Historia de dos movimientos: Carta 77 en Praga, MSI y 27N en La Habana

27N, MSI, MINCULT, Movimiento San Isidro
Artistas, intelectuales, periodistas y activistas cubanos reunidos en las afueras del MINCULT el 27 de noviembre de 2020 (Imagen: 27N / Facebook)

MIAMI, Estados Unidos. – En estos días del año 1977 surgió un movimiento contestatario en Praga, en la antigua Checoslovaquia, que llegó a sacudir los cimientos del comunismo en toda Europa Central. Carta 77 incluyó al principio 242 firmas de artistas, profesionales, intelectuales y algunos activistas políticos. No sería hasta 12 años después que el comunismo caería en los países de Europa Central, pero fue el líder principal de Carta 77 ―Václav Havel, escritor, activista, preso político― el primero en ocupar la presidencia de una Checoslovaquia libre.

Cuarenta años más tarde, del otro lado del planeta, en La Habana, Cuba, surge el Movimiento San Isidro, en diciembre de 2018. El MSI está compuesto por músicos, poetas, artistas plásticos, intelectuales de la cultura, educadores, raperos y periodistas independientes. Desde Alamar en sus inicios, y más tarde desde una sede permanente en la calle Damas, número 955, en el barrio de San Isidro, la colectiva de artistas se organizó y presentó performances que abogaban por la derogación del Decreto 349, una norma legal contra la libertad artística.

El detonante del movimiento Carta 77 fue el arresto y encarcelamiento del grupo de rock Gente Plástica del Universo, cuya libertad los integrantes de Carta 77 exigieron al gobierno comunista checo. La respuesta del régimen fue la detención de las personas reconocidas como líderes de Carta 77, incluido Havel, el futuro presidente. El detonante de la más reciente demanda del Movimiento San Isidro fue el arresto inconstitucional del rapero Denis Solís, su juicio sumario y la sentencia a ocho meses de prisión, que aún cumple.

Ya sabemos cómo terminó la historia del comunismo checo en 1989: democracia, derechos civiles y humanos, libre mercado, prosperidad. ¿Cómo terminará la historia del comunismo cubano? Esa es la pregunta de los 64.000 pesos. Con exactitud, nadie lo sabe… pero sí podemos presentir algunas cosas.

Se puede afirmar con plena convicción que las cabezas sensibles y pensantes, los creadores y las creadoras, los de fe y esperanza, los que nunca se darán por vencidos, los que saben que los derechos inalienables son el oxígeno del ser humano y de la sociedad heredarán el reino de la democracia. Entre los artistas, músicos, académicos, poetas, cineastas y dramaturgos que en Damas 955 primero, y frente al Ministerio de Cultura después, exigieron públicamente los derechos de todo un pueblo, están los próximos gobernantes de la renacida ―la resucitada― Cuba democrática. 

También podemos afirmar que el hambre y la carestía que padece el cubano y la cubana de a pie no pueden resistirse por mucho más tiempo. La bofetada en plena cara que le da a diario la élite gubernamental a los paupérrimos ciudadanos, a quien necesita exprimirles los posibles dólares recibidos desde el exterior, no es solamente un atentado contra su dignidad: es un atentado contra sus vidas. 

Como sucedió durante el primer “Período Especial” (a partir de 1991), luego de la caída del bloque socialista y el fin de las subvenciones soviéticas, las personas de la tercera edad ―sobre todo, pero no únicamente― comenzarán a caerse muertas como moscas en las calles revolucionarias. Así será con la mayoría del pueblo cubano que carece de dólares para comprar y subsistir. ¿Que opinión pública internacional podrá tolerar semejante genocidio?

Además, están las docenas de organizaciones, partidos y movimientos independientes en el país que no renunciarán jamás a la lucha contra el poder arbitrario y militarizado que gobierna Cuba, no hasta que ese poder sea derrocado y sustituido en las urnas. Esas docenas de entidades, sus activistas y militantes, desde Sandino hasta Baracoa, han apoyado abiertamente a los miembros y simpatizantes del MSI que se declararon en huelga de hambre el pasado 18 de noviembre por la liberación de Denis Solís, y a los más de 300 creadores, intelectuales y académicos que conformaron el movimiento 27N en solidaridad con los huelguistas y sus demandas. 

Están las organizaciones no gubernamentales que velan por el bienestar de la humanidad y que monitorean el cumplimiento de pactos a favor de las libertades elementales y los derechos humanos en todo el planeta: Amnistía Internacional, Reporteros Sin Fronteras, Prisoners Defenders, Human Rights Watch, Human Rights First, Americas Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, Freedom House, la Fundación de Derechos Humanos, la Organización Internacional del Trabajo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Mundial contra la Tortura, el Consejo de Europa, Médicos por los Derechos Humanos, la Federación Internacional de Derechos Humanos, la Sociedad Internacional pro Derechos Humanos, la Red en Defensa de los Derechos Humanos, el Centro Latinoamericano de Derechos Humanos, entre otras. Juntas pueden enjuiciar a la tiranía, enmarcar a Cuba como Estado paria.  

Y está la comunidad internacional de naciones que, luego de 62 años de relativa tolerancia, jugueteo, apoyo y complicidad con el último bastión del totalitarismo comunista en las Américas, tendrá que hurgar en lo más profundo de su conciencia para respaldar a los cubanos en su lucha contra el régimen que les oprime. 

“Pedimos libertad en medio de una dictadura porque el pueblo la está pidiendo. Los intelectuales la están pidiendo. La población se está lanzando a la calle. La gente ya está cansada”, declaró la artivista Tania Bruguera en una reciente entrevista. 

Por último, queda la 82a División Aerotransportada de los Estados Unidos. (¿Estaré delirando?). Pero no, no hay, ni ha habido, ni habrá voluntad en Washington para tal opción, a la que podríamos llamar “Solución Noriega”. ¿Está mejor el pueblo panameño hoy que en los años 80 durante la dictadura narcotraficante de Manuel Antonio Noriega? Claro que sí: lo está. Pero eso no sucederá en el caso de Cuba.

Soñar no cuesta nada: imaginar un proceso de nation building ―reconstruir la nación― por segunda vez en nuestra historia ―la primera fue entre 1898 y 1902, luego de tres guerras contra España que dejaron a Cuba destruida― no suena descabellado. Extirpar de cuajo la tiranía que nos ha ido desangrando lentamente, inmisericorde, podría ser una (muy lejana) opción. 

Pero eso no sucederá. La solución a nuestra tragedia ha de ser interna, autóctona, y al igual que la derrota del comunismo en Checoslovaquia, que comenzó en enero de 1977 con la histórica Carta, en Cuba la derrota de la tiranía ha comenzado con el Movimiento San Isidro y la protesta del 27 de noviembre. Artistas e intelectuales en Praga, artistas e intelectuales en La Habana. Ojalá no tengamos que esperar, como los checos, 12 años más.

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