El “corralito” argentino, el atraco cubano y la instigación a delinquir

Dólar estadounidense y peso cubano convertible (Foto: Cubatel)

GUANTÁNAMO, Cuba. – El tres de diciembre del 2001 el entonces Presidente de la República Argentina Fernando de la Rúa decretó una medida que coartaba la libertad para disponer del dinero depositado en los bancos e impedía las transferencias al extranjero.

La movida fue calificada por los sureños como “el corralito”, consecuencia de una enorme deuda externa, de la fuga masiva de capitales y el decrecimiento económico. Esas causas se reiteran en el caso cubano, aunque aquí el capital es controlado por un reducido grupo de individuos para satisfacer sus apetencias y la represión.

El gobierno argentino dispuso en un principio que sólo se podrían retirar de las cuentas 250 dólares, pero la medida terminó en la congelación de los depósitos, algo que duró alrededor de un año.

Relacionándolo con las medidas económicas anunciadas por la dictadura cubana que se aplicarán a partir del próximo 1ro de enero, varios colegas han retomado el término “corralito”, salvando las distancias, porque Argentina es un país democrático.

Debemos recordar que los ahorristas cubanos siempre han estado dentro del citado “corralito”. Luego de justificar la procedencia de sus depósitos, cuando decidían extraer una suma superior a los 10 000 pesos debían explicar el motivo de la extracción. Esa medida todavía se mantiene e imagino que se aplicará celosamente durante los próximos meses.

Los cubanos comunes no pueden enviar divisas hacia el extranjero mediante transferencias bancarias. Nunca han podido hacerlo después de 1959, por tanto, nuestro “corralito” está indisolublemente vinculado a la política económica del castrismo y no a una coyuntura económica.

Hasta hace unos años se nos permitía salir del país y regresar a él hasta con 10 000 USD, luego la cifra bajó a 5 000 y en estos momentos es inferior, algo incomprensible en el caso de las importaciones de esa divisa teniendo en cuenta la necesidad que de ella tiene la economía del país.

Desde mucho antes de ser anunciadas las nuevas medidas, los cubanos que habían abierto cuentas en dólares estadounidenses confrontaban dificultades para extraer dinero. Muchas veces ocurría que, habiéndolos depositado en billetes de cien dólares, a regañadientes el banco devolvía billetes de menor valor al hacer la extracción, algo indeseado por el cliente.

Las disposiciones dictadas por el régimen para la política bancaria no pueden ser equiparadas con el “corralito” argentino, pues los ciudadanos de ese país jamás perdieron la posibilidad de seguir recibiendo las divisas de sus cuentas -las extracciones solo sufrieron una moratoria-, ni de cambiar el peso argentino por el dólar estadounidense. En nuestro caso, las medidas constituyen un atraco a las cuentas bancarias en divisas y un desmentido a lo que por años han estado predicando altos dirigentes de la dictadura acerca de que se respetarían los depósitos bancarios, pues todos los cambios en la naturaleza de esas cuentas perjudican a sus titulares.

La nueva política bancaria se extenderá por seis meses a partir del 1ro de enero del 2021. Según declaraciones hechas este martes 15 de diciembre por Marta Wilson González, ministra presidenta del Banco Central de Cuba (BCC), a Granma -órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba- las personas naturales que tengan cuentas en pesos convertibles (CUC) pueden hacer extracciones, pero el dinero se les entregará en pesos corrientes (CUP), a razón de  24 pesos por cada peso convertible.

Transcurridos los seis meses, las cuentas en CUC del sector privado, las de estímulos asociadas a tarjetas magnéticas y las de los colaboradores con beneficio del 30%, serán convertidas en depósitos de cuentas corrientes.

Esas personas tienen la opción de traspasar esas cuentas a depósitos en euros o dólares, con una tasa de interés del 0.15% anual, según publica Granma. Es decir, 1 000 USD ganarían 1, 50 USD en un año, ¡qué estímulo para ahorrar! Pero quienes opten por ello no podrán recibir depósitos ni realizar transferencias, serán titulares de cuentas con un dinero cautivo al que no tendrán acceso por ahora, aunque ya sabemos las posibles consecuencias de una frase tan incierta. Lo mismo ocurre con el dinero depositado en las tarjetas bancarias de moneda libremente convertible (MLC). Algo similar estuvo ocurriendo hasta el pasado noviembre con los envíos por la Western Union, pues enviaban dólares y aquí daban “chavitos”.

La ministra presidenta del BCC declaró, refiriéndose a esas cuentas: “Es un producto con características especiales, porque no van a tener un respaldo en MLC  y todavía no se ha establecido cuando lo tendrán, por la situación de liquidez que tiene el país. En el caso de que el cliente quiera retirar los fondos antes de que exista esa liquidez, puede hacerlo en CUP”.

Otra dificultad es que un dólar estadounidense será cambiado a razón de  24 CUP, pero la dictadura no ofrecerá la posibilidad de adquirirlo en sus casas de cambio.

Con esa medida se hace una instigación a delinquir, un delito previsto y sancionado en el artículo 202.1 del Código Penal cubano, pues las personas que necesiten dólares se verán obligados a comprar esa moneda a los particulares que se dedican a ese negocio, lo cual constituye un delito de Tráfico Ilegal de Moneda Nacional, Divisas, Metales y Piedras Preciosas, regulado en los artículos 235 y 236 del Código Penal. En ese grupo estarán muchos de los que tenían cuentas en dólares y ahora, prácticamente, han sido despojados de ellas. De los que deseen vender dólares seguramente muy pocos  irán a las casas de cambio del Estado a entregar uno para recibir 24 pesos sabiendo que en la calle se cotiza a 40 pesos o más.

Lo vergonzoso es que, en medio de esta situación, provocada por la ineficacia del castrismo, los encumbrados dirigentes y sus familiares gastan muchas de esas divisas en viajes al extranjero, compra de autos y actividades muy cercanas a las que realiza la burguesía en cualquier país del mundo.

El dinero que sustenta esos privilegios pertenece al pueblo, al que oprimen y le siguen pidiendo que crea en sus promesas y que se preste a reprimir a quienes luchan por sus derechos.

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