Violena Ampudia: Intuición y libertad creativa para hacer la película que una quiere

Violena Ampudia es actriz, cineasta, feminista y emprendedora «verde». Nos conocimos hace muchos años y, aunque nos hemos dejado de ver, nos debíamos esta conversación. Empezamos hablando de lo que nos estábamos leyendo. Violena lee por segunda vez El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, y yo ando inmerso en Lectura fácil de Cristina Morales, un texto que nos hace mierda a todos. En especial, a los heterosexuales, a los machistas, a los que andan con la mente cuadrada.

Después de un rato caigo en ciertos clichés y le pregunto a Violena por sus sueños: cuál sueño no se le ha cumplido; cuál sí. Por supuesto que la paz mundial, la libertad de decisión de las mujeres, el hambre, la situación medioambiental, son temas que la obsesionan. En cuanto a Cuba, Violena Ampudia desea una ley de protección animal, una ley de cine, una ley que ampare a las mujeres contra la violencia machista, total libertad de expresión… Así podemos estar por horas.

Como actriz, dice, le hubiera encantado ser dirigida por Bergman. Me habla con pasión de la obra de Maite Alberdi, Lola Arias, Maya Deren, y muchas otras mujeres increíbles. Morimos por ver más cine dirigido por mujeres. Es algo que nos apasiona.

Aquí va lo que hablamos…

CL: Todo el mundo está hablando de Las Frescas. ¿Qué es? ¿Qué propone?

VA: Cuando me hablaste para la entrevista creí que era solo por Las Frescas. He dado más entrevistas para hablar de este proyecto que de cualquier otra cosa en la vida.

Pues Las Frescas es un proyecto, principalmente, de cocina vegetariana que surgió en mayo del año pasado, al inicio de la pandemia. En marzo estaba culminando mis estudios en la EICTV [Escuela Internacional de Cine y Televisión, en San Antonio de los Baños, Cuba] en la especialidad de Documental, a punto de comenzar a rodar Escuela de salvavidas, un documental que sería mi tesis de especialidad, pero el virus llegó a Cuba, y por ende a la escuela. Entramos en aislamiento de inmediato y a las pocas semanas cada estudiante fue regresando a su país, y lxs cubanxs a nuestras casas.

Llevaba años muy consciente de la alimentación saludable y cocinaba cada día, así que, al mes de estar en La Habana, inventando un montón con recetas, ideé junto a Leysa Medina, este proyecto: comida vegetariana hecha por nosotras para entregar a domicilio.

Me resulta curioso. Es del tipo de ideas que parecería que no van a funcionar en la isla. Teníamos una pequeña certeza de que funcionaría (no así con el transcurso de los meses), porque en Cuba apenas había este tipo de proyectos, pero nunca creímos que íbamos a tener tanta aceptación, tanta demanda. Así que nuestro emprendimiento creció y se nos sumaron poco a poco más mujeres que, como nosotras, venían del mundo del arte. Además de llevar este pequeño negocio, nos enfocamos en compartir nuestras experiencias, ideas y tips, por las redes bajo la consigna de Inventar con todo lo «verde» que hay. Vivir en Cuba y en medio de una pandemia, potenció la creatividad de todas nosotras, y según he observado, la de muchas personas en la isla. Aunque ya no estoy en Cuba, mis amigas continúan con el proyecto. Así que, feliz de que la cosa siga.

Las Frescas / Foto: Cortesía de la entrevistada

Dices que ya no estás en La Habana. ¿Por dónde andas?

Vine a Europa para una Maestría en Dirección de Documental por dos años. Llegué hace menos de un mes, así que queda un largo camino.

¿Cuál es el plan?

Por lo pronto voy a filmar mucho. Estos dos años estaré desarrollando a la par mi largo, Escuela de salvavidas, que está inspirado en la película que no llegué a filmar para mi tesis.

¿En qué sientes que eres mejor? ¿Escribiendo? ¿Actuando? ¿En el documental o en la ficción? (Más allá de que esos términos estén ya en desuso).

Actuando ya no, pero en general disfruto mucho todas las otras cosas que hago: plantar, cocinar, estar con amigxs, tejer, cantar, bailar, reír muy alto… filmar.

Es raro Casi siempre que hago una película (en momentos reiterados del proceso) siento lo mismo que cuando me enamoro: una cosa rara en el estómago y ganas de vomitar…

Bueno, finalmente, la película es el vómito.

Y, respecto a las divisiones… digamos que hago documental, con elementos de ficción y viceversa.

Estudiar actuación influyó.

Estudiaste actuación en la Escuela Nacional de Arte (ENA). ¿Qué recuerdos guardas?  ¿Qué extrañas de actuar?

Los mejores recuerdos que guardo de estudiar y de ser actriz están relacionados con el teatro y los ensayos. Encontrar cada día algo nuevo en el personaje: proponer, componer, desvivirte por él, sufrirlo y disfrutarlo. Hace ya como cuatro años que no actúo.

De mi generación de la ENA extraño el grupo, las locuras y el compromiso típico de estudiantes de teatro recién salidos de la adolescencia.

Para mí actuar significa, ante todo, vivir. Vivir el personaje, con su conflicto, y cada situación que atraviesa, como si fuera la primera vez. Escuchar y reaccionar. Pero sobre todo escuchar. Cuando hice consciencia de los dispositivos de los cuales se vale la dirección, y de cuánto me atraía eso, empecé a dejar de «vivir» desde ese otro lado.

¿Cuál crees que es el mayor reto al que se enfrentan los graduados de actuación?

Que se escriben muy pocas historias interesantes para encarnar, al menos en el cine. Pocas oportunidades y muchos actores y actrices esperando.

El teatro sigue siendo, para mí, el oasis.

¿Por qué pasas de la FAMCA [Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte] a Documental en la EICTV? ¿No te interesaba tanto la ficción?

Lo que me llevó, en un inicio, a estudiar Dirección en FAMCA fue sobre todo una necesidad muy grande de recrear situaciones cotidianas que llevaba tiempo recolectando, así como dirigir actores/actrices. Dominaba, por mi experiencia como actriz, algunas técnicas para hacer llegar a donde se requería a quienes eligiera como casting. Los pocos cortos de ficción que hice tenían eso, pero también mucho de documental, al menos formalmente.

Cuando empecé a conocer otros tipos películas, otras formas de hacer cine, sobre todo aquellas que desdibujaban la línea que «divide» el documental de la ficción, descubrí que inconscientemente era ahí adonde quería llegar, o al menos donde quería empezar mi búsqueda.

Cuando postulé para la EICTV, dudé hasta el último día en qué especialidad presentarme. ¿Documental o Ficción? No entendía por qué la división, ahora que empezaba a estar a gusto con el híbrido. Pero nada… tuve que elegir. Y aunque sé que en cualquiera de las dos habría aprendido un montón, elegí Documental. Conocía, por otras generaciones, de la libertad creativa que la cátedra daba a sus estudiantes. De ahí salían (salen) películas que no necesariamente podrían categorizarse como documentales, algunas participan en festivales como «ficción», pero ya sabemos que eso a estas alturas no es algo a tener en cuenta. Lo valioso es tener libertad creativa, y las herramientas para lidiar con ella. Hacer la película que una quiere hacer, más allá de las etiquetas, que no son herramientas, sino cárceles para nuestras películas, para el cine que hacemos. Disfruté mucho los caminos fractales por los que transité en el proceso creativo de cada película que hice en San Antonio.

¿Qué te aportó la EICTV?

Amistades muy fuertes que están a prueba de todo, y colegas de trabajo para toda la vida. El tiempo en la escuela te hace llegar a lugares de una misma, y de interrelación con les demás, a los cuales sería casi imposible llegar por voluntad propia en condiciones normales. Todo está dispuesto para eso. También, salir con unas cuántas películas y, por ende, con experiencia y seguridad en el campo. Fuera de la escuela habría sido complicado en tan corto tiempo. Es invaluable hacer las películas que una quiere hacer, y tener todo el apoyo de un equipo creativo de trabajo, así como asesores increíbles. Extraño mucho la Escuela también.

Violena Ampudia / Foto: Cortesía de la entrevistada

¿Cómo te preparas para hacer una película? ¿Cómo es tu proceso creativo en general?

El ideal, y más natural, es encontrar situaciones que me atrapen (como sucedió con Roma), y ahí empezar el proceso. Pero en los últimos años me he enfrentado al proceso de creación desde la Escuela, que impone salir en un tiempo y en lugar específico a buscar la película. De ambos procesos he aprendido un montón. El primero ha reforzado mi intuición y mi libertad creativa; el segundo, la organización y el delegar en las otras áreas.

¿Cómo llegaste a la idea de Roma? ¿Cómo fue la relación con los protagonistas del documental?

Roma fue mi primer documental. Le tengo un cariño muy especial. Siempre que alguien me pide que muestre una película mía, nunca muestro las últimas, sino Roma. A veces pienso que en ese entonces tenía las cosas más claras…

Entre 2016 y 2017 estuvo este famoso bar Roma, ubicado en La Habana Vieja. Todes íbamos ahí. Pero también se caracterizaba por ser un espacio muy turístico. El bar se encontraba en casa de uno de los dueños, en el último piso de un antiguo edificio con el mismo nombre. Tenía un elevador muy llamativo. Pero lo más curioso es que el bar, para entonces, no tenía baño. Así que una pareja de vecinos, que vivía justo al lado, rentaba el baño de su casa. Desde la primera vez que fui, supe que quería hacer un documental sobre esto. La relación que se establecía entre los turistas y esta pareja era muy llamativa. Pasaban largo rato hablando sin entenderse entre ellos. A veces hablando sobre política. A veces las personas iban al bar y pasaban más tiempo en la pequeña sala de esta pareja, que permanecía todo el tiempo en sus balances frente al televisor.

Por otro lado, mientras pasaba días con esta pareja, coincidió que uno de los documentalistas que estaba por hacer su tesis de EICTV debía ausentarse, y en su lugar me llamaron. Así que a principios de 2017 estaba haciendo Roma, mi primer documental, que resultó ser una tesis de EICTV. Aún me pregunto cómo fue que pasó todo esto.

Pero la cosa no termina ahí. Días antes de filmar, el bar tuvo problemas y cerró. En medio del desespero (no tenía la experiencia para saber qué hacer en estos casos), con un estricto cronograma de tesis y unos personajes que ya quería mucho como para abandonarlos justo en el momento en que habían quedado sin empleo, decidí no cambiar de idea y continuar con el proyecto. Y ahí fue cuando la aventura comenzó realmente. Un viaje al centro de esta relación.

Tu película La espera es impresionante. No tiene nada que ver con Roma y, al mismo tiempo, se siente parte de un mismo discurso que las abraza…  ¿Cuáles son esos temas o ideas que te obsesionan?

Ya es evidente que todo el universo embarazo.

Me interesan también las instituciones de formación. Algo que quiero explorar más en esta nueva etapa.

Pero digamos que el tópico macro que me hace realizar documentales son las diferentes aristas en las relaciones interpersonales.

Háblame de La espera. ¿Hiciste un trabajo de selección de personajes muy largo?

La espera es parte del ejercicio Campismo Documental, que realizan lxs documentalistas en segundo año de la EICTV. Tiene como obstrucciones encontrar una historia en dos semanas en el pueblo de San Antonio, filmarla en cuatro días, y solo tres horas de material, según recuerdo.

Centré mi historia en el hogar materno de San Antonio. Lugar donde viven temporalmente mujeres que presentan riesgos durante el embarazo. Allí encontré, para mi sorpresa, una casa llena de adolescentes. Pasé semanas visitando el lugar y compartiendo con ellas. Era imposible escoger personajes, ya que su estadía era transitoria, impredecible. Algunas pasaban siete meses de su embarazo; otras, una semana. Así que el trabajo se enfocó más en detectar prototipos de interés, para poder trabajar con Naty, Anna y Gaby, las guionistas y la productora que colaboraron conmigo desde un inicio. Así que es una película coral que retrata esta espera tan determinante en la vida de un grupo de adolescentes.

¿Cómo utilizas la paleta de colores? ¿Qué le pides al fotógrafo?

En este caso la paleta de color se imponía. El verde y/o el azul hospital que tienen todas las instituciones de esa índole en Cuba. Nunca impongo una paleta de colores. Trabajo con la fotógrafa para detectarla y ver cómo utilizarla en funciones narrativas o sensoriales. Pienso que lo más importante en un fotógrafo o fotógrafa es la sensibilidad. Tener una mirada sensible y auténtica. Para mí eso es más valioso que cualquier conocimiento o dominio de la técnica. Admiro les que no se centran solo en su campo, sino que son capaces de ver la película en conjunto y aportar desde ahí.

¿Cuál crees que sea el problema del cine cubano?  Se ha escrito mucho y se habla de un olor a viejo, a obsoleto…

¿De cuál cine cubano me hablas? ¿Del que todo el mundo conoce por «cine cubano», o del otro?

¿Qué crees de la desaparecida Muestra de Jóvenes Realizadores? ¿Te sirvió?  

La extraño demasiado. Quizá la razón por la que no sabes de mis últimos cortos es porque la Muestra no está. Siempre había un espacio para lo que una estaba haciendo. Extraño ver mis cortos en la pantalla del [cine] Chaplin. La muestra te daba la oportunidad única de exhibir, en la pantalla del mejor cine de la capital, cortos que nunca iban a seleccionar en el Festival de La Habana (por una razón u otra). Extraño el Haciendo Cine, el Bisiesto, las fiestas en el Fresa y el Café Cantante… Tengo recuerdos hermosos de todas las ediciones en las que participé. El comité organizador siempre fue muy generoso con lxs nuevxs realisadorxs. Realmente me entristece mucho todo lo que ha pasado.

¿Qué te gustaría que cambiara en Cuba?

Estamos en el mismo barco. A mí me gustaría que muchas cosas cambiaran, pero no se trata de mí, se trata de algo mayor. Lo principal que pido para Cuba todo el tiempo es un despertar de la consciencia colectiva. Y siento que eso está pasando poco a poco. Nos guste más o menos lo que vemos, estamos despertando. Y es algo que no es de hoy para mañana. Llevará tiempo y es, justamente, el proceso lo que nos calará, y quedará para la historia. Debo decir que me genera mucha incertidumbre, y quizá miedo, hacia dónde nos puede llevar… Pero si estamos despiertxs y conscientes, estaremos preparadxs para lidiar con lo que venga. Quiero confiar en eso.

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