La Unión Europea es amiga del régimen, no del pueblo cubano

LA HABANA, Cuba.- Una vez más el viejo continente se ha cuidado de cruzar la línea de los intereses para encarar al régimen de La Habana sobre las graves violaciones a los derechos humanos en la Isla, que han ido subiendo de tono en proporción al empeoramiento de la crisis y en respuesta a la voluntad gubernamental de mantener el inmovilismo político a golpe de represión. Con una nota escueta e indolente, similar a la emitida por la oficina de Díaz-Canel cuando un balcón se derrumbó y mató a tres niñas de la Habana Vieja, la Unión Europea se pronunció en redes sociales tras la irrupción ilegal de la Seguridad del Estado en casa del artivista Luis Manuel Otero Alcántara cuando éste cumplía una semana en huelga de hambre y sed. Antes y después de estos hechos, silencio.

Unión Europea
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Si bien el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la Unión Europea firmado en 2016 incluye un acápite específicamente relacionado con las violaciones a los derechos humanos, su contenido pierde peso ante los intereses económicos representados por las empresas, mayormente españolas, que desde los años noventa mantienen negocios con el castrismo. La insultante condescendencia de las naciones europeas es justificada por sus líderes con el embargo estadounidense, pues supuestamente debe existir una postura internacional equilibrada hacia Cuba. Lo cierto es que todos se engolosinaron con el deshielo promovido por Obama, se subieron a la montaña rusa de las inversiones, y cuando Trump paró en seco la danza de los millones, ya habían echado demasiada plata en el saco sin fondo de la dictadura.

Ahora hay que recuperar ese dinero a como dé lugar, un objetivo que luce improbable en el futuro inmediato, considerando el estado ruinoso de la economía cubana. Por eso parlamentarios y cancilleres, salvo contadas excepciones, callan ante los abusos del castrismo, afirman que Cuba es una democracia de partido único, o niegan que sea una dictadura; frases que han puesto en duda la buena voluntad de los gobiernos europeos hacia las causas de la sociedad civil cubana.

Lo han vuelto a hacer en el caso de Luis Manuel Otero Alcántara, yendo de la presunta preocupación por su salud a la esperanza de “que pueda disfrutar de sus derechos como ciudadano y como artista”. Esperanza. Puede que sí o puede que no. Así es como las democracias se lavan las manos. Ni una palabra sobre las violaciones a la ética médica, al protocolo médico-paciente y a la privacidad de Luis Manuel, quien ha vuelto a ser calumniado en el noticiero, y evidentemente “trabajado” por la misma fuerza represiva que no permite el acceso de amigos y periodistas imparciales, que engrosa su listado de presos políticos y está buscando la manera de encausar a un grupo de jóvenes por haber protagonizado una protesta pacífica en apoyo a Luis Manuel el pasado 30 de abril.

Los socios del Parlamento Europeo nada tienen que decir del hospital Calixto García militarizado, ni del joven enérgico que caminaba como un zombie el día que la Seguridad del Estado violó su domicilio y lo sacó en contra de su voluntad para luego emitir comunicados contradictorios sobre su estado de salud. Es vergonzoso que países que conocieron los horrores del fascismo, las muertes, las desapariciones, el estado de terror permanente, no se estremezcan ante el combate desigual entre una maquinaria perversa que ha molido a miles de víctimas, y un solo hombre debilitado por la sed, el hambre y el hostigamiento.

La Unión Europea es amiga del régimen, no del pueblo cubano. Sus líderes decidieron creer en la jugada de engaño de Raúl Castro y su falsa apertura. Escogieron hacer negocios con un gobierno rapaz que cobra nóminas en moneda fuerte y paga a sus trabajadores del sector turístico en pesos cubanos, obligándolos a robar y ofrecer los servicios mediocres que desilusionan a los clientes y convierten la mala calidad en un sello de las instalaciones hoteleras en la Isla.

Cuba no sería la meretriz endeudada que es hoy si las naciones libres hubieran presionado al castrismo en favor del respeto a los derechos civiles y las libertades económicas para impulsar el desarrollo sin trabas del sector privado. Por ese camino, los emprendedores cubanos con sus impuestos ya hubieran liquidado una porción considerable de la deuda y el país estuviera avanzando hacia un horizonte prometedor.

En un contexto cada vez más convulso, la estabilidad política que el castrismo se ufana de garantizar a los inversionistas foráneos será difícil de mantener. Cuba se devora a sí misma por la insolvencia congénita de su sistema, la estulticia de sus dirigentes y el paternalismo de países democráticos que con el pretexto de la cooperación han quedado atascados entre el disparate y el silencio abyecto, ambos igualmente útiles para un gobierno inescrupuloso. Siendo así, merecen perder su dinero, tanto como que los cubanos no olviden que en la hora de mayor necesidad los “amigos” europeos, incluidos sus medios de prensa, miraron hacia otro lado y se alinearon con los represores.

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