La deuda nacional, el fantasma de las Navidades pasadas

Estados Unidos, Deuda Nacional
(Foto: AP)

MONTANA, Estados Unidos. – El economista Thomas Sowell denominó a la deuda nacional de EE.UU. “El Fantasma de las Navidades pasadas”, uso alegórico maravillosamente apropiado para centrarnos en los males de una deuda que perseguirá a los estadounidenses en las generaciones venideras.

El Congreso no ha reconocido la necesidad de cambiar sus maneras de gastar y los obsequios que hemos disfrutado en las pasadas Navidades tendrán que pagarlos las próximas generaciones. Como lo expresó el columnista George Will: “Es una forma de expropiación: impuestos a los no nacidos sin su representación”.

El tributo sin representación fue una causa principal de la Revolución Americana. Hoy, si el Congreso actuara de manera responsable reduciendo gastos y aumentando impuestos para equilibrar el presupuesto, enfrentaría la misma oposición que el Imperio Británico en 1776. Sin embargo, gravar a los no nacidos es una solución cobarde; ellos no pueden organizarse en protesta.

El déficit de EE.UU. está creciendo por encima del 27 por ciento anual, y la deuda federal acumulada alcanza la incomprensible cifra de $22 billones (trillones en inglés). Los economistas analizan la deuda nacional como un porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) del país. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que, en menos de una década, esta relación deuda / PIB de EE.UU. superará el 100 por ciento.

Un enfoque para evitar este déficit sería alguna enmienda constitucional para equilibrar el presupuesto que prohibiera al gobierno gastar más de lo que ingresa. Generalmente, estas enmiendas de presupuesto equilibrado se eliminan en tiempos de guerra u otras emergencias nacionales. Aunque la mayoría de los gobiernos estatales han adoptado enmiendas de presupuesto equilibrado, todos los esfuerzos han fallado a nivel nacional.

Otros enfoques, como el “freno a la deuda” adoptado por Alemania y Austria, requieren que el gobierno reduzca su relación deuda / PIB para cierta fecha. Otros países han adoptado límites en la deuda pública. Por ejemplo, en España y Polonia, los gobiernos no pueden asumir ninguna obligación financiera en que la deuda supere el 60 por ciento del PIB.

Sin ninguna de esas reglas, el Congreso tiene la responsabilidad de gastar e imponer impuestos sabiamente y con prudencia. Esto no está sucediendo en los Estados Unidos. La inacción del Congreso me lleva, a regañadientes, a citar esta frase del influyente teórico político alemán Carl Schmitt, quien fue un destacado miembro antisemita del Partido Nazi: “Enfrentado con la decisión de si soltar a Cristo o a Barrabás, el parlamento la aplaza o nombra a un comité para investigar”.

En la década de 1920, Schmitt publicó un ensayo titulado Sobre la dictadura, donde trató de eliminar los tabúes, según su criterio, del concepto “dictadura”. Elogió los poderes dictatoriales como superiores al lento e ineficaz proceso de poder legislativo alcanzado a través de la discusión parlamentaria y el compromiso.

Para Schmitt, un gobierno capaz de actuar con decisión debe incluir elementos dictatoriales. Sus teorías han habilitado el marco intelectual para estados autoritarios con un sistema de libre mercado y se han aplicado en China, en el Chile de Pinochet y en otros países.

Mi punto es este: el fracaso del Congreso para frenar la deuda nacional otorga autoridad intelectual a los críticos del gobierno democrático y extiende la credibilidad a los partidarios de poderes dictatoriales. Los entusiastas de la ideología de Schmitt consideran que la oficina del presidente está facultada para declarar un “estado de excepción” (terminología de Schmitt) e invocar poderes dictatoriales. Según este pensamiento, si la democracia es la expresión de la voluntad general, esa voluntad general puede expresarse mejor mediante la acción decisiva de un dictador sabio.

La deuda nacional de los Estados Unidos es el fantasma de las Navidades pasadas. Esa perversión económica perseguirá a las generaciones venideras. Sin embargo, las inconveniencias más trágicas de una deuda nacional sin control no son económicas, sino políticas; por ejemplo, la privación a las que serán sometidas las futuras generaciones sin haber tenido representación. Si el Congreso continúa incapacitado para frenar la deuda nacional, están invitando a un pensador como Carl Schmitt a tomar medidas decisivas dictatoriales en “nombre” de los votantes no nacidos.

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