La dictadura cubana y el verdadero sentir de un pueblo

LA HABANA, Cuba.- En Cuba, el acceso a internet ha sido determinante para burlar la censura impuesta por la dictadura durante 62 años. Si bien no fue hasta 2018 cuando una parte de la población logró cierta conectividad a través de los teléfonos móviles, y a pesar de los precios prohibitivos de la conexión por datos en nuestro país (una de las más caras del mundo, especialmente considerando el limitado poder adquisitivo de los cubanos), cada día son más los usuarios que llegan a las redes sociales ansiosos por informarse, aprender y denunciar violaciones. Y, por consiguiente, ahora el mundo puede aprender más sobre lo que de verdad ocurre en el supuesto paraíso comunista: las protestas populares, el abuso policial, la represión gubernamental, la persecución y difamación a opositores y periodistas independientes.

A pesar de decretos como el 370 de 2019, conocido como “ley azote”, que establece una serie de prohibiciones con severas sanciones, y de otros múltiples intentos gubernamentales de controlar el ciberespacio, los cubanos desafiamos la censura para dar a conocer nuestra realidad, y ese acto de interactuar y manifestarse es una avalancha imparable. “Me encerraron por publicar mi opinión en mi perfil de Facebook y por denunciar lo que pasa aquí”, sostiene, por ejemplo, Yasser Rodríguez González desde la prisión Combinado del Este.

Las redes sociales han unido a nuestro pueblo en sus ansias de vivir en libertad. Una muestra de ello es la reacción popular al tema Patria y Vida, que en poco tiempo superó los 4.7 millones de vistas, ha recibido hasta el momento más de 214 000 likes, y la gente canta o tararea por las calles una y otra vez, a pesar de las posibles represalias. Con este tema un grupo de compositores y cantantes cubanos denuncian la falta de libertades, la crítica situación económica y el hastío de un pueblo condenado a Patria o Muerte durante más de sesenta años de dictadura comunista.

“Ahora es que se está haciendo algo, porque aquí nadie hacía nada”, opina un amigo que sigue las redes sociales. No lo culpo por su error, pues bastante menos se conocía antes de internet acerca de los métodos diabólicos aplicados por el gobierno castrista desde sus inicios. Con la consigna de “Patria o Muerte” la tiranía esparció por el mundo la falacia de que somos un pueblo dispuesto a morir por la “Revolución”, vocablo con el cual se ha suplantado el concepto de patria. También por falta de acceso a la información gran parte de los cubanos y el mundo desconocían la realidad de que durante años muchas mujeres y hombres se han opuesto a los desmanes de Fidel Castro, y por ello han sido reprimidos con crueldad y total impunidad, con la complicidad de la prensa oficialista. Hoy que tenemos mejores herramientas es importante dar a conocer la verdadera cara de la Cuba “revolucionaria” de Fidel Castro.

Desde que Fidel Castro llegó al poder implantó el terror, eliminó la libertad de expresión, destruyó la prensa libre, fusiló, asesinó, encarceló y aplicó castigos brutales a todo el que se le oponía. Creó campos de concentración donde encerraban a cualquiera que consideraran desafecto o que simplemente les resultara indeseable, como opositores, intelectuales, religiosos, homosexuales, quienes eran sepultados bajo estigmas injuriantes como proxenetas, pedófilos, drogadictos, prostitutas, etcétera. El primero de esa especie de gulags tropicales fue en Guanahacabibes (1960 -1963). Le siguieron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP, 1965 – 1968), donde, tras alambradas custodiadas por militares, los secuestrados trabajaban de sol a sol y se cometía todo tipo de atropellos y brutales torturas. A esas instalaciones infames se ha referido cínicamente Mariela Castro como “escuelas al campo”.

También miles de campesinos de la región montañosa del Escambray, en el centro de la isla, fueron desplazados de sus tierras, por la fuerza, desde principios de 1960 hasta mediados de la década de 1980. Sus bienes fueron confiscados, e internados junto con sus familias en otra clase de campos de concentración: los pueblos cautivos en las regiones oriental y occidental. Todo eso por la sencilla razón de que vivían en el Escambray en una época en que la zona estaba llena de “alzados”, rebeldes que luchaban contra la dictadura de Fidel Castro. Y aunque ya en diciembre de 1971 esos grupos insurrectos habían sido aniquilados y sus miembros exterminados, los desalojos continuaron para eliminar cualquier posibilidad de apoyo a algún otro foco de rebelión que pudiera surgir. Ya presos y a punto de transportarlos, tuvieron que soportar además duros improperios: “Ustedes no se merecen ni el aire que respiran. Jamás van a volver, lo que ustedes van a sufrir a partir de este momento, lo sufrirán sus hijos y sus nietos y los hijos de sus nietos”. En efecto, han pasado décadas y los descendientes de aquellos campesinos nunca han podido recuperar sus tierras.

La prensa oficialista habla de la invasión por la bahía de Cochinos, en abril de 1961, de tropas integradas por cubanos anticastristas. Sin embargo, nunca se refieren a los invasores que murieron asfixiados mientras los transportaban hacia la capital, encerrados en una rastra. Tampoco hablan del horror que vivimos los familiares de los miles de cubanos que fueron apresados y encerrados durante varios días en prisiones, cines, estadios, custodiados por militares con armas largas que amenazaban con “matar a todos los gusanos” si la invasión llegaba a triunfar, una aborrecible e inhumana amenaza que sabíamos cumplirían, pues Fidel Castro demostró ser capaz de eso y mucho más.

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