El Titán de los llanos de Cuba

Agapito Rivera Millian, Cuba
(Foto: Voces de Cuba)

MIAMI, Estados Unidos. – La resistencia cubana contra el totalitarismo ha tenido personalidades notables, cada una de ellas con características muy propias que la distinguen de un conjunto numeroso de hombres y mujeres que se entregaron con devoción a sus convicciones.

Por suerte, es posible diferenciar unos sin restarle relevancia a otros. Cada uno cumplió a plenitud con su deber en un espacio muy propio, siendo ese el caso de Agapito Rivera Millian, un guajiro cubano de pura cepa, de un coraje excepcional, ya que sus propios compañeros de guerrilla, todos de naturaleza intrépida y valor indiscutible, le denominaban “El Guapo”.

Agapito acaba de partir. Era un hombre sencillo, de acento y voz fuerte, educado y respetuoso. Un conversador excelente que cautivaba a la audiencia con su charla. Lo conocí en la cárcel de Santa Clara en el verano de 1964, cordial, amable con un rosario de heridas que había sufrido en los diferentes combates que sostuvo con las huestes de la dictadura.

El amigo, el hermano que recuerdo, tenía un sentido común más acentuado que la mayoría de los académicos que gustan enseñarle a sus estudiantes sobre el socialismo y la distribución de las riquezas. En la cárcel, también en el destierro, con frecuencia nos contaba porque se había alzado contra la Revolución cuando el discurso principal de ésta era su defensa de los humildes y él procedía del sector más desposeído de Cuba, los campesinos sin tierra.

Decía, “yo no tenía nada de nada, ni una bicicleta, pero cuando vi que al bodeguero le quitaron la tiendecita que había levantado con tantos esfuerzos y que al guajiro le quitaban el pedacito de tierra que trabajaba de sol a sol, me dije, Agapito, a esa gente le quitan lo que han hecho y a ti te están robando la esperanza de tener una vida, digna, así que, a combatir este gobierno, y eso fue lo que hice y haré hasta el último día de mi vida”.

Agapito era un hombre de origen humilde, como la mayoría de los que enfrentaron al régimen castrista. Para apreciar las injusticias lo que se necesita es bondad de corazón y a él, como a la inmensa mayoría de los que enfrentaron al régimen, le sobraba lo que a la nueva tiranía le faltaba.

Tenía 24 años cuando se fue al monte en noviembre de 1960. Combatió en la zona norte de Las Villas hasta las proximidades de la ciudad de Colón, en Matanzas, bajo el mando de José Martí Campos, “Campito”, un legendario guerrillero que había luchado contra el régimen de Batista y que rápidamente se percató que el orden que había ayudado a imponer conduciría a Cuba al infierno.

Agapito fue uno de los guerrilleros que por más tiempo combatió al régimen totalitario. Durante tres años rompió cercos, venció emboscadas, soporto ofensivas de miles de efectivos militares portadores de las armas más sofisticadas de la época y con un suministro de recursos prácticamente inagotable. El número de los enemigos siempre fue superior y su logística operacional eficiente. Siempre operó en llanos, nunca en montañas. La geografía, al igual que otros muchos factores, le fueron adversas. Resultó herido en varias ocasiones y perdió en combate o ante el paredón de fusilamiento a dos hermanos y a nueve primos hermanos.

El mejor respaldo con el que contaron los guerrilleros fueron los campesinos humildes que también fueron testigos de cómo el régimen les robaba las esperanzas de una vida mejor. Esos campesinos, contaba Agapito, eran recluidos en campos de concentraciones como La Sierrita y Cinco Palmas para que no siguieran apoyando a la guerrilla, desde donde muchos fueron enviados a construir los tristemente conocidos Pueblos Cautivos.

“El Guapo” llegó a su final como guerrillero en noviembre de 1963. Fue apresado porque recibió numerosas heridas en su último combate, donde cayeron amigos y familiares.  Cumplió largos años de cárcel con la misma entereza con que empuñó el fusil Browning en los llanos cubanos. Fue un símbolo en la guerrilla y también lo fue en el exilio.

Cuando supe de su muerte, se lo comenté a mi esposa. Ella me dijo, imagino cómo te sientes, porque ese hombre era para todos ustedes muy representativo, era un referente en la lucha por la democracia en Cuba.

El mismo relata cómo fue su captura, “Rompiendo uno de estos cercos traté de entrar a un pequeño monte donde me hirieron a sedal en el brazo derecho. Retrocedí hasta el campo de caña donde intenté auxiliar a mi hermano, que estaba herido de varios balazos. Le pido que se retire mientras sea posible. Cuando traté de cruzar una cerca fui herido de nuevo en el brazo. Ahí cayó gravemente baleado Mario Eusebio García Molina, “Mayito”, quien murió poco después a consecuencia de las heridas. Seguí corriendo bajo una virtual lluvia de balas con mi fusil ametralladora Browning en el brazo izquierdo. Cuando estaba entrando a un campo de caña me hieren en las dos piernas. Ignoraba que una de esas balas me había atravesado el femoral, pero milagrosamente salvé la vida por un coágulo de sangre que se hizo en la herida. No podía disparar con el fusil, me senté en la tierra, puse la Browning a un lado.  Saqué la pistola para defenderme cuando las milicias fueran a atraparme, porque estaba seguro que me fusilarían, como a tantos familiares míos. Prendí un tabaco. Se me acabó el agua y esperé a que llegaran, pero no fue así, perdí el conocimiento y fui arrestado”.

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