La economía privada gana terreno en Cuba

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La crisis del coronavirus no ha frenado del todo los tímidos avances que se están dando en Cuba en la dirección de permitir un mayor margen de maniobra a la iniciativa privada, avances que el régimen permite con la esperanza de mejorar la situación económica de la Isla, situación que si bien está lejos de la vivida durante los durísimos años noventa, tras la caída de la URSS, está igualmente lejos de ser boyante, más si cabe en medio de una situación mundial como mínimo muy delicada.

Una economía ligeramente más abierta

Con el número de cuentapropistas y la cantidad de actividades que estos pueden realizar de forma legal aumentando de forma lenta pero constante en la última década, no cabe ninguna duda de que el Gobierno cubano está aflojando la presa que ha mantenido durante décadas sobre la iniciativa privada, algo que se antoja casi obligatorio en un momento en el que una de las principales fuentes de divisas fuertes del país, el turismo, se ha visto frenado prácticamente en seco por culpa de la pandemia mundial, y uno de sus principales socios en la zona, Venezuela, está viviendo uno de los momentos más delicados de su historia reciente.

La hasta ahora última medida gubernamental para eliminar trabas a una economía anquilosada es la de permitir que los cuentapropistas alquilen e incluso adquieran en propiedad locales de titularidad estatal, renta o compra que incluirá a los trabajadores que vinieran desarrollando su labor en dichas dependencias, salvo que los trabajadores no quieran participar del negocio que vaya a llevar a cabo el nuevo propietario o inquilino.

Las solicitudes tardarán unos treinta días en tramitarse y deberán incluir de forma invariable la siguiente información, a valorar por los funcionarios: datos personales del solicitante, nombre del negocio y labores que se van a desarrollar, qué tipo de publicidad va a utilizar el negocio, posibles cambios a realizar en el local y, además, todos los informes de higiene, impacto medioambiental, plan de protección frente a incendios, etcétera.

Pero, aunque Cuba se vaya abriendo poco a poco al trabajo de forma autónoma, todavía no están disponibles para los cubanos que no pertenezcan a la diáspora en el extranjero inversiones de tipo financiero fácilmente accesibles en muchos otros países.

Opciones todavía no disponibles en la Isla

En Cuba, como corresponde a un país comunista con una economía fuertemente centralizada, no son posibles legalmente la mayoría de inversiones financieras que son usuales en gran parte del mundo y que el subconsciente puede relacionar con típicamente capitalistas en el imaginario de aquellos que se han formado una imagen superficial de este tipo de inversiones.

Basten como muestra estos dos ejemplos: el trading mediante contratos por diferencia que ofrecen brókeres en español como Plus500 o la más clásica inversión en valores bursátiles no serían posibles para un cubano residente en la Isla; tendría que hacerlo mediante un proxy residente en un país extranjero o emigrando. Es cierto que ambas formas de invertir tienen sus riesgos particulares que hay que conocer bien antes de arriesgar dinero, pero tener la opción de elegir invertir o no invertir una vez se dispone de toda la información sí que sería interesante para cualquier ciudadano, algo que tarde o temprano tendrá que ser posible incluso en uno de los últimos países comunistas del mundo.

¿Un futuro «capitalista»?

Estamos siendo testigos de los lentos avances de Cuba a la hora de permitir acceder a su sociedad a una economía de mercado, y no hay que olvidar que cualquier cambio, sobre todo si son tan ínfimos como los que se están dando en el país caribeño, puede ser revertido con facilidad, por lo que todavía es muy pronto para afirmar que en el corto o incluso en el medio plazo Cuba vaya a terminar siendo lo que la mayoría de personas entenderían como un país capitalista, como por otra parte multitud de analistas no dejan de vaticinar de forma recurrente.

Y es que Cuba tiene muchos de los ingredientes necesarios para el éxito: una situación privilegiada, una población joven y una diáspora muy influyente en aquellos países en los que se ha establecido, como ha demostrado la población cubano-estadounidense. Sólo le falta seguir dando pasos en la dirección de un mercado más liberalizado.

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