Renta de viviendas a extranjeros, negocio en la encrucijada

Una casa en venta, en La Habana (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Casa de renta en el Vedado de cuatro habitaciones climatizadas, cuatro baños, salones amplios y jardines tan exquisitamente cuidados que no pareciera un pedazo de La Habana. Pero la vivienda, que desde 2017 hasta los primeros tres meses de 2020 tuvo un 80 por ciento de ocupación en Airbnb, está a punto de cumplir en marzo próximo un año sin ser alquilada a extranjeros y, como consecuencia, su propietaria ha decidido venderla.

Aunque pudiera contarse entre las pocas afortunadas que alcanzaron a recuperar la inversión inicial, Alina, la dueña del hostal, es hoy una de los más de 30.000 arrendadores de viviendas en Cuba a los que la pandemia ha colocado en la encrucijada de vender el negocio, convertir sus “hostales” en “alquileres por horas” para clientes nacionales o, simplemente, resignarse a esperar por el retorno de la normalidad y la reapertura al turismo internacional, con la incertidumbre y los riesgos que implica cada una de las opciones.

Alina reconoce que en 2019 su negocio ya no rindió lo mismo que en 2017 y 2018, cuando las ganancias promediaron los 70.000 dólares anuales; sin embargo, el balance negativo de unos 40.000 dólares en el año le pareció más que suficiente para asegurarse de lo mal que marchaban las cosas en la Isla tras la disminución de la llegada de turistas y los obstáculos y limitaciones impuestos al emprendimiento. 

“Creo que, con muy pocas excepciones, a todos nos está yendo muy mal. El año pasado hice solo 2.000 dólares, y ya empezamos muy mal este”, comenta Alina. “Hay quienes han entregado la licencia o se han puesto a alquilar por la izquierda a cubanos, pero lo he pensado y no me da la cuenta”. 

“Este es un negocio que hice con mi hermana”, explica. “Ella está en Miami. Ya recuperamos el dinerito que puso, pero igual, la idea era ganar regularmente, después comprar otra casa y así ir creciendo, hasta donde te dejan, porque aquí sabes que todo lo que te haga prosperar es ilegal. (…) Lo más inteligente es vender, pero llevo seis meses publicando el anuncio en todos lados y no aparece nadie (…). A veces me escribe alguien, pero todo queda así. Esto se ha puesto muy malo y la gente no está comprando. Hay que vender y después irse en cuanto se pueda”.

(Captura de pantalla)

En una situación más difícil se encuentra Igor, propietario de un negocio de renta a extranjeros en Centro Habana. En 2019 él y su esposa, residente en   Francia, invirtieron 35.000 dólares en la compra del apartamento y gastaron otros 5.000 en repararlo, instalar los equipos de aire acondicionado, el refrigerador y el calentador, comprar muebles, sábanas y utensilios de cocina. Esperaban recuperar una gran parte de ese dinero en la temporada alta del turismo, entre finales de 2019 e inicios de 2020, pero la suerte no estuvo a su favor.

“¿Quién iba a pensar que las cosas se complicarían así? Cuando más embullados estábamos, ¡boom!, todo se vino abajo”, dice Igor. “Nos dio tiempo a alquilarlo tres veces, por suerte fueron buenas rentas, de casi un mes cada una, porque en el mismo edificio hay gente que el año pasado y el otro se fueron en blanco. Ahora los que no quieren vender se han puesto para la renta por horas, pero eso no es vida: el lavoteo de sábanas, toallas, los cubanos que no cuidan y que ponen el aire a todo meter, el problema del coronavirus que cualquiera te lo pega, yo creo que lo mejor es vender y por lo menos se recupera lo que gastamos porque esto es para largo”. 

El repaso por varios grupos de compraventa en las redes sociales, así como por páginas de clasificados cubanas como revolico.com, nos lleva a detenernos en los tantos anuncios que hacen referencia directa a sus contratos vigentes con agencias extranjeras y con Airbnb, lo cual revela que son numerosos los dueños de negocios de renta que, debido a la crisis actual, han decidido vender sus propiedades.

Aunque algunos con los que pudimos conversar ya directamente, ya mediante internet, albergan la esperanza de un retorno a la normalidad y, por tanto, de una reanimación del turismo internacional, el trauma provocado por los meses de paralización de la economía, más las sospechas y evidencias de que el régimen ha emprendido una cruzada contra el “cuentapropismo” para favorecer a las empresas estatales, los han hecho inclinarse por la opción de vender e, incluso, marcharse definitivamente de Cuba.

“Si fuese solo el coronavirus uno esperaba lo que tuviera que esperar y ya, pero ¿y lo otro? Porque esto cada día se pone peor”, afirma Xiomara, también a la espera de vender su casa en La Habana para después emigrar.

“Es evidente que no quieren negocios privados que les hagan la competencia. Ahora son tantos los requisitos para alquilarle a un extranjero con esto del coronavirus que es mejor que te digan ‘no queremos que lo hagas, y punto’. Se han aprovechado de la situación. Quieren mandar en todo, en los precios, en la cantidad de habitaciones que tienes, si le alquilas a este o aquel, en si tienes más de dos casas, pero ellos cobran lo que les da la gana, construyen y construyen. Poco a poco irán cerrando a todo el mundo para ellos acaparar esa clientela. La cosa es joder”, asegura Xiomara. 

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Cuando la compañía Airbnb comenzó sus negocios en la Isla en abril de 2015 lo hizo con unas 1.000 casas de renta. Ya al año siguiente la cifra superaba las 20.000 viviendas en todo el territorio nacional. Sin embargo, de acuerdo con los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), al cierre de 2016, solo 389 casas de alojamiento en todo el país mantenían contratos similares con entidades estatales cubanas. 

Tal diferencia pudiera traducir el poco interés que tiene el régimen cubano en fomentar el emprendimiento privado en ese sector, donde la política ha estado dirigida a incrementar la planta hotelera, aún cuando el por ciento de ocupación de esta es bajo y, más aún, cuando los turistas estadounidenses —que fueron el pretexto para construir más hoteles—, han mostrado marcado interés en hospedarse usando los servicios de Airbnb cuando no optan por los cruceros.

“Creo que lo más prudente es vender, si es que se puede, porque ahora está bien difícil”, dice Yesenia, que se dedica por su cuenta a la compraventa de casas, un negocio considerado ilegal por el Gobierno. 

“Antes de la pandemia ya había gente vendiendo (casas de renta). Se han dado cuenta de que en Cuba todo es un pasito para alante y dos para atrás. Jamás los van a dejar prosperar. Cuando esto termine no habrá mejoría porque van a querer llenar los hoteles y van a tratar de cerrar todas las casas de renta que puedan, como han hecho con los taxis particulares para que los turistas tengan que ir obligatoriamente con los estatales. Han prohibido las excursiones, los campismos, eso es territorio exclusivo de ellos, ya dijeron que aunque vacunen van a mantener las medidas sanitarias, así que van a poner multas y quitar licencias a trocha y mocha, por cualquier bobería”, lamenta Yesenia.

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Otros vendedores con los que indagamos sobre el tema coinciden en que es notable cómo desde mediados de 2020 ha aumentado el número de casas y apartamentos de renta a extranjeros que se han puesto a la venta, con precios que oscilan entre 30.000 y más de medio millón de dólares, sobre todo en La Habana. Sin embargo, también refieren que han sido muy pocos los propietarios con éxito en la gestión. 

Aseguran, además, que en los últimos seis meses el interés por la compra de casas con valores por encima de los 25.000 dólares ha sido casi nulo, que la mayoría de los propietarios están exigiendo recibir el pago en moneda estadounidense y que los pocos interesados en comprar estarían a la espera del segundo semestre del año cuando suponen que el panorama será menos sombrío con la retirada total del CUC de circulación, la posible disminución de los casos de COVID-19 en la Isla y el probable retorno a las negociaciones con los Estados Unidos. 

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