Díaz-Canel en Guantánamo: problemas, mentiras e incertidumbre (II)

(Foto: Captura de pantalla/YouTube)

GUANTÁNAMO, Cuba. – La marcha de la Tarea Ordenamiento en Guantánamo no difiere mucho con la del resto del país, según puede constatarse en medios oficiales e independientes.

Lo ocurrido con los precios fijados inicialmente por orientaciones de la Comisión de Implementación de los Lineamientos -y luego modificados debido a la mayoritaria desaprobación popular- ha provocado numerosos cuestionamientos, pues se trata de medidas que se han estado analizando por años.

Han sido modificados los precios de productos como el hipoclorito -deficitario en estos momentos- que antes se vendía a $144 CUP el litro y ahora se vende a $600 CUP. También fue modificado el de la prensa escrita y otros servicios del correo. Pero productos como el pescado de mar, un pomo de desincrustante producido por Labiofam y el queso -por citar tres ejemplos- mantienen precios exorbitantes.

El queso “Frescal”-producido por el combinado lácteo de Guantánamo y que no es de primera calidad- se vende a razón de $164 CUP el kilogramo (6,83 USD); mientras, los particulares venden un queso mejor a  $60 CUP la libra. El kilogramo de robalo fue vendido la pasada semana en la “Feria El Guararey” a $150 CUP  (6,25 USD). Hubo pescados que costaron más de $800 CUP (33,33 USD). En el caso de este producto, muchas personas se preguntan a qué se deberá ese precio pues no hay que invertir nada en la alimentación de los peces de mar. Esas inquietudes, compartidas por gran parte de la población, deberían ser abordadas por los medios oficialistas, de lo contrario, muchos precios seguirán pareciendo caprichosos. En cuanto al pomo de desincrustante -hecho en Guantánamo-, tiene un precio de $130 CUP (5,41 USD), muy por encima del anterior ($30 CUP, 1,25 USD al cambio oficial de CADECA, donde un dólar estadounidense equivale a 24 CUP).

Ha habido quejas por parte de ancianos a quienes las pensiones no les alcanzan para alimentarse y satisfacer otras necesidades.

Las empresas estatales quieren ocultar su ineficiencia económica con el aumento desmedido de los precios de sus productos, un fenómeno de larga data en la historia económica del castrismo, pero que ahora se ha hecho más visible y que fue criticado por Díaz-Canel a su paso por Guantánamo.

El pasado miércoles, 3 de febrero, el periódico Granma publicó una nota titulada Se gobierna para el pueblo, en la que se afirma que “los diputados cubanos han identificado como parte de las problemáticas más usuales, los altos precios de algunos alimentos, desabastecimientos y mala calidad en algunos productos básicos”.

La información añade que se han detectado altos precios en la carne de cerdo y algunos renglones agrícolas, fundamentalmente en el sector privado. Pero esos altos precios no se pueden detectar en el sector estatal -al menos en Guantánamo- por la sencilla razón de que este es incapaz de suministrar establemente esos productos al pueblo.

Al respecto, Roxana Herrera Simón dijo a Cubanet que todo lo relacionado con la Tarea Ordenamiento en Guantánamo está mal pues los productos no alcanzan y hay que hacer hasta tres días de cola para comprar pollo. “Aquí no hay ley ni orden, la gente se aglomera para comprar lo poco que venden de poquito en poquito. El que compra pollo ahora no coge más hasta marzo. ¿Qué va a comer mi nieto de seis años?”.

En la reunión realizada en Guantánamo no podía faltar la nota triunfalista pues según la información de Granma, publicada el 30 de enero, la siembra de frío de la provincia superó el 99% de lo previsto. Ya se da como un éxito la futura cosecha, como si el hambre de los cubanos se saciara con noticias como esa, cuyos resultados se aprecian únicamente en los augurios. Habrá que esperar a ver si se cumplen los vaticinios, mucho más cuando el propio Presidente indicó que la provincia tiene que explotar las tierras ociosas, que superan las 27 000 hectáreas.

A pesar de ese triunfalismo tan propio de las autoridades cubanas, el panorama de los mercados agropecuarios de la provincia es desolador debido a su desabastecimiento. Donde únicamente se puede adquirir algo en esta ciudad es en los puntos de venta de los particulares y a precios realmente abusivos. La libra de tomates se vende a $20 CUP, la de pepinos a $7 CUP y la de malanga, si aparece, a $20 o $25 CUP. La carne de cerdo, cuando aparece en ese mercado, casi siempre informal, se vende a 50 CUP o más y ya hay que tener hasta una recomendación de algún conocido -una especie de patente de corso- para poder acceder a los lugares que siempre están bien surtidos, porque, lejos de facilitar el comercio agrícola, las medidas adoptadas por la dictadura lo que han hecho es dificultarlo a pesar de su presunto interés por proteger al pueblo.

En Cuba hay dos realidades incuestionables por ser tan ciertas como que un día sucede a otro, a pesar de la percepción que tengamos del transcurso del tiempo. Una es que el Estado, el dueño de la mayor cantidad de tierras productivas, ha sido incapaz de hacer la competencia a los agricultores pequeños y propiciar de esa forma la reducción natural de los precios. La otra es que no puede reconocerse el valor real del mercado si se mantienen aherrojadas sus potencialidades. No será con decretos leyes -como nuevamente pretenden las autoridades cubanas con el Decreto Ley No.30- que va a solucionarse el problema.

Y precisamente asombraría -de no ser porque se trata ya de algo habitual- que ante el mismísimo Díaz-Canel, el señor Diosnel San Loi, delegado del Ministerio de la Agricultura en la provincia, afirmara que diciembre de 2020 “cerró con un promedio de 24 libras per cápita de productos del agro, distribuidos a la población” y que ese promedio ascendería a 26 libras en el mes de enero.

Estoy segurísimo de que a muchos guantanameros les gustaría saber en qué placitas estatales se vendieron esos productos agrícolas para poder adquirirlos en el futuro. Pero la realidad es que ese presunto suministro solo existió -y existe- en la mente del delegado de la Agricultura.

Afirmar tal cosa ante el Presidente del país demuestra hasta dónde ha calado la mentira dentro de las estructuras de la dictadura, aunque eso amerita un análisis más detallado.

No en balde cuando le enseñé el periódico Granma al médico y le pedí su opinión me dijo sin ambages: “No pongas mi nombre ahí, porque eso puede traerme problemas, pero tú y yo sabemos que eso es una gran mentira”.

Sin embargo, Roxana Herrera Simón fue más decidida al afirmar: “¡Eso es mentira y pon que lo digo yo!”.

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