“Isla azul sobre fondo rojo”, el nuevo libro de Miguel Iturria

Portada de “Isla azul sobre fondo rojo, escritores cubanos del siglo XX” (Foto: Amazon)

LA HABANA, Cuba. – Un nuevo libro del ensayista Miguel Iturria Savón, Isla azul sobre fondo rojo, escritores cubanos del siglo XX, acaba de ser publicado por la editorial sevillana Renacimiento, en su colección Iluminaciones.

En dicho libro, Iturria, que se dedica a la investigación literaria y cultural, hace un minucioso repaso de la obra de 30 autores de las últimas diez décadas.

Con un capítulo dedicado a cada uno (excepto el compartido por Amir Valle, Frank Correa y Ángel Pérez Cuza), Iturria analiza la obra de José María Chacón y Calvo, Lezama Lima, Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Cabrera Infante, Raúl Rivero, Zoé Valdés, María Elena Cruz Varela, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Manuel Díaz Martínez, Norberto Fuentes, Eliseo Alberto, Jesús Díaz, Rafael Alcides, Pedro Juan Gutiérrez, Carlos Victoria, Antonio José Ponte, Senel Paz, Reinaldo Bragado, Eduardo del Llano, Uva de Aragón, Julio Travieso y Gina Picart.

Puede llamar la atención que no haya capítulos dedicados a Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Fayad Jamís, José Soler Puig, Leonardo Padura, Luis Rogelio Nogueras, Eduardo Heras León, Lisandro Otero y Roberto Fernández Retamar. Los nombres de estos autores sólo aparecen en el prólogo, y en el caso de Padura, ni eso. Iturria explica que no quiso incluir en su selección a “los principales cantores del reino, reeditados y premiados por su lealtad…”

Se resiente la ausencia, entre los poetas disidentes incluidos, de Tania Díaz Castro, pionera de la lucha por los derechos humanos y autora de poemarios como Todos me van a tener que oír, que acaba de cumplir 50 años de su publicación por Ediciones UNEAC en 1970.

Pero es comprensible que haya omisiones. No fue tarea fácil la emprendida por Iturria en este libro, que pretende abarcar, en poco más de 170 páginas, una literatura inevitablemente signada por los desgarramientos de una asfixiante dictadura de 62 años que ha ocasionado una hecatombe en la cultura nacional, y de un exilio que lejos de resignarse a la pérdida de la patria, la recrea y reinventa.

A ese exilio dedica Iturria (él mismo un exiliado) el capítulo Inventario de éxodos, amén de los dedicados a autores desterrados.

Certero, hurgando, reparando en detalles que suelen pasarse por alto, Iturria pone las cosas en su sitio, el merecido, no el asignado por la cultura oficial, los prejuicios, la gazmoñería, las modas literarias o los intereses políticos e ideológicos.

Así, Iturria, desentendido de mitos y de las poses y esnobismos que han hecho, por ejemplo, de Lezama y Piñera autores más citados que leídos, y que sea más conocida la poesía de Wichy Nogueras que la del inmenso Gastón Baquero, le entra con la manga al codo y sin arredrarse a un universo literario plural, complejo y contradictorio que algunos –por falta de miras, en el mejor de los casos- prefieren canónico e intocable, sin relecturas ni nuevos ingresos.

Uno puede discrepar o no de los criterios vertidos por Iturria en este libro, pero no hay duda de que argumenta y sostiene muy bien sus puntos de vista.

Iturria, que no se espanta con los autores provocadores e irreverentes, sino todo lo contrario, se lanza a bucear a fondo en la obra de Zoé Valdés y Pedro Juan Gutiérrez y se aventura a hacer osadas valoraciones, como cuando concede ventaja a Gutiérrez sobre Bukowsky o al comparar a Zoé Valdés con Gertrudis Gómez de Avellaneda -“por su constancia, creatividad y carácter… salvando la distancia de estilo, tiempo y atmósfera”– para luego reflexionar: “Está por ver si Zoé asciende al panteón literario habitado por Tula. Sus personajes, esencialmente femeninos, son vitales como los protagonistas de la Avellaneda”.

En el capítulo dedicado al muy controvertido Eduardo del Llano, explica Iturria: “La narrativa de del Llano rompe el canon literario cubano de fines del XX y principios del XXI, pero converge desde las diferencias con escritores de la Isla y el exilio que cambiaron el punto de mira sobre aquel país surrealista. Del Llano es menos escatológico que Pedro Juan Gutiérrez y Zoé Valdés, pero desacraliza desde el sarcasmo y lo esperpéntico los temas tabú, la apología del poder, la monotonía semántica, los matices de la censura y los mecanismos de control político, desatando carcajadas que obligan a pensar y entender desde la ficción una realidad acoplada a normas absurdas”.

Particularmente interesantes, por su muy peculiar visión sobre los autores, son los capítulos dedicados a Lorenzo García Vega, Manuel Díaz Martínez, Norberto Fuentes, Antonio José Ponte, Eliseo Alberto, Gina Picart, Julio Travieso y Senel Paz.

Probablemente este sea uno de los trabajos más abarcadores e interesantes de Miguel Iturria, que también ha publicado Españoles en la cultura cubana, Los vascos en Cuba y Miradas cubanas sobre García Lorca.

Iturria, nacido en La Habana en 1955, reside desde hace diez años en Valencia, España. Fue forzado a marcharse de Cuba debido al hostigamiento de la policía política por su labor como periodista independiente en CubaNet y Primavera Digital. Licenciado en historia, ejerció como profesor e investigador, y fue fundador y director del Centro de Estudios Hispánicos José María Chacón y Calvo.

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