Las distintas formas de morir de Luis Manuel Otero

LA HABANA, Cuba,- Luis Manuel Otero Alcántara llega en su quinto día de huelga de hambre y sed muy débil. La protesta del artista no es un performance, como la campaña que ha lanzado INSTAR, pero tampoco es un acto suicida.

Otero Alcántara ha decidido escoger su propia manera de morir. Las amenazas que recibió en la última detención, más la tortura de una psicóloga de la Seguridad del Estado que lo ha estado “trabajando”, lo ha llevado a escoger con libertad cómo terminar con su vida.

El supuesto delincuente que pusieron a amenazarlo y a humillarlo en una celda en la estación de policías del Cotorro le dijo que podría terminar “con la boca llena de hormigas” a mano de la policía o de cualquier otro desconocido en la calle. Y quien conoce al artista sabe que podría pasar. El se mueve confiado por La Habana, abraza a cualquiera que se le acerca, responde de frente a quien le pregunta, no se esconde de su destino.

La psicóloga de la seguridad, de la que solo se sabe que se viste bien, le dijo entre otras cosas que han contado que “él no está preparado para morir aún”, como si lo estuviera induciendo a morir o llevarlo a la locura, y Luis Manuel no quiere eso para su vida, no quiere terminar “recogiendo cabos en la calle, loco o alcohólico” como los miles en total indigencia que viven en Cuba. Tampoco quiere el exilio para su vida.

Voy a ser un zombie doble si me voy de Cuba”, ha dicho en más de una ocasión, porque es de los cubanos que le teme más al desarraigo que a la represión misma. Para él esa es otra manera de morir.

Vísperas del quinto día de huelga Luis Manuel tuvo taquicardias. Esa misma tarde dijo que parecía tener “una tremenda resaca”, esos son los síntomas más frecuentes de la deshidratación, aunque diga “no, aún no lo estoy, voy camino allí”, dice en el reporte de su salud que le hago enviar al menos dos veces al día.

A diferencia de la anterior huelga durante los sucesos del acuartelamiento, en esta el artista está solo y puede observarse más para poder describir cada síntoma. Lleva la huelga en una soledad que le han impuesto por la represión que ha caído sobre él y sobre los amigos, desconocidos y demás activistas que han intentado llegar a su casa. Ya no solo las reclamaciones van por la indemnización de sus obras, sino por el acompañamiento y el apoyo a la vida del artista.

“Yo estoy bien”, repite en cada mensaje, pero el rostro de la directa que logró hacer no es de alguien que está “bien”. Tiene el rostro ajado, no tiene brillo en sus ojos ni se ríe como suele hacerlo. Algunos amigos prefieren que viva, que apueste por la vida, pero él insiste que si muere va a volver de todas formas convertido en flor, o en cualquier otro ser viviente para seguir apoyando a los que no se cansan de pelear. Solo queda apoyarlo y seguir intentado llegar a Damas 955.

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