Vigencia de “Juan de los muertos” en su décimo aniversario

MIAMI, Estados Unidos.- Sobre una balsa, donde pesca en el litoral habanero, Juan explica por qué no la enrumba a Miami: “Allá tengo que trabajar, aquí soy un recolector como los taínos, es cuestión de sentarse a esperar y algo cae de la mata. Además, yo soy un sobreviviente. Sobreviví el Mariel, sobreviví Angola, sobreviví el período especial y la cosa esta que vino después. A mi nada más tu me das un filo y yo me las arreglo”.

Estas primeras palabras, en cínica modulación del actor Alexis Díaz de Villegas, sancionan la insólita premisa de un clásico instantáneo del cine cubano, “Juan de los muertos”, dirigido por Alejandro Brugués, que ahora cumple diez años de una vigencia insospechada.

No son los sobrevivientes que Tomás Gutiérrez Alea prefiguró en su película homónima de 1979 y que el propio fardo castrista ha envejecido.

Si acaso, el antecedente de este filme, que contamina a la sociedad cubana con una epidemia de zombis, es “Alicia en el pueblo de Maravillas”, de 1991, dirigido por Daniel Díaz Torres, donde se especula también sobre una Cuba condenada e insalvable.

Tanto “Juan de los Muertos” como “Alicia” ocurren en escenarios empercudidos y desolados, como la propia vida en la Isla, abocada a una suerte de amenaza apocalíptica interna.

“Juan de los Muertos” lleva “el arte nuevo de hacer ruinas” a la cotidianeidad. Es una película odiada por el castrismo porque está entre las pocas que han logrado reproducir su indolencia social y adoctrinamiento falaz, mediante el atractivo de un género caro al cine de horror.

Juan y su equipo de sanidad lucran con la eliminación de seres queridos contaminados por la epidemia, para lo cual reciben llamadas telefónicas. Una de las cuales proviene, al parecer, de la nomenclatura gubernamental donde, a todas luces, le piden que ultime cierto alto dirigente, circunstancia que se manifiesta en la contrariedad del rostro de Juan, cuando responde: “De ese se ocupan ustedes”.

La película, que también escribió Brugués, quien reside en California, no es parte del pasado cubano como hubiera sido preferible, sino que ha sobrevivido sus primeros diez años mediante una turbadora actualidad.

El régimen considera a los inesperados zombis como disidentes de una epidemia alentada por el imperialismo enemigo, y sigue con la falsa cantaleta de una mejoría social ostensible en lo que el país se derrumba.

Brugués no sustenta su imaginería sobre la metáfora o la doble lectura del otrora cine cubano, acoquinado por la censura. Es como si la urgencia de la debacle nacional no lo permitiera. No hay tiempo para investigar en los intersticios de la realidad, cuando el daño resulta tan obvio y frontal.

“Juan de los Muertos” es un milagro iconoclasta en la cinematografía nacional. Hay hechos enloquecidos y violentos que ocurren en la propia Plaza de la Revolución, a los pies de la figura del Che Guevara, santificado por el régimen, que se dibuja sobre la fachada del siniestro Ministerio del Interior.

Su divertida y bienvenida incorrección política y dinámica erótica, además de tanto desparpajo coloquial, la colocan fuera de los parámetros castristas y de la propia mojigatería ideológica que ahora practica Hollywood. Se ha vuelto maldita.

La actualidad de la película no solo se circunscribe a la caricatura de los males de la dictadura en crisis, sino al daño que inflige una epidemia irremediable en medio de la incapacidad e improcedencia del régimen para atajarla.

Juan y los suyos lo mismo enarbolan la bandera americana que la enseña nacional, según dicte la circunstancia. Interpretan, de tal modo, el oportunismo criollo.

Son personajes que han aprendido a lidiar con la doble moral y la miseria, sobreviviendo imponderables materiales y espirituales, de toda índole.

“Ya no hay turistas, esto va para abajo”, apunta uno de los personajes jóvenes, que encarna el futuro. “Quiero irme y darle la vuelta al mundo y si me preguntan de dónde soy, diré que de Cuba; si me preguntan qué es Cuba, diré que una islita socialista del Caribe; si me preguntan que es socialismo, les voy a decir que un sistema instaurado por Fidel Castro hace 50 años; si me preguntan quién es Fidel Castro, me quedo a vivir allí para siempre”.

Se cae la cúpula del Capitolio, desaparece el Focsa y otros edificios del Vedado arden por los cuatro costados. “Juan de los Muertos” se atreve a especular sobre la guerra que nunca ha acontecido pero que se incuba en la olla de presión del desaliento cubano.

Hay un momento de la película cuando hasta el lacayo presentador de la televisión, emulo del actual Humberto López, es devorado por los zombis, y Juan considera que es hora de escapar de la isla y el más joven de su grupo le pregunta: “¿Nos vamos a la Sierra y nos alzamos” a lo que responde el interpelado: “Tú lo dirás jugando, pero ¿es lo que debimos haber hecho desde el principio?”

El décimo aniversario de “Juan de los Muertos” se celebra en el Teatro Tower, del Miami Dade College, este viernes 21 de mayo a las 7:00 p.m., con una proyección de la película que incluye, además, conversatorio virtual con su director Alejandro Brugués, así como un panel sobre el Movimiento San Isidro con la activista Rosa María Payá, el periodista Hatzel Vela y la dramaturga Vanessa García.

Cine Cubano en Trance con Alejandro Ríos.
Dilucidar la isla y su cultura a partir del séptimo arte que la denota. La intensa quimera de creadores, tanto nacionales como foráneos, que no cesan de manifestar una solidaria curiosidad por tan compleja realidad, es parte consustancial de esta sección.

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