscalización, la investigación, la exposición libre de los hechos y las opiniones, el derecho de réplica, el debate abierto y complejo en torno a cualquier instancia de poder: sus discursos, sus prácticas, sus estructuras, y las consecuencias de estos en los ámbitos político, económico, social.

En las condiciones de Cuba, asumimos como nuestra premisa más elemental algo que tal vez parezca, visto desde otros sitios y otras circunstancias, un pleonasmo: nuestro derecho a publicar y a ejercer libre y responsablemente nuestra profesión. Nuestro derecho a existir.

Nuestra voluntad de estilo es plural y vigorosa, pero jamás desplazará en nuestra escala de prioridades a nuestra vocación de servicio público y nuestro compromiso con la verdad, que se funda en hechos —los cuales se investigan, se comprueban y se exponen honestamente—, aunque puede —y no debería ser de otro modo en la esfera pública emancipada y deliberativa a que aspiramos— examinarse a la luz de muy diversos puntos de vista interpretativos.

En virtud de ello, no plagiamos, y abogamos por la atribución clara en nuestros artículos de hechos y opiniones. Confiamos en que el apego a las bases del oficio no limita, sino que nutre y sustenta las posibilidades creativas de nuestros autores.

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En sentido estricto, no somos solo una revista periodística. Nuestro interés en pensar lo real nos empuja con mucha frecuencia hacia aguas más o menos profundas de la reseña, la crítica y la investigación literarias y artísticas, así como a otras formas de la reflexión intelectual contemporánea. Creemos que hay en ello, digámoslo así, una aspiración ultraperiodística.

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A fin de obtener un testimonio jamás nos presentamos de manera engañosa: indicamos que somos parte de una revista digital cubana independiente de periodismo narrativo, El Estornudo, y consignamos nuestro interés específico vinculado al trabajo que estamos realizando en cada momento. También practicamos la observación y la observación participante como técnicas para obtener información que tributan, especialmente, a géneros como el reportaje, la crónica y el ensayo de tema social.

Aseguramos que no obtenemos testimonio o información de ningún tipo mediante pago, amenaza moral o física, o extorsión.

Aspiramos a ser transparentes, y a que la transparencia sea forma, contenido y, sobre todo, actitud política en nuestra revista.

Nos relacionamos con nuestras fuentes de acuerdo a los estándares internacionales de la profesión, que incluyen las siguientes definiciones y gradaciones: on the recordon backgroundon deep backgroundoff the record.

Jamás agregamos o eliminamos contenido para alterar la verdad de los hechos o el sentido en las declaraciones de nuestras fuentes. De igual modo respetamos la integridad de sentido en audios, videos y fotografías correspondientes a reportes propios o ajenos que publicamos en nuestra revista. Eso sí, interpretamos la realidad a partir de dichos insumos.

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Respetamos el derecho a solicitar anonimato por parte de nuestras fuentes, pero intentamos siempre consignar nombre y cargo reales. Para ello realizamos el máximo de nuestras gestiones, siempre que tal identificación no implique riesgo crítico para esas personas. 

Aun en condiciones totalitarias y de represión a la prensa independiente, nuestro deseo es recurrir lo menos posible al anonimato de autores o de fuentes. Insistimos siempre en este principio editorial. Pero a la vez somos sensibles a la necesidad de amparo físico, psicológico y moral de ciertas personas que, con frecuencia, insisten en solicitar protección de su identidad. Los reporteros y, en última instancia, los editores evaluarán en cada caso si conviene publicar un testimonio anónimo o bien prescindir del mismo. La decisión deberá justificarse según criterios de lógica y coherencia interna en cada trabajo y, por supuesto, de relevancia pública.

Respetamos la privacidad de las víctimas y, siempre que sea el caso, la voluntad expresa de manejar su dolor íntimamente. También somos muy sensibles ante la posibilidad de riesgos para la vida, traumas de diverso tipo, y represalias físicas, legales, etc., contra personas que se constituyen, de alguna manera, en protagonistas de nuestro trabajo.

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Empleamos fuentes anónimas solo para obtener informaciones, datos y acceso a documentos legítimos, todos lo cual además deberá ser contrastado con otras fuentes activas o pasivas antes de la publicación. No publicaremos conjeturas u opiniones de fuentes anónimas, aunque estas puedan usarse como resorte o brújula investigativos.

Igualmente, consagramos un esfuerzo especial de verificación cuando se trata de información anónima de carácter muy grave o vital para personas naturales o jurídicas en un contexto dado.

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Recurrimos a más de una fuente activas y/o pasivas (por regla general, tres o más fuentes, sin relación directa entre ellas) para verificar un hecho, siempre que no se trate de testimonio de primera mano o de figura especialmente autorizada (en entrevista) sobre el tema o el hecho en cuestión. En estos últimos casos la atribución deberá ser clara (nombre y cargo u ocupación).

Cuando se trate de un documento que proviene de una fuente anónima, deberá comprobarse por todos los medios la legitimidad del mismo antes de publicar su contenido o parte del mismo (análisis del contexto y de la cercanía o niveles de acceso del facilitador al documento, etc.). El reportero deberá describir cómo obtuvo dicho documento hasta donde sea posible sin perjudicar el anonimato del facilitador.

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Cuando se cita de otro medio, se realizará atribución clara y directa, luego de un escrutinio cuidadoso de esa fuente mediática: reputación general, historial de coberturas del medio citado, nivel de especialización en el tema específico… En situaciones especialmente sensibles (por ejemplo, información anónima desvelada por ese otro medio; o bien, debido a las implicaciones contextuales o las probables consecuencias de la reproducción del material reproducida), los editores de El Estornudo deberán incluso ponerse en comunicación con sus contrapartes del medio en cuestión para solicitar confirmación de palabra.

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El Estornudo —en tanto equipo formado por cada uno de sus componentes, pero bajo la responsabilidad específica de sus editores— aparecerá como autor de los editoriales. Los mismos aparecerán en la revista solo eventualmente, cuando así lo decida el staff. También aparecerá como firma de un texto cuando se prefiera ceder protagonismo a piezas como reportajes o ensayos fotográficos, ilustraciones o videos.

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En nuestra propia composición desafiamos uno de los conceptos más nocivos de la nación (cubana), uno de los que más reciamente nos ha golpeado y el que, a pesar de su evidente porosidad, las huestes adoctrinadas más esgrimen como definitivo: la territorialidad.

Contamos la isla de Cuba, pero sabemos muy bien que Cuba, por suerte, está ya en muchos otros sitios, y que es muchas otras islas. Creemos que a pesar de todo lo que se ha dicho, o quizás justamente por eso, aún queda todo por decir.

La revista es itinerante, deslocalizada, integradora de visiones y de contextos, tal como lo es la propia geografía emocional e intelectual de Cuba. Además, consideramos que Latinoamérica y su diáspora norteamericana son esencialmente parte de nuestro territorio existencial y profesional.

No nos limitamos a calificar; el desafío consiste en (de)mostrar. Narrar la vida social tanto como la vida interior de los individuos: la vida es siempre subversiva.

Nombrar las cosas, las personas; una vez más, narrarlas. Pensar y escribir honestamente es nuestra posición política.

Aspiramos a ser justos. Toda justicia social comienza por nuestros actos diarios. Comienza y también culmina en el modo de observar, analizar y presentar la realidad.

Lo anterior nos compromete a procurar, hasta el máximo de nuestros esfuerzos, opiniones y reacciones de aquellos a quienes cuestionamos o impugnamos. Aceptamos el debate público e incluso otorgamos derecho de réplica siempre que la discusión se realice con altura de miras, centrada en el objeto en cuestión y sus efectos, y para el mejor aprovechamiento de la esfera pública y la conversación democrática en Cuba o en cualquier otro contexto.

Igualmente, cuando incurrimos en errores relativos a hechos debemos enmendarlos con la mayor agilidad posible, y reconocerlo públicamente en nota al final del texto corregido.

Si creemos en la verdad y en la ebullición infinita e infinitesimal de las opiniones, por ello mismo no prometemos la imposible objetividad que predican las academias. El autor se escribe a sí mismo mientras escribe al prójimo. El prójimo —el ciudadano— es ya en principio alguien que escribe.

La honestidad es esa angosta tierra del deseo en que se cruzan el compromiso con el lector, la fidelidad a los hechos y a las fuentes, el análisis estricto y la libertad creativa.

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Quizá valdría ser aún más explícitos en este sentido: básicamente, intentamos reflejar en nuestros textos una igualdad genuina y efectiva de oportunidades entre individuos de diferentes géneros, identidades sexuales, credos, razas, origen étnico o cultural, y somos críticos con el irrespeto a las libertades para la realización plena de estos.

Asimismo, nuestra revista está abierta a colaboraciones sin que constituyan limitante esos distingos en la persona del autor.

Rechazamos toda discriminación por los motivos antes dichos. En principio, tienen cabida todas las tendencias analíticas y todas las opiniones sobre la realidad social, siempre que el autor no propugne la violencia injustificada, en especial, contra quien se encuentra en desventaja; siempre que no atente directamente contra la dignidad del individuo particular, o exprese ideas xenófobas, racistas, homofóbicas, difamatorias en sentido explícito. Comprendemos además que existen diferencias de grado y responsabilidad entre sujetos particulares y figuras públicas o investidas de poder.

En tal sentido, repetimos, el análisis de los dichos y los hechos y sus probables efectos en un contexto específico, así como la comprobación de las fuentes resulta fundamental.

Sin embargo, no estamos interesados en practicar puritanismos, ni en ser presas de relativismos bizantinos. Declaramos que nos interesa más bien herir ciertas sensibilidades públicas y airear ciertas carnes pudendas que en Cuba han permanecido demasiado tiempo en salmuera. De ahí que la interpelación corrosiva e incluso la «ofensa» —cuyo límite es siempre difuso— y su ejercicio creativo no estén taxativamente vedadas en nuestra revista (en tanto no sea lacerados los principios antes expresados). Los editores —en diálogo con los autores— serán los encargados de ponderar determinadas expresiones bajo criterios consensuados tanto de justicia (social) como de pertinencia pública y efectividad lógica y/o estética.

Para la aceptación de una colaboración en nuestra revista importan el respeto a los valores y principios enunciados en esta Declaración, así como la calidad estética y la observación de los estándares básicos del periodismo, compartidos por medios líderes a nivel internacional. El juicio sobre la eventual publicación de cada texto especifico es responsabilidad de los editores.

Estéticamente, nuestro principal enemigo es el énfasis, la estridencia propagandística. Nuestro principal enemigo es el aburrimiento, la aridez estética, el blanco y negro.

Por definición, no desestimamos ningún tema, ningún ángulo del acontecer, ningún suceso.

Intentamos privilegiar géneros narrativos como el reportaje, la crónica o el perfil, aunque también rompemos lanzas en/por otras formas periodísticas o literarias: la entrevista, el ensayo, la columna o el artículo de opinión, el fotorreportaje o el ensayo fotográfico.

Incluimos lenguajes multimedia porque buscamos hacer más atractivos, profundos y completos nuestros contenidos, y porque apostamos, en tanto revista digital, por la comunicación en red y su potencial crítico.

Ergo, usamos las redes sociales y, en general, las plataformas digitales para difundir nuestros contenidos e interactuar con nuestros lectores.

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No existe otra posibilidad que la más irrestricta independencia editorial. Ninguna fuente de sustento económico ejercerá influencia determinante en el proceso interno —dialogante, deliberativo— que juzga aquello que es, o no, apto para publicar.

Nuestros periodistas y demás miembros del staff no aceptarán favores, obsequios o donativos de ningún tipo a cambio de injerencia en la realización de su trabajo o de ascendencia en el producto final del mismo. Tampoco realizarán en El Estornudo proselitismo político oficial, ni propaganda a favor de partidos políticos. Los actores políticos se enjuiciarán y representarán con arreglo a los hechos y las fuentes, o bien a partir de la opinión informada y el examen crítico y soberano de cada periodista o colaborador.

Por supuesto, actores políticos, activistas de derechos humanos y otros miembros de la sociedad civil pueden colaborar en la revista en tanto autores de artículos de opinión, ensayos, textos artísticos, etc., donde presenten sus puntos de vistas. Por supuesto, esas opiniones pueden ser sometidas a crítica y réplica dentro de la propia revista.

No aceptamos homilías totalitarias, ni arengas insustanciales, ni diatribas propagandísticas, ni burdas apologías de regímenes dictatoriales y/o violentos en tanto tales. En cada caso, los editores se reservan el derecho de publicación.

Evitamos los conflictos de intereses. Nadie —persona o corporación de cualquier naturaleza— queda eximido de convertirse en objeto de nuestro enfoque crítico e investigativo si ello resultara de interés público (teniendo en cuenta, en primer lugar, nuestra vocación de servicio y los intereses de nuestros lectores). Solo consideramos la pertinencia de una historia a la luz de nuestra línea editorial y de los valores noticiosos compartidos dentro de la profesión.

Un principio como el anterior se sustenta en un hecho genésico: El Estornudo nació como un emprendimiento de jóvenes profesionales del periodismo en Cuba —amigos y conocidos todos que compartían una particular circunstancia histórica y a la vez un momento de iniciación vital— sin ánimo fundamental de lucro. De ahí que la revista se lanzara, creciera y se hiciera conocida (e incluso premiada) dentro del ámbito hispanoamericano, durante más de dos años, en ausencia total de recursos financieros.

Por tanto, la revista existe y funciona bajo total gestión de sus componentes activos en diálogo con sus colaboradores.

Pese a las tenaces dificultades que impone el contexto cubano (que incluyen la censura directa de nuestra web, la difamación en medios oficiales y la represión contra nuestros reporteros y editores), nos identificamos con la mejor tradición del periodismo latinoamericano y global, en especial las vertientes narrativas y de investigación.

Buscamos incesantemente ampliar nuestro alcance temático, así como perfeccionar nuestros modos en el tratamiento del acontecer. Por ello, permanecemos atentos a la agenda pública internacional, así como observamos las mejores prácticas y participamos de la conversación sobre el oficio en cualquier parte del mundo.

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La responsabilidad en el cumplimiento de estos principios es a la vez individual y colectiva. Ello significa que los principales vigilantes del respeto a los mismos son los editores de la revista. Pero, además, que cada miembro del staff es garante de la calidad y de las normas vigentes.

Por supuesto, las normas derivadas de nuestros principios podrán ser eventualmente sometidas a análisis colectivo y reformuladas siempre que la mayoría del equipo esté de acuerdo y siempre que no comprometan nuestra independencia editorial y nuestra voluntad de servicio público, así como nuestra identificación con los valores cívicos, democráticos y de genuina justicia social. (Una versión inicial del entusiasmo programático contenido en esta Declaración puede leerse en nuestra «Breve carta de presentación»).

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