Denis Solís, el marginado

«Uno, ¿quién lo mandó a usted a pasar sin pedir permiso?», fue lo primero que le dijo el rapero contestatario Denis Solís, de 31 años, al oficial de la policía que entró en su vivienda sin llamar a la puerta mientras él reposaba sobre un sofá.

«Esto es un pasillo», dijo el oficial, pero Denis corrigió: «Esto no es un pasillo; es una casa. Yo le pido ahora que se retire de la puerta para afuera. Y tiene que contar con mi permiso, si usted pasa o no a mi casa. Por favor, ¿se puede retirar un momentico para afuera? Para después yo pedirte, exigirte una explicación de por qué tú me estás molestando a mí, cuando yo, que yo sepa, no he matado a nadie, ni he roto una puerta, ni he robado…»

Fue entonces cuando Solís, quien había recibido amenazas de la Seguridad del Estado a través de llamadas telefónicas, perdió la compostura. A partir de ahí comenzó a proferir insultos homofóbicos hacia el oficial, que lo fotografiaba pacientemente con un teléfono celular mientras se retiraba.

«Mi presidente es Donald Trump»; «Trump 2020»; «Yo no creo en ti; usted es un penco envuelto en uniforme», fueron algunas de las cosas que Solís gritó al uniformado. Tres días después fue detenido arbitrariamente y enseguida acusado de «desacato» en un juicio express donde no se cumplieron todos los procedimientos de forma transparente, según refleja el habeas corpus presentado cuando ya el proceso había concluido.

Cinco días después del enfrentamiento verbal con el policía en el interior de su casa, en la Calle Paula de La Habana Vieja, el joven músico ingresó al penal de Valle Grande, ubicado en el oeste de la capital cubana para cumplir una sentencia de ocho meses de prisión.

«Buenas tardes. Yo soy el tío de Denis. Quiero decir que nadie lo conoce mejor que yo porque fui un padre sustituto para él. Yo lo crie desde los 12 años, cuando su madre murió por una negligencia médica. Hay muchos factores por los cuales Denis se expresa así; hay muchas cosas que lo han golpeado en la vida», afirmó en un video publicado en las redes sociales.

Denis Solís / Foto: Facebook de Denis Solís

Su padre, Ángel Manuel Solís Torres, al igual que muchos cubanos, se fue de la isla en agosto de 1994, durante la Crisis de los Balseros, y nunca se volvieron a tener noticias suyas. «Para mí fue crecer con un gran faltante en mi vida. Eso me hizo sentir diferente a la inmensa mayoría que crece con sus padres. Me hizo sentir excluido del mundo: en soledad», contó Solís a Cibercuba.

Tras una infancia dura en el corazón de La Habana Vieja, donde los turistas se pasean haciendo fotos a edificios en ruinas mientras los niños piden chicles o dólares, Denis tuvo que poner en marcha su mecanismo de supervivencia: primero, se graduó de enfermero, pero enseguida adquirió un bicitaxi para pedalear por el plato de comida que no le garantizaba su salario como profesional. También ejerció como guía turístico, y ayudante de taxistas y de construcción.

Su tío continuó: «Ellos saben que Denis es un hombre pacífico; ellos saben que no tiene nada que ver con violencia. Hay muchas cosas que yo desconocía, que me enteré por la familia, como que fue ofendido por la Seguridad del Estado. Entonces yo quiero decir que realmente estoy muy preocupado por la vida de mi sobrino hijo. Él es enfermero, él sabe idiomas, él es un muchacho bueno (…) Yo les pido a ellos que no lo maltraten (…) Basta ya de tanto abuso, de tanto acoso en esta casa de Paula 105 que es mi casa, a la que han entrado sin permiso y sin papeles a hostigar a mi familia. Estoy cansado ya de tanta maldad. Está bueno ya de abuso, que hemos sufrido mucho en la vida, por solo estar aguantando».

Denis Solís comenzó a pronunciarse públicamente contra el Gobierno cubano en 2016, cuando las autoridades decomisaron su bicitaxi, por lo que el 29 de marzo de ese año decidió manifestarse en la zona wifi de San Rafael y Galiano con un saco a modo de pulóver que llevaba escrito: «El Gobierno me quitó el bicitaxi del cual vivo, basta ya».

Por ese motivo Solís ingresó al penal de Valle Grande el 13 de abril de 2016, donde permaneció dos meses. «Desayunábamos chocolatín y un pedazo de pan que se te quedaba pegado en los dientes. (…) Si me encierran de nuevo, a morirse. No tengo miedo. Si tengo que ir de nuevo, voy, y si tienen que matarme, también me sirve», recordó sobre su estancia en prisión en una conversación con Cibercuba este verano.

Tras salir de la cárcel consiguió un boleto de avión y un permiso para viajar a Trinidad y Tobago, pero en Panamá, donde su vuelo hizo escala, le fue negada la entrada y lo regresaron a la isla.

El pasado 10 de octubre el nombre de Denis Solís apareció nuevamente en varios reportes de la prensa independiente, pues fue arrestado por la Seguridad del Estado cuando intentaban acudir a un concierto por la no violencia en la sede del Movimiento San Isidro, el mismo sitio donde hoy languidecen varios de sus amigos en huelga de hambre.

Nueve días después el músico tomó una decisión radical, asfixiado por la represión policial se tatuó en el pecho las palabras «Cambio Cuba Libre». «Comunistas, ahora sí me van a tener que arrancar la piel del pecho», escribió después en su perfil de Facebook, una declaración inadmisible para las autoridades de la Isla.

Los primeros días de este noviembre Denis permaneció encerrado en su casa pues un grupo de agentes policiales vestidos de civil rondaban su casa con el objetivo de darle caza, lo que consiguieron el día 9, cuando tras una semana de asedio, Solís tuvo necesidad de salir a la calle.

«Al él salir lo cogieron brutalmente tres hombres de la Seguridad del Estado en un Ladita rojo, le metieron la cabeza contra el carro y lo metieron preso. Desde ese día para acá no hemos sabido nada de él. Dicen que está en el Vivac, otros dicen que no está ahí, y es el peloteo que tienen con los familiares”, afirmó el 12 de noviembre su primo, testigo de la detención.

Dar con el paradero de Denis no fue sencillo. La curadora de arte Anamely Ramos se presentó en la estación policial de las calles Cuba y Chacón para indagar, pero tras unas imprecisas explicaciones, en las que le insinuaron que había sido enjuiciado, la arrestaron sin justificación alguna.

El 16 de noviembre, en respuesta al habeas corpus presentado por los integrantes del Movimiento San Isidro, la Sala de Delitos Contra la Seguridad del Estado en función de lo Penal del Tribunal Provincial de La Habana indicó que el juicio contra el detenido se había realizado el día 11, ocasión en que se impuso la sentencia y se ordenó su traslado al reclusorio de Valle Grande «en prisión provisional dispuesta en el acto de juicio oral».

El jurista cubano Eloy Viera Cañive señaló en un texto publicado en El Toque que el delito de «desacato», por el cual se condenó a Denis Solís, es considerado por «gran parte de la doctrina mundial y algunos de los más importantes organismos internacionales de derechos humanos» como incompatible con la libertad de expresión, por lo que se recomienda su eliminación de los ordenamientos penales.

Mientras tanto, es una de las ocho modalidades delictivas más utilizadas para enjuiciar en los tribunales municipales cubanos.

Otro dato revelador es que, si bien la actitud de Solís puede considerarse violatoria del Código Penal cubano, también los actos del policía pueden ser juzgados por «violación de domicilio», más aún cuando ese precisamente fue el desencadenante de la respuesta de Solís.

Además, los funcionarios u oficiales cubanos «que amenazan y detienen a activistas, artistas, periodistas independientes y opositores, sin más razones que su credo político, están cometiendo infracciones reconocidas en el mismo documento», apuntó también Viera Cañive.

Denis Solís es un muchacho que perdió a su mamá, que perdió a su papá, que estudió enfermería, pero no le alcanzó el salario, que trató de irse del país, pero lo regresaron a la isla antes de llegar a su destino, que ha sido víctima de constantes ilegalidades, y que en sus 31 años no ha encontrado justicia en Cuba

Ahora, algunos como el exministro de Cultura y actual presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, dicen que Denis Solís no es «artista», sino un «marginal».

Denis Solís, marginado desde niño, ya sabía eso último. Por eso en una de sus canciones dice: «(…) puede ser que me metan a la celda por el peso de mi voz/ pero necesité el valor para decir la verdad/ y este, mi pueblo se va desmoronando/ por causa de tu traición/ no tienes escrúpulo/ no hay solución/ los jóvenes acuden a la prostitución/ no existe libertad de expresión/ dime a que tú le llamas Revolución».

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