Embargo, pandemia y corrupción: justificaciones y realidades

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Hay quienes aseguran que la pandemia ha caído como anillo al dedo de la dictadura. Y no les falta razón, pues ahora todas las culpas del deficiente modelo económico comunista se reparten entre ella y el embargo.

Una vecina cercana obtuvo la ciudadanía haitiana. Descendiente de haitianos y procedente de una familia que todavía apoya al castrismo, viaja regularmente a Haití. Hace unos días, conversando sobre la carencia de alimentos en Cuba, salió a relucir el tema de ese país.

“No sé por qué aquí dicen que Haití es el país más atrasado del continente. Es verdad que allí hay mucha pobreza e insalubridad, pero, en cuanto a pobreza y carencia de alimentos, Cuba está mucho peor. ¿Cómo es posible que aquí hablen así de Haití cuando sus calles y mercados están abarrotados de alimentos y productos y aquí no hay nada? Y te informo que decenas de miles de haitianos ya han sido vacunados contra  la COVID-19 de forma gratuita”, me dijo.

No me afilio a formas tan simples de valorar las realidades de uno y otro país, pero es indudable que la alimentación de las personas es esencial en cualquier sociedad y, desde hace décadas, Cuba es uno de los pocos países donde comer ─y no como Dios manda, sino sencillamente comer─ es un problema.

A la escasez de alimentos, productos esenciales y medicamentos se unen una inflación sin límites ni presencia crítica en los análisis de los medios informativos castristas ─tan proclives a ver la paja en el ojo ajeno y a desentenderse de la viga en el suyo─ y una corrupción  que abarca todos los estamentos de la sociedad, incluidos los militantes del Partido Comunista (PCC).

La miseria que padecemos potencia el lado oscuro que tienen todas las almas y por eso no faltan los  especuladores y los corruptos para acompañar ilustrativamente nuestras penurias.

Desde enero hasta la fecha, en el mercado-feria “El Guararey”, situado en el noroeste de Guantánamo, se han producido varios altercados y reyertas. En algunas ha tenido que intervenir la policía. En el mes de abril, la persona designada por el gobierno para controlar la cola del pollo fue increpada por una multitud enardecida porque se le ocurrió paralizar la venta del producto aduciendo que se había acabado. Alguien que no estaba convencido arengó a los presentes para que no se fueran y llamó a la policía, cuyos agentes verificaron que aún quedaban quince cajas de pollo en la tienda. Ante el incidente, que no ha sido el primero relacionado con ese individuo, el delegado del Poder Popular de la circunscripción, de apellido Delisle, dijo a este reportero que se tomarían las medidas pertinentes y que, por el momento, el individuo había sido sustituido.

Sin embargo, el susodicho reapareció varios días después con su sempiterno traje verde olivo. Los paquetes de pollo se venden alrededor de “El Guararey” hasta a trescientos pesos, pero las autoridades de Guantánamo continúan haciendo como los monosabios.

Otra muestra de corrupción se aprecia en las tiendas que venden sus productos en MLC. Antes de que abran ya hay numerosas personas frente a ellas, las que conocen qué productos van a ser vendidos y sabemos que no practican la cartomancia. La mayoría son coleros cotidianos que han hecho un gran negocio de lo que para otros ciudadanos resulta un incordio. Porque se supone que nadie debe estar en la calle antes de las 5:00 a.m. No obstante, a esa hora ya pueden ser avistados esos personajes en las aceras y portales de las tiendas con la complacencia de la policía. Aunque usted llegue a la cola a las 5:01 a.m., nunca va a obtener un número bajo porque los presentes la controlan desde el 1 hasta el 30, 40 o más allá. Téngase en cuenta que los turnos que hasta hace poco costaban 50 y 100 pesos ahora se cotizan entre 300 y 500.

Uno de los negocios más lucrativos para esos individuos es la reventa de cervezas. Hoy, en Guantánamo, cada caja de cerveza buena se vende en $2 400 CUP. Es decir, cada una sale a cien pesos y la caja en 100 USD, según el cambio oficial (1×24). Si se tiene en cuenta que cada caja cuesta solo 24 USD (unos $576 CUP al cambio oficial) la ganancia obtenida es de $ 1 824 CUP por cada caja, unos $76 USD. El negocio ha alcanzado tal magnitud que quienes lo practican se anuncian en Internet para llevar la bebida hasta la  casa de los interesados.

Las autoridades podrían evitar o, al menos, disminuir la acción de esas personas con una sencilla verificación del número de la tarjeta de compra, pero no lo hacen aduciendo que se quebraría uno de los objetivos de la Tarea Ordenamiento, que es acabar con el igualitarismo.

También podrían eliminar esos tumultos para comprar cervezas, refrescos y otros productos, poniéndolos a disposición del pueblo en las tiendas que venden en CUP, porque, según informaciones ofrecidas por un trabajador de la dirección provincial de comercio, cuyo nombre no revelamos por razones obvias, los almacenes están repletos de ellos, incluidos los pomos de aceite, cuya desaparición del mercado el Noticiero de Televisión atribuyó a la falta de mantenimiento de una fábrica en La Habana.

Según el trabajador de comercio, el objetivo es continuar acumulando productos para luego ir suministrándolos escalonadamente a la red de comercio hasta que los precios del mercado informal bajen y desestimulen las corruptelas mencionadas.

Lo cierto es que, hasta ahora, la Tarea Ordenamiento ha provocado sólo insatisfacciones. Muchos ciudadanos coinciden en que lo que menos interesa a quienes mal gobiernan este país es atender los reclamos del pueblo. Justificaciones de los mandantes hay muchas todos los días, la cruda realidad le toca a Liborio.

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