El Congreso ha terminado, que comience el circo

LA HABANA, Cuba.- Fue hace unos días que mi amigo, el escritor Amir Valle, quiso conocer mi opinión sobre lo que podría pasar después de finalizado el Congreso del Partido, luego del supuesto y susurrado retiro de Raúl Castro. Amir se propuso indagar en las expectativas que tenían algunos escritores sobre la vida cubana sin Raúl, de ese Castro que estuvo tanto tiempo como segundo al mando y bajo la sombra de su hermano Fidel. Amir quería hacer públicas esas opiniones y, por supuesto, yo le respondí.

Ni corto ni perezoso advertí que no esperaba ninguna señal de democracia tras la salida del segundo Castro, el último en el poder más alto; recordando que son muchos los que están en la sombra pero deciden, o más bien hacen lo que les da la gana. Le hice saber que creía que la represión más severa estaba por llegar, pero que la “generación histórica” no se haría tan visible en estos meses que se sucederán tras el Congreso, aunque siga comandando desde las sombras.

Las estulticias, los desmanes que están por llegar, serán generadas por esa misma máquina que aún regenta, pero se pondrá un poco a la sombra de los nuevos, se harán menos visibles. La gran responsabilidad recaerá entonces sobre el lomo de otros, de ese nuevo viejo gobierno que está por llegar, por subir al podio… Ese que ahora ya llegó. Llegó ese día en que se volvieron a juntar los dos poderes, Partido Comunista y Gobierno, en un mismo hombre, como sucede desde hace tanto tiempo, como suponen que se precisa en estos días, más que antes, más que siempre, más que nunca.

Y entonces, si se produjera una huelga general, si sucediera un levantamiento, si se hicieran frecuentes las protestas, las reyertas, ya no sería contra esa generación histórica, contra ese ejército de los Castro. Los Castro, los históricos, serán, y ya para siempre, los “vencedores”, porque dejaron el poder en otras cabezas, en otras manos, y serán esas nuevas manos y cabezas las responsables de todo cuanto pase en lo adelante, serán los culpables de una rebelión, y de los muertos que pondrán esos rebeldes y “traidores”. Serán “los nuevos” los que disparen sin recato, pero los fieles en Cuba, los fieles regados por el mundo, volverán a decir: “Si Fidel lo supiera, si Fidel estuviera vivo”.

Eso creo y eso le dije a Amir, y así podría suceder si el pueblo, “harto ya de estar harto”, se cansa y sale en huelgas a las calles, en rebeliones. Y hasta imagino alguna que otra pacífica demostración de disgusto, una manifestación que podría ser en la plaza de los “grandes acontecimientos”, de los “grandes respaldos”, de los “infinitos responsos”, “de las muchas convocatorias para cualquier cosa”. Y supongamos que una de ellas tiene por centro a la “libreta de abastecimiento”, esa que es símbolo de hambre y necesidades desde hace tanto.

Eso podría suceder, pero Raúl se dirá entonces que eso no es con él, y mucho menos con su hermano. Raúl, Ramiro y los otros se sacudirán el polvo de las estrelladas charreteras verde olivo, unos segundos antes de asegurar que eso no fue con el poder histórico, con los “rebeldes de la Sierra”, y que ellos no habrían sido denigrados, sitiados, vencidos. Eso creo, y también que están dispuestos a todo, y entonces se me ocurre pensar en un detalle singular, una particularidad que ha dejado a más de uno con la boca abierta.

Resulta curioso, y más que curioso desafiante, comprobar que desde ahora Humberto López es miembro del nuevo Comité Central del Partido Comunista de Cuba; un hombre del cual no conocemos su trayectoria, al menos no más allá de los muchos rumores que se ciernen sobre esa marioneta, con el perdón de las marionetas.

Y me pregunto qué sabemos de ese tipo que apareció de la noche a la mañana en un programa al que dieron por nombre “Hacemos Cuba”, de ese hombre que despierta rumores. Poco o nada sabemos de ese Humberto que no es “Primo” de nadie y mucho menos rey de Saboya. Nada sabemos de ese que dedica largas y furibundas ofensas a periodistas independientes y opositores al gobierno, siempre sin fundamento, pero cada vez con pesadas charlatanerías y exaltaciones.

Poner a ese “periodista” en el centro político de este país, y junto a comunistas de la vieja escuela, resulta una muestra de cómo actuarán el Partido y el Gobierno en lo adelante. Que este gacetillero abominable acceda al poder más alto, al aparato decisor de todo, no es una casualidad. Ni siquiera Randy Alonso, Rosa Miriam Elizalde, Taladrid, Iroel Sánchez o Arleen Rodríguez Derivet, todos con una vieja trayectoria de fidelísimos servicios, están en ese sitial que los comunistas consideran sagrado y centralísimo, pero Humberto, un advenedizo, sí que está.

Humberto López es un hombre despreciable y también un “Bon vivant” sin un pasado político visible, alguien que se ha ganado el rechazo de la mayoría de los cubanos, incluso de algunos comunistas, y el poder lo sabe, lo que me hace pensar que ese “señor” ha sido ubicado en ese sitio para hacer entender de qué, y cómo, van las cosas. Humberto es el periodista que visibiliza y ataca al periodista independiente, el que denigra al opositor en huelga de hambre, el que, con cierta labia, criminaliza y apunta al pecho, amenaza. Humberto, creo, jamás compartió un espacio con Fidel Castro, pero es el azotador de la prensa independiente, de los opositores.

La membresía de Humberto en el alto poder político es un membrete, es un aviso de cómo podrían ser las cosas en lo adelante. Humberto es el tipo que se ganará cada día su asiento en el comité central del partido comunista de Cuba, y para eso agraviará a Tania, a Camila, a Ana y a CubaNet, a San Isidro, a Luis Manuel, a las Damas de Blanco, a cada opositor, a todos los activistas que defienden los derechos humanos, esos derechos que su miopía, su cinismo, no le permiten atisbar. La suerte está echada y el congreso ha terminado, que comience el circo.

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