El patriarcado cubano está intacto

MIAMI, Estados Unidos.- El patriarcado en Cuba está intacto, y cada día más apuntalado por el poder militar. “Poder militar” en términos del generalato, del coronelato, del capitanato, del estado policíaco, de la burocracia de seguridad. El estado-policía, que es lo mismo que el partido-policía, no quiere que nadie se le escape. Anunció el general Raúl Castro en el primer día del 8vo Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) que el servicio militar obligatorio hay que tomarlo más en serio, sin excepciones, y que para optar por carreras profesionales hay que primero darle un año de juventud a la Patria. No servicio, cero universidades. No servicio, cero ascensos. No servicio, cero cargos gubernamentales.

Vilma Espín debe estar celebrando en el más allá: “comandante en jefe —cualquier comandante— ¡ordene!”.

Advirtió Raúl que es “necesario elevar la combatividad e intransigencia revolucionarias y fortalecer su aporte a la labor ideológica.” ¿Combatividad e intransigencia revolucionarias, con el hambre y la necesidad que se está sufriendo y que mayormente tienen que resolver las mujeres en su gestión de amas de casa y madres de familia? A sus casi 90 años, el gran sinvergüenza número dos de Cuba está chochando. No habló de cómo se elevará la producción y distribución de alimentos, de medicinas, de desinfectantes y jabón, ni de reducir el déficit de vivienda y elevar la reparación de las casiruinas urbanas. Tampoco habló de la pandemia, o de la epidemia de sarna, o de los continuos brotes de dengue y otras enfermedades que se consideraban erradicadas.

Mucho menos habló de elevar la disponibilidad de íntimas en las tiendas —artículo que le ha faltado regularmente a las cubanas de a pie durante 60 años de dictadura— o de

óvulos vaginales para contrarrestar dolencias del sistema reproductivo femenino, o blúmeres y ajustadores con suficiente variedad de tallas para la diversidad corporal de las mujeres. Piensa el general decrépito que hay que fortalecer la “labor ideológica”. ¿Y qué de fortalecer la labor de supervivencia, el cuerpo y alma de 11 167 325 cubanos —5 596 500 de ellos mujeres, 25 675 seres más que la población masculina— que no pueden soportar ni un día más las colas interminables e inútiles, el hambre de sus hijos, el deterioro de sus ancianos, los brotes contagiosos, el derrumbe de sus casas, las montañas de basura, el alcantarillado roto e insalubre, la pobreza generalizada, la vigilancia perpetua, el encierro obligatorio, la violencia doméstica, la falta total de esperanzas, la lista inagotable de obligaciones con la patria, y la ascendente tasa de feminicidios?

¿Dónde quedó la Matria? El patriarcado macho-militar no sabe qué es la Matria. La Matria es la versión feminista de la patria, la que defiende, cuida y apoya a todos sus hijos, la que provee por su bienestar, la que garantiza los derechos y aúpa sus sueños, sus aspiraciones, su prosperidad. La que protege a su pueblo del “deber” de la guerra y de la “necesidad” de jinetear. La que brinda oportunidades y celebra los logros de sus ciudadanos. La Matria es la que da autoridad suprema a la sociedad civil y convoca a la diversidad de ideas. La Matria es “patria y vida”, tan sencillo como eso.

Ese patriarcado machista en nombre del cual habló Raúl Castro en el 8vo Congreso considera los derechos y la libertad “errores estratégicos” que destruirán el socialismo y “la soberanía e independencia nacionales”. ¿Y qué de la soberanía e independencia de los ciudadanos y ciudadanas? Con el alto incremento y el destape de una muy diversa y resonante oposición, ¿no se percató Raúl de que la destrucción del socialismo y el auge de derechos y prosperidad es precisamente lo que ese pueblo quiere cuando grita “¡Ya se acabó!”? Llamó enemiga a la Internet y a la diversidad de ideas, le echó tierra a los cuentapropistas y a las mulas que les suministran artículos de consumo desde el exterior, convocó a mantener como único al “partido único” como garante de la “unidad nacional”. Y, poniéndole la tapa al pomo, reafirmó el antiguo lema castro-estalinista de que “las calles, los parques y las plazas son y serán de los revolucionarios”. “¿Quién les dijo que Cuba es de ustedes, si mi Cuba es de toda mi gente?”

Un quinquenio más “trancado el dominó”.

Miguel Díaz-Canel quedó ahora como autoridad máxima del país: es presidente de Cuba y primer secretario del PCC, pero también funge como “comandante en jefe” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Egresado con rango de oficial de las FAR luego de sus tres años de entrenamiento en las Tropas Coheteriles Antiaéreas, ingeniero de profesión y cuadro estelar del PCC en la provincia de Villa Clara (donde ascendió a primer secretario provincial del Partido), Díaz-Canel es el hombre de la continuidad.

El mando patriarcal que el 8vo Congreso confirmó hace unos días al anunciar los miembros del Buró Político permanece sólido con el propio Díaz-Canel como autoridad máxima y comandante en jefe de las FAR; con el general de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, Héroe de la República de Cuba (ministro de las Fuerzas Armadas); con el general Luis Alberto Rodríguez López Callejas (presidente ejecutivo de GAESA en control del 60% de la economía), y con el general de División Lázaro Álvarez Casas (ministro del Interior). Y, además, el coronel Alejandro Castro Espín coordina el aparato represivo del ministerio del Interior (MININT) y el de las Fuerzas Armadas (MINFAR), y a él responden todos los agentes de inteligencia y contrainteligencia que proceden del MININT. El control está bien amarrado.

Cabe notar que, de los 14 nombramientos al Buró Político, solo tres son mujeres, el 22% (el 51% de la población es femenino): la secretaria general nacional de la FMC, Teresa Amarelle Boué; la directora general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, Martha Ayala Ávila; y la primera secretaria del Comité Provincial del Partido en Artemisa, Gladys Martínez Verdecia. Los seis miembros del Secretariado del PCC también son hombres.

En el 8vo Congreso, no se habló de prioridades específicas —comida, medicinas, vivienda, solvencia, derechos humanos y civiles, libertad— como tampoco de la violencia de género. Señaló en febrero la feminista y periodista independiente María Matienzo Puerto en su informe “Cubanas fuera de la Agenda 2030” ante el foro virtual sobre Cuba convocado por la entidad Race and Equality (Raza e igualdad), que:

La violencia en Cuba está institucionalizada y se regula según las normativas del

Estado (…). La realidad de las mujeres cubanas es ajena a las conclusiones estatales según las cuales la igualdad de género se ha alcanzado en la isla. Por el contrario, el día a día muestra que la discriminación contra las mujeres aún está latente, afectando su plena participación en la esfera pública y limitando sus oportunidades de liderazgo (…) por motivos políticos la violencia de género en contra de las mujeres que no se sienten representadas por la FMC es una de las expresiones más visibles”.

¿Qué voz tendrán las cubanas en la nueva administración díazcanelista con la inclusión en el Buró Político de la secretaria general de la FMC? Si damos por sentado que ningún funcionario o funcionaria nombrado a la jerarquía del partido único dejará de obedecer las orientaciones de los máximos dueños y señores, ni hará olas, o cuestionará el estatus quo de la situación política, económica o social de la nación, la respuesta se sabe de antemano: ninguna voz.

En la conferencia virtual, Eorises González Suárez, activista de la Plataforma Femenina de Cuba, reiteró que “el Estado cubano no ha implementado ningún plan de acción nacional que promueva los derechos de las mujeres”. Entre muchas otras negligencias, de seguro estaba refiriéndose a la inacción de la Asamblea Nacional del Poder Popular y el silencio ensordecedor de la FMC en aprobar una ley integral contra la violencia de género, solicitada por 40 feministas cubanas en noviembre 2019, en la que se tipifique el feminicidio como delito. La consideración de dicha ley integral fue postergada hasta el 2028.

Entre tanto, lo que no se dará a esperar es la incorporación de las cubanas al servicio militar obligatorio como requisito para entrar en la universidad, como sucede con el Instituto Superior de Relaciones Exteriores, y para ocupar cargos en el gobierno a nivel local, provincial y estatal. Entrar a ser parte —y en condición de subordinadas— de un predio macho-supremacista y misógino como son las Fuerzas Armadas Revolucionarias traerá como consecuencia más hostigamiento sexual, más discriminación, tener que plegarse a las exigencias masculinas, más subestimación de la inteligencia femenina, más inseguridad de género adquirida, quizás más violaciones —de derechos y de cuerpos—, y lo que será peor: más feminicidios.

La realidad obligará a atender lo más importante. Si no se resuelve primero la carestía de íntimas, la sangre llegará al río, y no precisamente sangre de guerra, sino de menstruaciones. De eso, los grandes capos no saben nada, como tampoco saben cómo lograr que coma y prospere un pueblo.

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