No habrá “continuidad” sin violencia

BOSTON, Estados Unidos. ─ La situación dentro de Cuba vuelve a girar en torno a la escasez alimentaria, los racionamientos y el declive del poder adquisitivo. Hay un repunte de las insatisfacciones populares, que hasta ahora han sido silenciadas con actos represivos de menor calibre, lejanos al tiro en la nuca o cualquiera de las variantes que aparecen en el manual de los sicarios.

Sin embargo, basta con que se disparen las muestras de descontento para que la ira gubernamental sobrepase los rutinarios arrestos temporales, los juicios exprés y las difamaciones en los medios de prensa. En ese sentido, puede no estar lejos el día en comiencen a aparecer cadáveres en cunetas y basureros de la Isla.

Al observar las alarmantes previsiones socioeconómicas para lo que resta de año, el refuerzo del blindaje en torno a la ideología del partido único y al modo de producción basado en la primacía de las empresas estatales, se estiman nulas las posibilidades de abandonar el pantano de la ineficiencia que se extiende por toda la infraestructura productiva y de servicios.

Por otro lado, los acuerdos refrendados en el VIII Congreso del partido, avalan el recrudecimiento de la pobreza y, a la vez, la disposición de los mandamases a silenciar las críticas, sin excluir ninguno de los medios, tanto los usados habitualmente, más inclinados a la desestabilización psicológica, como los que comprenden acciones criminales que incluyan la muerte fulminante.

No es una valoración cualquiera, se trata de una intencionalidad manifiesta en los episodios represivos de los últimos meses contra los activistas prodemocracia más beligerantes y también contra cualquier persona que ose exponer públicamente algún cuestionamiento que involucre al gobierno.

Los llamados factores ─presentes en cada cuadra─ han demostrado su disposición de cumplir las órdenes de la policía política, protagonizando sendos actos de repudio frente a las casas de las personas con una activa participación en las agrupaciones de la sociedad civil independiente. De acuerdo con el fervor mostrado en sus tropelías protagonizadas en lo que va de año, las dramáticas escenas que ocurrieron durante el éxodo del Mariel en el verano de 1980, con mortales lapidaciones y “cabillazos” a diestra y siniestra contra quienes huían del “paraíso socialista”, estarían a punto de repetirse.

Es una pena admitirlo, pero no son pocos los cubanos de a pie dispuestos a matar a golpes a un supuesto contrarrevolucionario. Son como perros de presa fieles a la voz del amo. No es fácil de asimilar este tipo de conductas que muestran el grado de envilecimiento que opera al interior de una sociedad moldeada por una élite corrupta y antinacional.

De acuerdo con la lógica de la supervivencia, es un mal menor practicar la doble moral y convertirse en ayudante ─parcial o a tiempo completo─ del verdugo, en este caso, de las autoridades que se responsabilizan en alimentar el miedo y la sospecha en cada rincón del país. El objetivo de una gran parte de la población es sacarle algún provecho a una realidad, aceptada a golpes de adoctrinamiento y terror por cuatro generaciones.

La urgencia de aliviar la estadía en un espacio donde no se sabe quién es el colaborador de la policía y donde hay que robar para alimentarse, termina corrompiendo el alma. Es un terreno fértil para el surgimiento y propagación de actos denigrantes que incluyen la chivatería y el paso al frente a la convocatoria de machacar al prójimo y liquidarlo, si así lo sugiere la jefatura.

Lo más terrible no culminaría con una cadena de homicidios ejecutados por las turbas o por sicarios de gatillo alegre, sino en la posible continuidad de la sinrazón. Maduro, en Venezuela, tiene en su cuenta cientos de asesinatos de civiles y sigue haciendo de las suyas, burlándose de la comunidad internacional. Una nota que demuestra el relativismo del mundo en que vivimos frente los abusos de tiranos y tiranuelos.

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