Prensa independiente cubana: del otro lado de la infamia

(Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba. ─ En un golpe de voluntarismo apresurado durante los primeros años de la década de 1990, fue elegido el 14 de marzo como Día de la Prensa Cubana. Hasta ese momento, los comunicadores de la Isla celebraban su jornada el 8 de septiembre, bautizado desde 1958 como Día Internacional del Periodista a raíz del asesinato del reportero y revolucionario checo Julius Fucik a manos de la Gestapo. Tras la caída de la Unión Soviética, y siendo menester desligarse de tan notable símbolo del fracaso político, alguien recordó aquella fecha de 1892 en que José Martí fundó el periódico Patria. A la luz de tan distinguida efeméride fue reivindicada la prensa cubana, que jamás pasaría de ser un órgano de propaganda al servicio de una dictadura diametralmente contraria a la república soñada por el Apóstol.

También por esos años, los más duros del Período Especial, lo que actualmente se conoce como prensa independiente cubana daba los primeros pasos para informar, con alguna regularidad, sobre el acontecer de la Isla que era ignorado por los medios oficiales. Fue una labor difícil que tuvo sus antecedentes en organizaciones políticas de oposición, como el Comité Cubano por los Derechos Humanos, cuyos miembros escribían artículos donde abordaban, entre otros temas, las condiciones en que sobrevivían los presos políticos en las cárceles de la dictadura.

A menudo eran los propios reclusos quienes narraban sus vivencias por escrito y buscaban la forma de que llegaran a las manos indicadas. Cuando las condiciones lo permitían, la información se hacía llegar al exterior por vía telefónica, principalmente a la emisora Radio Martí, que salió al aire en 1985 con el objetivo de promover la causa por la libertad de Cuba.

A pesar del constante hostigamiento y las dificultades para acceder a la información con inmediatez, en 1994 surgió CubaNet Noticias, primer medio de prensa independiente dedicado a informar con asiduidad sobre lo que pasaba en la Isla. Tras su estela fueron creados otros proyectos con líneas editoriales similares, y ya en los albores del siglo XXI, lo que había comenzado como intentos aislados, con una frecuencia de publicación inestable, fue dando paso a un movimiento de prensa libre que no solo se propuso informar; sino estimular y acompañar el desarrollo de la sociedad civil independiente.

Con la llegada de Internet, una herramienta que el castrismo ha procurado mantener lo más alejada posible de sus ciudadanos ─encareciéndola y administrándola desde una posición autócrata─ se hizo evidente la fragilidad de un poder que jamás había tenido que lidiar con ninguna clase de cuestionamiento, y a partir de entonces sería atacado sin piedad por todos los flancos. Gracias a Internet la prensa libre ha contribuido a desmontar el mito de “la Revolución y sus conquistas”, derribando los altos muros que ocultaban muchos de los secretos de una casta corrupta e inescrupulosa, que durante más de seis décadas ha vivido en el extremo opuesto de la austeridad predicada.

A pesar de los peligros que supone revelar la otra cara de un régimen totalitario, la prensa independiente ha incorporado a profesionales, incluso graduados de la propia Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, lo cual enriquece la variedad y calidad de los géneros abordados. Los periodistas más jóvenes poseen además una visión generacional y actualizada de la crisis cubana, que es una sola ─la única “continuidad” que hemos conocido─, pero marcada por contextos específicos.

Impedida de funcionar dentro de un marco legal, la prensa libre ha ganado espacio en las redes sociales, donde es abrumadoramente más leída que los medios estatales. El respeto conquistado por denunciar la precariedad material y ausencia de derechos que oprime a los cubanos bajo un sistema que de socialista solo lleva el nombre, ha provocado una respuesta mediática sin precedentes por parte del régimen, que busca desprestigiar a los reporteros no alineados con sus políticas, y desalentar tanto el ingreso de nuevos colaboradores a los medios independientes, como los esfuerzos de la sociedad civil para organizar acciones pacíficas contra el establishment.

En comparación con el panorama existente hace algunos años, hoy la represión contra la prensa libre es constante, pero menos radical. La agresividad con que el régimen ha atacado a periodistas independientes a través de los medios estatales, hizo pensar en una posible reedición de la Primavera Negra de 2003, cuando 75 opositores -25 periodistas entre ellos- fueron sumariamente condenados a largas penas de cárcel.

Si bien las dictaduras funcionan contra toda lógica y cualquier cosa puede suceder en cualquier momento, la casta verde olivo sabe que la comunidad internacional está muy pendiente de las violaciones a los derechos humanos dentro de la Isla; por ello ha apostado por un hostigamiento sostenido pero dosificado, basado en presiones y amenazas, para desgastar a los periodistas y empujarlos eventualmente al exilio.

De estas terribles circunstancias en que sobreviven ciudadanos cubanos críticos con la dictadura, que hacen públicos sus opiniones, crónicas y reportajes investigativos para desmentir una farsa que ha durado demasiado, no hablarán hoy los medios normados. Por el contrario, habrá más ataques y difamación sin derecho a réplica; pero ante la desvergüenza ninguna respuesta es más apropiada que hacer el mejor periodismo posible para conducir a Cuba por el camino de la anhelada democracia.

Mal que pese a muchos, la prensa independiente está recomponiendo la historia de la nación; algo que hace veinte años nadie creía posible. No obstante sus imperfecciones, está mucho más próxima al objetivo que se propuso Martí con el periódico Patria, de lo que jamás lo han estado los medios panfleteros al servicio de la élite gobernante que traicionó la república soñada con todos y para el bien de todos. Lleguen, pues, nuestras más sinceras felicitaciones a todos los colegas que se han atrevido a cruzar la línea del miedo, para ejercer la libertad de pensar y hablar sin hipocresía.

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